Posteado por: diariodelgallo | diciembre 4, 2009

ROMANTICISMO Y NOVELA

 

Por: Francisco Albizúrez Palma

En el desarrollo de la novela como género literario, el Romanticismo ocupa un lugar relevante, sobre todo por el impulso que otorgó a este tipo de obra a través de tres clases de novela: histórica, sentimental y social. A partir de El Quijote y de la picaresca, la novela va recorriendo un camino que culmina en el siglo XIX, al quedar definidos los rasgos de la llamada “novela burguesa” o “tradicional”.

Inglaterra reviste especial importancia en esta evolución; en lengua inglesa se escriben, en el siglo XVIII, obras maestras del género, tales como Robinson Crusoe. En Francia aparecen narradores como Voltarie, cuyo Cándido otorgó prestigio a la novela. Rousseau, con La Nouvelle Eloise, escribió lo que hoy llamaríamos un “best seller”, vale decir un relato de muy amplia difusión. Como se ve, el proceso de crecimiento de la novela corre parejo con el de la burguesía, y ambos alcanzan simultáneo apogeo.

La novela –al menos en su forma “tradicional” constituye, en efecto, un “producto” cuyo mercado es el público burgués-. De manera, entonces, que cuando a finales del siglo XVIII y comienzos del XIX surge el Romanticismo, la novela cuenta ya con una tradición suficiente para que los románticos encuentren en ella uno de sus favoritos medios de expresión. A los ojos de los románticos, la novela venía a ser un medio para romper con los tradicionales géneros poéticos: lírico, épico, dramático. Heterogénea como es, la novela se prestaba para que el escritor romántico cumpliera a través de ella, al menos parcialmente, su postulado de mezclar los distintos géneros. En efecto, en la novela caben a perfección tanto la expresión lírica como la épica y, por supuesto, en ella pueden albergarse elementos básicos de la literatura dramática, sobre todo el diálogo. “El romanticismo determinará la verdadera expansión de la novela –afirma Carrilla- a través de una abundancia extraordinaria que, naturalmente, también llega hasta América”. Desde luego, la ausencia entre nosotros de una crecida burguesía hará carecer a la novela de un vasto público. Y es que en Hispanoamérica la novela no es fruto de un proceso secular, como en Europa, sino –como tantas otras cosas- resultado de un trasplante cultural. En Hispanoamérica, la novela se hace romántica como resultado de un proceso cultural complejo, por el cual toda nuestra literatura adopta la nueva tendencia.

Después, irán apareciendo, siempre a imitación de Europa, el Realismo y el Naturalismo, hasta llegar, en el último tercio del siglo XIX, al nacimiento de un movimiento literario surgido, crecido y sustentado en Hispanoamérica, sin negar por supuesto, las influencias europeas: EL MODERNISMO. La presencia y adopción de lo romántico van unidas, por supuesto, a fenómenos sociales. Dice Carrila que “El romanticismo, en Hispanoamérica, coincide con el comienzo de la vida independiente de la mayor parte de los países”. “La tendencia romántica coincide con los primeros impulsos de la independencia política” afirma J. F. Arias Campoamor. En otras palabras, los movimientos de independencia política encontraban en los postulados románticos apoyo para sus ideales; la literatura romántica concordaba con el espíritu libertario de los nuevos países surgidos de la separación de España.

Recordemos, al menos sumariamente, las características básicas del Romanticismo. Exaltación del yo. Subjetivismo exaltado. Idealización de personajes y ambientes. Sentimiento de fracaso, como consecuencia del choque entre lo ideal y lo real. Rebeldía ante las normas. Gusto por lo misterioso y lúgubre. Afición a presentar hechos mortuorios. Retorno a la naturaleza. Afición a las situaciones extremas, que crean un tono melodramático. Revalorización de lo popular y nacional. Las raíces del Romanticismo se hunden en el siglo XVIII Y EN TODO EL PROCESO CULTURAL Y ECONÓMICO DEL MISMO. Pese a la rebelión contra lo “clásico” (encarnado en el mencionado siglo), los románticos proceden del siglo de la Ilustración. Como afirma Díaz Plaja: “El Romanticismo es un fenómeno surgido del movimiento general de las ideas del setecientos; es la versión estética de la rebelión individualista que preconiza el racionalismo, de la libertad que propugna la Enciclopedia, de la defensa de la pasión que va desde Spinoza a Rousseau. Críticamente es, como ha notado Paúl Souday, el paso del dogmatismo al relativismo.

Adviértase, pues, que en Hispanoamérica este proceso no pudo darse, porque no existió el desarrollo civilizativo que condujo a ese siglo XVIII precisado por Díaz Plaja, proceso que en verdad se inició con el Humanismo, en el siglo XIV, se consolidó con Descartes, en el siglo XVII, y encontró soporte económico en la Revolución Industrial. Entre nosotros, las ideas resultantes de ese proceso llegan casi juntas con el Romanticismo. Nuestro proceso cultural es otro. Por ello Anderson Imbert afirma que “en América, los fenómenos culturales se arreglan en series peculiares”. No tenían nuestros románticos – continúa el ilustre profesor de Harvard- una gran literatura doméstica; mentalmente, al batallar por un nuevo estilo se ponían mentalmente en Europa; los escasos y generalmente pobres escritores de la Colonia no eran enemigos a los cuales combatir.

 “El romanticismo criollo fue – añade el citado profesor- más una actividad civilizadora que una escuela de bellas letras”. Así entendemos mejor porque Milla es el “padre de la novela guatemalteca”, cuyo actuar literario se basó en los modelos románticos, sin que pretendiera combatir contra una tradición que por cierto no existía. (A Irisarri (1786-1868) cabe considerarlo precursor en la evolución de la novela nacional, con su obra El Cristiano Errante (1846-1847). Manuel Montúfar nos dejó una novela incompleta; El Aljérez Real (1858), pobre en valor literario). Provisto de maestría lingüística, apto para manejar la técnica narrativa alentado por el calor romántico, lector infatigable, Milla reunía las condiciones para cumplir su tarea de iniciador. Sus circunstancias vitales y el ámbito sociopolítico de la época conservadora constituían el clima propicio para realizar esta labor.

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Responses

  1. Tenemos que reinventarnos si queremos trasender… Tenemos que saver mas que vender ideas o imponerlas, parir nuevasy propagarlas!!!

    ***Midiendo cada paso***

    Voy midiendo cada paso,
    teniendo cuidado de
    cada cosa que te digo…

    Qué triste es vivir así,
    sabiendo que tienes
    contadas todas mis faltas,
    para echármelas en cara
    en cuanto surja una oportunidad.

    Llegar a casa es una tristeza,
    pues es un campo minado,
    donde con razón o sin razón
    alguna disputa hará explosión.

    No importa lo que diga,
    no importa como lo diga,
    pues tarde o temprano
    lo usaras en mi contra…

    Si desconfías hasta de tu sombra,
    creo que es una utopía,
    esperar que un día confíes en mi.

    Me lleno de paciencia,
    le ruego al cielo…
    Porque no hay explicación
    que llegue a tu corazón.

    Mas se que llegara el día en
    quites las minas de tu pasado
    y que comprendas que
    sigo a tu lado,
    porque lo que siento es amor…


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