Posteado por: diariodelgallo | abril 22, 2008

APRENDÍ A LEER Y LOS LIBROS ME ATRAPARON DE INMEDIATO

MENDEZ VIDES/VIAJE AL CENTRO DE LOS LIBROS

Aprendí a leer y los libros me atraparon de inmediato.

Era apenas un enano cuando para mi cumpleaños hice muy mala cara, portándome malcriado, cuando entre los paquetes que recibí no encontré el libro de cuentos que deseaba. Traté con desprecio el camión pintado de rojo, la pelota y la cartuchera con los dos revólveres réplica de los que utilizaba el Llanero Solitario en sus incursiones en la tele, porque yo lo que quería era un libro de pasta dura que había visto en la vitrina de la Librería La Mariposa, frente al parque central en La Antigua.

Mi madre resolvió la decepción entregándome el efectivo para que yo mismo realizara la compra, y la experiencia me resultó inolvidable. De aquel primer libro apenas recuerdo a lo lejos la historia de un pájaro que cantaba dentro de una jaula de oro, más la alegría de cuando hice el recorrido a mi casa llevando el preciado tesoro debajo del brazo.

Desde entonces no he parado de leer, y los libros son como el alimento o la gasolina que me mantienen ilusionado. Me encanta entrar a las librerías y descubrir entre las montañas de obras imposibles de abarcar, uno que otro libro que desata mi apetito. Lo adquiero golosamente y lo disfruto, o abandono si no me cautiva. Muchas veces he abandonado libros a media lectura porque no encontré el registro, y tiempo después he dado con la clave para gozarlo. La lectura es mi vicio solitario, aunque en realidad termine obligando a los míos a conocer el contenido de las obras, porque en las comidas, en los trayectos de auto o similares, aprovecho para compartir mis descubrimientos.

En mis tiempos de bohemia, en México, aprendí a decidir entre el almuerzo picante, que en el vecino país nunca es despreciable, o la compra novedosa de un suculento libro de memorias de Pablo Neruda, y recuerdo que la lectura me hizo mejor digestión de lo que esperaba. No solo de pan nos nutrimos. Escribir es una delicia, pero leer es un placer incomparable.

Me gusta tocar los libros, olerlos, pasar las páginas, anotar encima de ellos, mancillarlos; ponerles mi nombre en la primera página, en un acto de formulación de propiedad privada ingenuo, leerlos y buscarles luego, cuando ya están muertos, un sitio en mi biblioteca para la relectura futura o como monumentos funerarios. A mis libros preferidos vuelvo siempre, saboreo páginas al azar o me decepcionan, pero igual los guardo con respeto.

Cada quien debe hacer su propia biblioteca, pienso, porque lo que uno lleva leído forma el mapa de sus intereses y accidentes. No existimos dos seres idénticos, en todo caso se trazan afinidades, pero lo que uno va salvando de sus lecturas se va quedando con nosotros, amenazando con aplastarnos un día, durante alguno de esos temidos terremotos que sacuden nuestra patria cada medio siglo. Esta semana se celebra el día del libro, habrá actividades en las librerías y conferencias, y yo me uno al entusiasmo a lo Descartes, que bien pudo haber dicho: “Leo, luego existo”. 

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Responses

  1. hola!! disculpen pero ¿no tienen fuentes de donde sacan estos comentarios de Adolfo Mendez Vides?


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