Posteado por: diariodelgallo | febrero 19, 2008

EL CRIN DE LOS CABALLOS de Victor Toledo

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Por: Méndez Vides/Viaje al centro de los libros  

Los cuadros de costumbres son clave en la reconstrucción del pasado de los pueblos, y Víctor Toledo logra tal efecto en la serie de cuentos y relatos reunidos bajo el título de La crin de los caballos, donde nos muestra cómo éramos los chapines hace tan poco tiempo, medio siglo atrás, tan provincianos e ingenuos, pacíficos, preocupados por cosas pequeñas y cotidianas, aunque el “mundo” ya anduviera sumido en grandes dolores de cabeza y navegara por otra galaxia. Sin poses intelectuales, con sencillez y frescura, el autor narra pasajes de la vida de gente común, de barberos que compiten al ajedrez en grandes o vergonzosas hazañas, marimbistas que chupan en las fiestas más que los invitados; guías de turistas jugando cincos en el parque, esperando la llegada de algún gringo ingenuo; taxistas pateando una pelota de trapo, abogados muy serios organizando actividades sociales y finqueros siempre enamoradizos, todos compartiendo la vida de pueblo ladino, donde algunos son felices, otros nostálgicos y quienes terminan derrotados.

 El autor fue escribiendo estas historias a lo largo de mucho tiempo, en medio de sus actividades ajenas a las letras. De adolescente tocaba la batería en un grupo de música rock, luego se marchó del país y se graduó de Ingeniero Geofísico e hizo estudios de maestría en Hidrología, anduvo por Europa y regresó a Guatemala hace algunos años, con su manuscrito de cuentos. Con Requistat in pace ganó en 2001 el premio que promovía elPeriódico y un banco ya desaparecido, con El loro de Veracruz obtuvo el primer lugar de los Juegos Florales de La Antigua en 2003, y a partir de Miércoles de ceniza el director de cine Otto Gaitán filmó el cortometraje de mismo título. En cada una de las historias se exhibe un país congelado en el tiempo, con sus costumbres variopintas, donde los mendigos hacen chistes por la calle, así como hay quienes vierten el testimonio de su encuentro con la Siguanaba u otra leyenda colonial, y se escucha la algarabía de los niños tirando con hules cáscaras de naranja a las piernas de las colegialas uniformadas, mientras la vida gira alrededor del calendario romano y los ritos religiosos, la importancia de la Cuaresma, todo lo cual no impedía que se hicieran públicas las infidelidades secretas de figuras conocidas, mientras el sueño de muchas mujeres era ser reinas de belleza y casarse. A los velorios y entierros acudían los oradores a lucirse, y en las cantinas se peleaban por cualquier cosa hasta resultar presos, apareciendo días después en sus casas con la goma física y moral, pero tranquilos porque nunca se olvidarían de mandar a avisar a los suyos para evitarles la preocupación innecesaria. Las siete historias que conforman este libro se leen de un tirón, divertidas y nostálgicas. 

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