Posteado por: diariodelgallo | noviembre 15, 2007

DIAS DE LLUVIA SIN SOSIEGO

irina

Por: Irina Darlée

Bajo el alto cielo incoloro y las bajas nubes grises y el pesar de no ser lo que yo hubiera querido ser (ser dichosa, ser célebre), voy tejiendo la desilusión, cuando han pasado tantas cosas en tantos años, empañados en el recuerdo.

Persiste rondándome en esta tarde agravada y silenciosa la pregunta ¿por qué de tanta vida que tuve estoy como ausente, y a la vez soy aquella mujer que fui?

Superponen las sensaciones y pensamientos opacos, mientras bajo el alto cielo y nubes bajas se arrecia la lluvia que no cesa, y el tiempo se herrumbra. Chorros de agua, rumores fluviales, la tierra aflojándose en los declives de las montañas. La niebla, como una telaraña, empaña el horizonte.

En este día mojado estoy irremediablemente sola. Sé que estoy viva, pero no lo siento ante un súbito desdibujamiento de las cosas vividas se ha desvanecido el presente. Nada tiene sitio en mi corazón vacío, acosado por los huracanes de siempre. El mundo no es más que una serie de torbellinos apasionados, vivencias que nos vinieron encima como el viento en un millar de fragmentos cristalizados en la memoria, del olvido y del recuerdo.

Un estrecho entrelazamiento de vivencias, que se miran lejos y a la vez están tan cerca como esta lluvia agónicamente deslizándose entre el retumbo de truenos y el obsesivo relampagueo. Nada ni nadie de la inmensa humanidad en este desierto de la niebla. Silencio y el humo de la vida con su oscuro presente.

Busco aquello que no logro escribir aunque he cogido el lápiz y una página de papel blanco para fijar momentos que se aferran a este pequeño espacio del tiempo, que es el “hoy”, en el fugaz espacio de un día cualquiera. Busco aquello que no logro expresar en el idioma literario bajo la bóveda de esta lluvia y de tanto desconsuelo.

La lluvia no me permite salir a la calle, huir un poco de mí misma, esta lluvia tan impredecible, bajo el cielo plomoso con un ritmo de pensamientos sin sosiego, que las tierras en declive irán a aflojarse y ya han arrastrado ranchos y despojadas casitas de adobe con sus muebles flotando en las aguas de los ríos, muebles y vidas de animales y de personas del campo montañoso.

Flotan la tristeza y el miedo. No para de llover. Mi casa también está a pocos metros de un profundo precipicio de la Cañada. ¿Qué será si sigue lloviendo como la semana pasada, si sigue sin parar esta lluvia, convirtiéndose en ríos contaminados bajo puentes quebradizos?

Lo que vivimos cada día no es nunca lo mismo, pero no nos acostumbramos al dolor, que es el precio de lo humano. Somos como miles de hojas al viento, hojas secas como yo, a la que faltan palabras para anotar silencios y ausencias y todo lo que se llevó el tiempo al trazar con letras un paisaje humano, mientras llueve y se ennegrece el cielo sobre tanta ceniza de los muertos.

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