Posteado por: diariodelgallo | febrero 20, 2008

EL HILO DEL DISCURSO de Lucrecia Méndez de Penedo

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El hilo del discurso” será presentado hoy, en el Instituto Italiano de Cultura (16 calle 2–55, zona 10), a las 18:00 horas. Participan: Luz Méndez de la Vega y Francisco Pérez de Antón. Entrada libre. Una pequeña muestra del trabajo de más de tres décadas es lo que describe a El hilo del discurso, el libro que Lucrecia Méndez de Penedo presentará hoy, como un volumen de la revista Cultura de Guatemala, editada por la Universidad Rafael Landívar. En sus páginas se reúnen ensayos, críticas de arte, presentaciones de libros, columnas y textos de un carácter más personal, que, como lo dice su autora, solo pretenden mostrar una manera de ver el mundo.

Después de tantos años de carrera, ¿cómo surge la idea de antologar su trabajo?
– La idea la había tenido siempre, además del estímulo de muchos amigos y colegas, inclusive ofrecimientos de publicación, pero nunca lo había concretado por falta de tiempo o de concentración. Siempre llega el momento en el que alguien lo tira a uno al agua, y en este caso fue una colega: Eugenia del Carmen. Yo digo que ella se convirtió casi en mi acreedora, porque me puso límites y me daba plazos. Si no hubiera sido así, probablemente lo hubiera dejado para después.

¿Cómo hizo la selección?, porque imagino que usted debe tener cientos de textos.
– Ni por temas, ni por fechas. Yo traté de seleccionar textos que, a mi parecer, fueran leíbles, que pudieran dar un perfil de lo que ha sido mi trayectoria. Hubo algunos trabajos que no encontré y que me hubiera gustado publicar, pero en el libro se puede encontrar desde el ladrillo académico hasta las notas mucho más personales, que es a lo que yo he llegado con los años. Están algunas de mis columnas Cara parens que he escrito en Prensa Libre, presentaciones de libros y textos sobre ciertos autores que para mí siempre han sido una pasión: Cardoza y Aragón, Gómez Carrillo, Asturias, Landívar, entre otros, y también sobre escritura de mujeres.

Uno de los géneros que usted más ha trabajado es el ensayo, ¿no cree que se ha perdido un poco en las nuevas generaciones?
– Lo que pasa es que el perfil del joven, incluido el universitario, cambió. Es una cuestión global, de medios masivos, es una cultura de la imagen y de lo desechable. La parte buena de eso, es que el joven tiene acceso a cosas que jamás nos hubiéramos imaginado. Como vivimos en otro mundo, uno se explica que haya otras estructuras para culturizarse, entre otras porque el lapso de atención es más corto y la información es fragmentaria y no siempre bien escogida. Yo soy de la generación antes del blog, de la computadora. Yo no necesito la imagen como soporte, aunque no la rechazo, soy de lectura, de clase magistral. Entonces, el ensayo implica tiempo, silencio, reposo, reflexión y lectura, para elaborar un discurso propio.

Buena parte de su trabajo está dedicada a autores clásicos de la literatura guatemalteca: Cardoza y Aragón, Asturias, Gómez Carrillo. ¿Qué opinión le merecen las nuevas generaciones?
– También de ellos me he ocupado, sobre todo de las mujeres. A mi parecer, responden a otro momento, a otra circunstancia. A mí me encanta una frase que me dijo Javier Payeras, una vez hablando de los poetas de la posguerra: “Es que la guerra todavía no ha empezado”. En resumen, me parecen muy interesantes, me he ocupado de ellos pero no lo he escrito, aunque en dos ocasiones he expuesto sobre ellos. Me gusta mucho la obra de, le voy a mencionar solo algunos aunque hay muchos más: Javier Payeras, Regina José Galindo, Maurice Echeverría, Alan Mills. Son jóvenes más en contacto con la imagen, con el rock, con el mundo global, de otro orden, aunque ya había un germen de esto en los años sesenta y setenta.

Otra de sus facetas, que creo ya no trabaja mucho, es la de crítica de arte.
– Yo creo que quien tiene pasión por las letras o por cualquier rama del arte, la tiene por todas las demás. Por mucho tiempo escribí casi semanalmente sobre teatro o reseñas de exposiciones, después lo dejé por falta de tiempo. Lo último en grande que hice fue un ensayo muy largo para un libro con la UNESCO sobre el Arte Naïf Guatemalteco. Para mí hay un lenguaje común: las herramientas que tengo en crítica literaria también las puedo usar en otras cosas: como la plástica o el cine.

¿En qué ha cambiado como escritora después de tantos años?
– Yo espero haber cambiado mucho, porque hay cosas que me parecen terribles, errores de juventud. Quizás, como cualquiera que va creciendo, creo que tengo más claros mis puntos de vista. Yo le diría que la pasión es la misma, pero quizás mi forma de escribir ahora es más sintética y un poco más mía. Al principio uno tiene sus modelos, que además se copian muy mal, pero es normal, uno va buscando su propio discurso, que es el que es, pero es propio. Lo que me han dejado los años es no sentir que yo lo sé todo, o que yo tengo la única clave para interpretar, hay muchísimas.

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