Posteado por: diariodelgallo | enero 24, 2008

ARTURO ARIAS (Entrevista)

Escribe feliz, escribe contento
“A mí me gusta corroer con el humor… cuando uno se ríe de algo, lo desmitifica, le quita poder”.

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Por: Gustavo Adolfo Montenegro
Fotografía: Carlos Sebastián

Imagínese una fiesta escandalosa, con todo y borracho que arma lío en medio de las carcajadas, entre los pies de los que bailan. Los platos están vacíos y sucios, las copas quebradas o a medio tomar. Suena aquella canción de “Sopa de Caracol”, que, por cierto, es el título de la novela de Arturo Arias. Y todavía no se termina la reunión, aunque muchos invitados se han ido. Los que se quedan platican de otros tiempos (seguramente mejores). La fiesta es como todas, un pretexto para ocultar la tristeza que cada uno lleva dentro.

Arias es guatemalteco, académico, novelista, izquierdista, zurdo, sonriente. Vino por unos días al país para presentar su libro, y para platicar sobre él.

— ¿En este libro hay un personaje que parece usted, pero no es usted; con una revolución que no es más revolución… ¿Ya no hay posibilidades de otra revolución?

En el presente período no. Posibilidades hay de evolución, como en el Brasil, con la elección de Lula (Da Silva). Son mecanismos graduales, lo que implica el respeto a la legalidad democrática. Son lentos, contradictorios, no satisfacen las necesidades inmediatamente. Pero una revolución como lo fue la cubana o la sandinista es imposible.

 

 

— Se necesita una época con ciertas características

Sí, fue un período que concluyó.

— Sopa de Caracol cuenta de revolucionarios que se acomodan, que aparentan para aprovecharse, por ejemplo, de las mujeres.

Y de la plata, algo muy tentador.

— ¿Qué es lo que más lamenta de esa desfiguración de los ideales revolucionarios?

Precisamente ese elemento de corrupción. En teoría, para mí, por lo menos, pues cada quien vive su cosa a su manera. Para mí, una revolución implicaba una transformación ética, no sólo política. El ideal del hombre nuevo del Che Guevara implicaba una manera diferente de ser. El mismo Che decía podemos meter las patas, pero no las manos. Pero se metían las manos, y ese fue el clavo. No había mecanismos de control, sobre todo a niveles de mando, se generó un abuso que empezaba de a pocos y terminaba de a muchos. La corrupción era grande, claro, no del nivel del actual gobierno (de Guatemala), donde la cantidad de plata a robar es mayor. Eso se va volviendo una sed de poder, y un comportamiento autoritario.

— Ya que lo menciona, el actual presidente de Guatemala creció bajo la sombra de la izquierda y sus principios.

Todavía está por verse si él tuvo principios. Yo tengo por lo menos cuatro variantes de gente de izquierda: Uno, los que entraron con gran pureza e idealismo, y que a pesar de todo mantienen sus principios.

Dos: la gente que entró con pureza e idealismo y que gradualmente se fue maleando. y terminó corrupta.

Tres: la gente que entró como infiltrada y que tal vez se sepa que lo es o tal vez no, pero fue infiltrada, oreja. Finalmente, la gente que entró a río revuelto, ganancia de pescadores, desde el principio, a ver qué sacaba…

— De esos hubo un montón

Mi hipótesis es que el actual presidente era de la cuarta, si no es que de la tercera opción.

— ¿Conoce a alguien del primer tipo?

Por el único que yo pongo mi mano al fuego es por Mario Payeras (escritor y guerrillero fallecido en 1995). Por nadie más lo haría a nivel de dirigencia. Entre cuadros medios hay muchísima gente que todavía anda por allí haciendo buenas cosas.

— ¿Por qué el título Sopa de Caracol?

Tres razones: A pesar del tema, es una novela alegre, cómica, que quiere ser celebración, y la canción Sopa de Caracol es bailable, un salsón sabroso. Por otro lado, se maneja el tema del erotismo, y la sopa de caracol es, según los garífunas, algo que le da potencia al hombre. Y la tercera es el juego del fraude. La canción fue creada por garífunas de Belice, pero se la apropió un grupo hondureño que hizo el copyright e hizo plata con ella, mientras los verdaderos autores se quedaron sin nada. Es una buena representación del juego de usurpación y superchería del personaje de la novela.

— Sin embargo, no es un relato exclusivo de este país.

La aspiración de todo escritor es que, aparte de lo que diga el texto literario, se pueda leer a otros niveles. Nosotros leemos a Dostoyevski, de la Rusia del siglo XIX, pero sabemos algo de la condición humana actual. Yo aspiro a que mi novela vaya más allá de lo literal y que le hable a mucha gente, aunque no sea de Guatemala.

— Algo que llama mucho la atención son las mujeres. Valeria es verdaderamente atractiva, bella.

Me alegra saberlo.

— ¿Qué papel tuvo la mujer en la izquierda?

En Guatemala y fuera de Guatemala, la mujer ha estado oprimida, muy machacada. Las que se incorporaron al proceso (revolucionario) fueron destacándose. Fue una autoafirmación de su derecho a la equidad.

— En esta novela abunda el humor…

Siempre me ha gustado el humor porque es algo liberador: Cuando uno se ríe de algo, lo desmitifica, le quita poder; cuando uno se ríe de un dictador, él pierde su fuerza. La Huelga de Dolores en Guatemala jugó históricamente ese papel: burlarse del autocratismo, de las estructuras opresoras. Para mí, es importante corroer por la vía de la risa.

— Un filósofo dijo que lo único que le impedía al hombre ser un dios es su bajo vientre ¿Son las debilidades humanas algo que imposibilita que una revolución dure?

No. Eso sucede cuando se niega el cuerpo. Somos seres humanos, tenemos deseos. El placer libidinal es legítimo. Evitarlo es parte del planteamiento iluminista que heredamos de la revolución francesa, y que pasa por el pensamiento marxista y la modernidad, como si aspiráramos a ser únicamente seres racionales y no seres completos. Uno de los elementos positivos de la revolución mundial que viene a partir de los años 1960 fue redescubrir el placer del cuerpo. Claro, si te pasás es jodido.

— Me gusta cuando el personaje quiere tocarle la pierna a la mujer, pero no sabe aún si ella aceptará eso.

Es la complicación de las mujeres. La mujer siempre dice no. Al hombre le toca interpretar si “no” quiere decir “no”, o si “no” quiere decir “sí”.

— Por momentos cae mal el personaje central pero, la verdad, hay mucha gente así…

Quería un personaje que fuera representativo de todos estos sucesos, pero al mismo tiempo, por muy cabrón que fuera, que también fuera seductor, para explicar precisamente cómo hay gente que te va emboletando, pero al final dices: este tipo es tremendo embaucador, como, de hecho, pasó con el Pollo Ronco (Alfonso Portillo).

¿Dónde estaba?

A los 10 años:
“En la terraza de mi casa viendo los aviones que iban a bombardear Izabal, por el movimiento (guerrillero) del 13 Nov. de 1960”.

A los 20 años:
“Estudiando literatura en Boston”.

A los 30 años:
“En México, empapándome de todas estas locuras que desembocan en Sopa de Caracol”.

A los 40:
“Río de Janeiro, de profesor invitado”.A los 50:
“Recién casado con Gill, mi mujer, feliz de la vida”.

 

Me gusta estar en onda

Arturo Arias nació en Guatemala en 1950. Trabaja en la Universidad de Redlands, California. En enero de este año fue jurado en el certamen Casa de las Américas, de Cuba.

— ¿Cuál es su mayor defecto?

Me cuesta tomar muchas cosas en serio.

— ¿Cuál es el defecto que más deplora en otros?

Tomarse a sí mismos demasiado en serio.

— ¿Cuál es su estado mental más común?

Me gusta estar en onda.

— ¿Cómo le gustaría morir?

Sin darme cuenta y sin dolor.

— Nombre un personaje de ficción:

Don Quijote.

— ¿Cuál es su mayor mayor afición?

Bailar sabroso.

— Una persona viva que le inspire desprecio:

Ríos Montt.

— Una persona viva a quien admire:

Lula.

— ¿Cuál es su idea de la felicidad perfecta?

Vivir una relación muy sabrosa con tu compañera de vida, en una situación social que te permita un mínimo de tranquilidad.

— ¿Cuál es su mayor temor?

Que no sea posible.

— ¿Algo de lo que se haya arrepentido?

De muchas cosas. Arrepentido, pero no traumado (Se ríe).

— Mencione una virtud que considere sobrevalorada socialmente:

Tratar de aparentar un comportamiento público sobrio, de señor, cuando en la vida privada no se es así.

— ¿Qué le disgusta más de su apariencia?

Esa está difícil(se carcajea otra vez)…

— ¿Qué talento le gustaría tener?

Tocar música.

— Un lugar donde haya sido feliz:

En muchos, pero si hay que nombrar uno: Río de Janeiro.

— ¿Cuál es su posesión más atesorada?

Mis libros.

Se le va a mencionar una serie de palabras, frases o nombres: diga lo primero que le pase por la mente…

Romeo Lucas: Horror.
Niños: Una alegría.
Acuerdos de paz: Una mentira.
Mujer: Deliciosa.
Caminos de Paxil: Mi novela más breve.
Miguel Angel Asturias: El gran maestro.
Mayas: Un pueblo que hay que redimir.
Chupina: Torturador.
Democracia: Una mentira a la que hay que aspirar toda la vida.
Cuba: Un país que nos prometió mucho y nos dejó poco.
Jaguar: El título de otra de mis novelas.
Biosfera Maya: Algo que hay que preservar y estamos perdiendo de manera brutal.
URNG: Otra de las mentiras en la cual creímos durante mucho tiempo.
Rigoberta: Una mujer tremendamente admirable.
FRG: La pesadilla de la cual tratamos de despertar.
Portugués: Un idioma sabrosísimo y romántico.
Ríos Montt: El diablo.
Un nombre de ave: Quetzal.
Un nombre de mujer: Gill.

 

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