Posteado por: diariodelgallo | marzo 7, 2008

FILGUA 2008 de Margarita Carrera

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Me pregunto si pudiéramos concebir un mundo sin libros. Es verdad que hay Internet, pero no basta. Hace falta la presencia física del libro, su edición, poder pasar las páginas y detenernos en algunas de ellas.

Además, la lectura del libro requiere de mayor atención sensibilidad y talento; es verdad que no a todos nos gustan los mismos libros, que cada ciencia requiere libros especializados; es verdad que al humano le gusta evadir esfuerzo para penetrar el contenido de un libro intenso y denso; también que aquellos libros que por obligación hemos de leer, ni bien los cerramos, se borran de nuestra mente cual si jamás hubiesen existido.

No es menos cierta la frase: “dime qué lees y te diré quién eres”. De todas formas, los libros invaden espacios tangibles e intangibles. De todas formas, las ferias del libro conllevan infinitud de gozos y torturas de parte de vendedores y compradores. De todas formas, multitudes visitan los lugares privilegiados en donde se dan las ferias. Los libros nos señalan no sólo el pasado y el presente sino el futuro, los tres inmersos en un tiempo omnipotente.

Nadie le puede arrebatar a Borges el haber concebido el universo como una biblioteca. Y si nos ponemos a pensar en el número de libros que se han escrito desde que el humano aprendió a transmitir sus creencias, historias, pensamientos, emociones y conocimientos en piedras, pergaminos, papeles, nos consume el vértigo que provoca la palabra “infinito”. Porque los libros son infinitos. De ahí la angustia de tener sólo una vida durante la cual únicamente se puede leer determinado número de libros. Inútil creerse sabio por haber leído muchos libros, cuando en verdad siempre son pocos los libros que pueden caer en nuestras manos durante el breve transcurso de la existencia.

Las ferias del libro se traducen como inmensurables bibliotecas cuyas calles y avenidas son las palabras escritas. “La certidumbre de que todo está escrito nos anula o nos afantasma”, afirma Borges, para luego agregar: “Quizá me engañen la vejez y el temor, pero sospecho que la especie humana —la única— está por extinguirse y que la Biblioteca perdurará: iluminada, solitaria, infinita, perfectamente inmóvil, armada de volúmenes preciosos, inútil, incorruptible, secreta.”

Yo no poseo libros, los libros me poseen. Soy un simple objeto de ellos. Me llaman en los sueños y ya despierta acudo a sus páginas. Las leo, las subrayo, las mastico, las devoro. Y nunca es suficiente. Cada sueño es un anuncio de los libros que puedo escribir o me falta leer. Un llamado a un libro que se ha perdido en los anaqueles. Mi biblioteca, mi pequeña y gran biblioteca es, asimismo, infinita. Y como tal me consume. Es una “biblioteca febril”, como cualquier otra.

Y, para gozo de lectores y autores, se nos avecina la más grande Feria Internacional del Libro de la región centroamericana (FILGUA 2008). Así que a prepararse para entrar en ese orbe infinito. Del 25 de julio al 3 de agosto, en el Parque de la Industria. Con todo un programa de actividades para embriagar a los lectores adictos que no pueden vivir sin un libro en la mano. Todo ello pese a que en este país “no exista una política de Estado que considere al libro como un elemento fundamental para el desarrollo social, cultural, económico y político en general”. Ya es hora de vincular al Estado y a la iniciativa privada para hacer realidad el sueño plasmado en el eslogan de FILGUA: “VAMOS POR UN PAÍS DE LECTORES”.

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