Posteado por: diariodelgallo | enero 18, 2008

CLASICOS DE BOLSILLO por Méndez Vides

Clásicos de bolsillo

Augusto Monterroso dijo en algún momento de su vida que los que leen en los países pobres como Guatemala no pueden quejarse, porque disfrutan de la mejor literatura posible: los clásicos.

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  Por: Méndez Vides

 

Augusto Monterroso dijo en algún momento de su vida que los que leen en los países pobres como Guatemala no pueden quejarse, porque disfrutan de la mejor literatura posible: los clásicos. Las novedades estarán muy fresquitas pero pocas se salvarán en el juicio del tiempo, mientras que las obras clásicas han salido indemnes de cualquier escrutinio. A ello hay que agregar el factor económico, porque lo nuevo es caro e inaccesible, mientras que los autores clásicos están muy a la mano y son un bien universal, se encuentran gratis en las bibliotecas o se adquieren por poco en ediciones populares masivas, tal es el caso de la colección Clásicos de bolsillo Longseller, publicados en Argentina, que están circulando en nuestro país y que son pequeñas joyas para quienes les gusta probar lo mejor de la literatura y el pensamiento universal por sorbos. Para jóvenes o adultos interesados en probar un poco de cada miel, tienen a su alcance obras de Emerson, Whitman, Rilke, Wilde, Lorca, Darwin, Nietzsche, Poe, Shaw, Merton, Marx, Tolstoi, Kafka, Schopenhauer, Blake, Chejov y muchísimos más en bellas ediciones a precio que varía entre los Q20 y Q30, y se encuentran hasta en la tabaquería del Centro Comercial La Pradera, al paso de quienes llegan a refaccionar o ingresan al cine. Esta colección está inspirada en la aún más económica de Alianza Editorial, y también existe en las librerías la colección nacional Ayer y Hoy de Artemis, que promueve a bajo costo (alrededor de Q10) a nuestros autores.

Los clásicos son obras seguras, llenas de descubrimientos y emociones. Un obsequio ideal para los recién graduados, para que tengan que leer en las vacaciones antes de enfrentar la universidad o el desempleo, o para la Navidad. A ellos les caería mucho mejor un tamal de 10 o 20 obras clásicas seguras y maravillosas, que un ejemplar bobalicón confeccionado con frases hechas de Coello, o una novela de moda de dudosa reputación. Si la vida es tan corta y el tiempo apenas da para leer unas pocas obras, deberíamos seleccionar con mucho cuidado cada manjar para no desperdiciar ni una página. En esto de disfrutar la buena lectura no hay excusa posible en Guatemala, porque las grandes obras se encuentran gratis en la red (para quienes no tengan problema de leer en la pantalla), o se adquieren fácil en bellas ediciones. Lo único es que hay que superar la dimensión del tiempo, o no darle tanta importancia y aceptarse contemporáneos de los griegos, renacentistas, románticos y vanguardistas… Porque en asuntos de buena lectura no es tan relevante el calendario.

Y para deprimirnos durante la sobremesa del fiambre, calculemos en familia cuántos años nos queda a cada uno, dato que habrá que multiplicar por el número de obras que leemos en promedio anual para medir la opresión en el pecho, porque por más que avancemos nos será imposible abarcar todo lo que quisiéramos leer. Estamos limitados a los miles en un mundo habitado por millones de libros.  

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