Posteado por: diariodelgallo | enero 8, 2008

RITUALES SOBRE LA PIEL (Comentario de Margarita Carrera)

Por: Margarita Carrera

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 Nuevamente Editorial Cultura, bajo la sabia y culta dirección de Francisco Morales Santos, nos entrega otro libro, pulcramente editado: Rituales sobre la piel, que no es un poemario más de Delia Quiñónez sino una obra maestra capaz de deslumbrar al crítico más exigente.Empezar a leerlo es iniciar un vuelo hacia la más alta cumbre del canto, en donde cada nota-palabra ocupa un lugar sagrado, inamovible.Parece, me digo, que la mujer del siglo XXI empieza a ocupar un elevadísimo lugar en el campo de la literatura en general, de la poesía en especial. No en vano ha dicho Sábato que en el arte lo que domina es la sensibilidad, la pasión, el poder de la intuición, propios de la mujer.

Pero sucede que hasta hace muy poco tiempo nos había sido negado participar a plenitud –como el varón– en los oficios del quehacer literario. Y aún hoy en día la crítica nos relega u olvida.

Poco se reconocen los grandes logros alcanzados por escritoras. Unas cuantas Premios Nobel, poquísimas, Premios Cervantes, Príncipe de Asturias, Reina Sofía. Y si vamos a Guatemala, sólo cuatro Premios Nacional de Literatura Miguel Ángel Asturias.Porque se ha de tener en cuenta que no es lo mucho que se escriba, sino la calidad y la profundidad en el manejo de la palabra: significante y significado.Desde los años 60, siendo muy joven, Delia integró el Grupo de Poetas Nuevo Signo; mujer única, en medio de seis extraordinarios poetas: Julio Fausto Aguilera, Francisco Morales Santos, Roberto Obregón, Antonio Brañas, Luis Alfredo Arango, José Luis Villatoro. La voz de Delia enriquecía con su musicalidad femenina el coro de los varones que la acogían dentro de su seno.Tiene razón Morales Santos al decir que Delia “Construye sus poemas con pequeños y sencillos fragmentos de la vida, pero los traslada a la poesía con la sabiduría que le ha brindado toda una vida dedicada al ejercicio poético, sin aspavientos ni declaraciones de ocasión”.Los primeros poemas con que inicia Rituales sobre la piel, son –a mi entender– epigramas, porque poseen la ironía y sutileza que caracteriza a éstos: Tomemos una estrofa de Misiva de Eurídice: “No llores (Orfeo) ni lamentes/ la ausente humedad/ donde solías recrear tu estrella viril/ y abrigarla entre rumores de hierba”.Se trata de una poeta que, además de fina sensibilidad y magistral manejo de la palabra, posee una cultura clásica greco-latina como muy pocos. Aunque, en absoluto, hace alarde de erudición.Sus poemas fluyen con la naturalidad con la que pudo escribir Safo los suyos. ¿Y qué decir de la Misiva de Dafne?: “Pero yo, querido,/ no quiero estandartes de gloria/ ni escudos que relaten la odisea/ de haberte negado/ el cálido refugio de mi pecho:/ quiero tan sólo/ -¡vanidad de vanidades!- / dormirme en mis laureles”.Leer estas estrofas me trae a la memoria los epigramas de Ernesto Cardenal. Poco conozco de epigramas escritos por mujeres. ¿Las hay? Delia sería un magnífico ejemplo. Le agradezco, además, el bellísimo poema que me dedica: Elogio de la flor. 

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