Posteado por: diariodelgallo | febrero 20, 2008

LA BIBLIOTECA DE BABEL de Javier Payeras

javier-payeras.jpg

 

  

Javier Payeras
jpayeras@sigloxxi.com

 
 
Señores: la literatura actual no muerde. ¡Increíble!, existe vida después de Asturias.Imagine la enorme cantidad de libros que se publican cada día alrededor del mundo. En una competencia estadística, esta época puede declararse la más saturada de texto en la historia. Tan sólo en una librería guatemalteca se encuentran más libros que cuantos pudieron ver Dante, Cervantes o Shakespeare en toda su vida. Contradictoriamente no vivimos ni en un Renacimiento ni un Siglo de Oro ni un Período Isabelino, cimas del pensamiento occidental fundamentados no sólo en la calidad de obras publicadas, también en el número y la sensibilidad de sus lectores.

 

Los períodos de esplendor de las artes vinieron siempre ligados a un interés político por la lectura. Los poderosos de entonces fueron excelentes lectores de poesía y de filosofía, lo que permitía que siempre tuviesen de su lado a los humanistas más destacados de su tiempo.

Hoy en día no vivimos una época humanista. El mundo parece deslumbrarse más por la tecnología, que por la aguda reflexión acerca de la vida. La literatura se ve como un campo ajeno a la política y a los modelos de la economía desarrollista. El liderazgo no viene complementado con una cultura artística. Es obvio que las “masas” siguen a sus élites, y si quienes gobiernan son alérgicos al conocimiento, ¿qué se puede esperar de los gobernados?
Ojala para la próxima Feria Centroamericana del Libro (Filgua) que tendrá como sede nuestro país, podamos ver a nuestros funcionarios participando en más de alguna conferencia o, cuando menos, hojeando alguna obra reciente de autores contemporáneos guatemaltecos. Señores: la literatura actual no muerde, ¡increíble!, existe vida después de Miguel Ángel Asturias.

 

Anuncios

Responses

  1. Esta página está fantástica. Da la oportunidad a Guatemaltecos a publicar sus creaciones literarias por esta razón les envío este relato de:
    “La llorona”

    Hoy por la noche en la esquina de la Catedral en el el centro de la ciudad me sorprendió la llorona. No la tradicional elaborada en el albor de la conquista de América ni la imagen de las etnias tolteca-maya cubiertas de un manto blanco con su excepcional belleza llorando a moco tendido y gritos desesperados para asustar a la gente. Esta vez, llevaba un luto riguroso, parca , tímida y con una belleza cubierta por la tristeza. No me sorprendió en absoluto. La había visto en varias ocasiones y porque voy a negarlo, también entablabamos largas conversaciones. No me crean loco, ni esquizofrénico ni mucho menos fanfarrón. Lo que relato es cierto y aunque no aparezca en los folios de los Juzgados de turno como testimonio personal, si está en los anales de la historia de los libros ocultos. Bueno, en esas largas conversaciones el tema principal fue la del bien y el mal, el presente, pasado y futuro, el lenguaje claro sin dobleces y recovecos de los animales, la codicia inexplicable del humano, los sueños premonitorios, del erotismo desenfrenado y de otros conceptos abstractos que no recuerdo. Sin embargo nunca pude sostener una conversación larga sobre la literatura. A eso la llorona no respondía, las evadía intencionalmente. Llegué a pensar que en sus orígenes fue poeta, novelista o algo parecido pero ese sentimiento nunca salió a flote.
    Pero hoy en la noche fue distinto, me dijo que nos sentaramos y que respondería a todas mis preguntas sobre el arte literario. Quedé mudo, pero me senté a su lado para escuchar atentamente. “La literatura es una pendejada me dijo. Las palabras son como el viento o los ríos, cambian de dirección de acuerdo a la época en que se vive. Las metáforas, las rimas y todas esa desgastadora tarea mental que las crea sólo sirven para engañar al lector. Mira la luna, y me dices que ves, se dirigió a mí con parsimonia. Pues veo una bola naranja brillante le respondí al instante. Eso es exactamente lo que es: una circunferencia de material sólido que refleja la luz solar y que da vueltas alrededor de la tierra. Pero la literatura la transformó en algo diferente. La hizo humana. Le dió joyas, el habla, estado de ánimo, sonrisa, etc. Todos ustedes la revistieron de conceptos y objetos que no tiene y ocultaron su verdadera escencia. Siguiendo con su perorata agregaba la literatura se usa, ahora, para escalar posiciones en los gremios literarios petrificados, subir podios de engaño, enaltecer mediocridades, camouflagear consignas subliminales y rellenar los bolsillos de la avaricia. Pero que importa repliqué poniéndome de pie alertado por ese despligue de realismo científico. ¡Y contigo no ha sucedido lo mismo y no te ha importado ni un pepino! dije, algo indignado. Acaso existes, le tiré de un sopapo. Calló y continué tú eres una leyenda, por cierto muy vieja, de quien se han gastado toneladas de papel y se han escrito un sin fin de volúmenes en relatos. A los que te ven los creen locos o que sufren de alguna alucinación grave. Es cierto que escriben mucho de ti y tanto niños y adultos te temen porque dicen que los puedes asustar y mandarlos a la tumba. La llorona callaba y algunas lágrimas resbalaron sobre sus mejillas ahora rosadas. Y continué con mi reprimenda: ¡No te das cuenta que tu misma eres objeto de literatura!, y de una literatura basta y hermosa , ¡hasta poemas te han dedicado! A veces eres el centro de las conversaciones en bares, hogares y hasta cuando personas caminan en peregrinaje. No me vengas a decir que la literatura es una pendejada. Ni aún para los analfabetas es un ocio, acuerdate que los cuentos se narraban y circulaban de boca en boca antes que existiera la escritura. Me sentí fatigado y me senté a su lado con un sentimiento de arrepentimiento por lo que le había dicho mientras algunos rayos de sol aparecían con timidez en el horizonte. Sabía que la llorona tenía que marcharse, y sentí un deseo irrefrenable de besarla. Le hice a un lado su largo y sedoso cabello, me acerque a sus labios y le deposité un largo y profundo beso en su boca tibia y dulce con la miel. Cuando hube terminado, ya estaba solo, lloré inconsolable un rato. Y pensé a lo mejor tiene razón y la literatura es una pendejada.


Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

Categorías

A %d blogueros les gusta esto: