Posteado por: diariodelgallo | abril 28, 2008

DANTE LIANO (Entrevista)

 

 

En 1980 fue a un congreso literario en Italia y se quedó a vivir allá. Desde entonces, ha hecho carrera en ese país, en donde se dedica principalmente a la enseñanza universitaria y a la creación literaria. Cuando en 1991 recibió el Premio Nacional de Literatura de Guatemala, fue cuestionado en su momento porque los opositores decían que era muy joven para recibirlo. Ha sido finalista dos veces del Premio Herralde de Novela, en 1987 y 2002, y Guatemala es un tema recurrente en sus obras. Entre su producción literaria está la edición crítica de El hombre que parecía un caballo, de Rafael Arévalo Martínez, para la Colección Archivos de Unesco, y, en narrativa, El lugar de su quietud (1990), El hombre de Monserrat (1994 y 2006) y El misterio de San Andrés (1996). Es coautor (con Rigoberta Menchú) del libro de cuentos Li M’in, una niña de Chimel (2002). Sus obras han sido traducidas al italiano, inglés, francés y alemán.

 

Dante Liano                                 

¿Qué atrae a los jóvenes italianos de la literatura latinoamericana?

En primer lugar, habría que ver el problema de la literatura, porque ésta, en general, ha perdido el papel privilegiado que tenía como expresión cultural. Ahora hay nuevas expresiones de la cultura preferidas por los jóvenes. Lo que más los entretiene es Internet, que se ha vuelto como una especie de prótesis de los jóvenes en países muy desarrollados. Hay un fenómeno interesante que es el regreso a la escritura, pero ya no la escritura de élite de una persona que escribe para otros. En Europa los jóvenes están constantemente mandándose mensajitos. El resultado es que están regresando a la escritura y a la lectura, pero no bajo la forma de literatura sino de comunicación. Hay mucha fantasía.

 

¿Cómo es esa relación catedrático, alumno e Internet en Italia?

Ahora, en lugar de consultar una enciclopedia, un libro, la gente consulta Internet. El problema es que las informaciones en la red no están avaladas por nadie. Hay gran cantidad de basura, pero el prestigio que tiene el sistema es tan grande que los jóvenes le creen. Eso provoca que cuando presentan un trabajo hay cosas que no tienen ni pies ni cabeza. Yo creo que lo que la red no puede sustituir es la capacidad de análisis. Lo que uno tiene que hacer como profesor es enseñar a analizar más que enseñar a buscar datos. El análisis, la verificación de fuentes sí lo puede enseñar uno y puede enseñar a utilizar inteligentemente el medio.

 

Usted impartió un seminario sobre las relaciones entre literatura y sociedad en la economía de mercado, ¿qué dinámicas regulan esas relaciones?

Fue un seminario que hice en la Universidad Católica de Milán. Parte de unas investigaciones de algunos críticos literarios de la universidad de Zaragoza sobre las relaciones entre literatura, sociedad y mercado en España. Lo que ha ocurrido en los países industrializados como Italia y España es que las editoriales se han convertido en grandes industrias. La mayoría de las editoriales se han vuelto transnacionales; pequeñas editoriales apenas si existen. Eso ha cambiado todos los parámetros de lo que constituye escribir un libro, publicarlo, que sea leído y valorado, porque ya no hay lectores, hay público. En la lógica de mercado, la calidad de una obra se mide por el número de ejemplares que se venden. Esa es una lógica naturalmente perversa. El problema de los países pequeños, que no están incorporados totalmente al mercado, es que no hay un público lector. El público argentino, mexicano, español tiene una exigencia que no es la misma del lector guatemalteco. Esas exigencias van a determinar temas y estilos que gustan. El editor puede decirle a un escritor, si no es Saramago o García Márquez, a uno que está comenzando o a uno mediano, que somos la mayoría: “podría escribir de esta manera o de esta otra”. A los latinoamericanos se nos sitúa como escritores que venden más en el sector del realismo mágico. Naturalmente todos los jóvenes latinoamericanos se rebelan contra esa imposición y están tratando de escribir de una manera completamente diferente.

 

En esas circunstancias, ¿el libro es un artículo de consumo o una necesidad?

Depende mucho de la persona que está adquiriendo un libro y de la sociedad en la cual está ocurriendo eso. Si estamos hablando de sociedades muy desarrolladas como en Estados Unidos, Canadá o Suecia, en muchísimos casos el libro puede ser un artículo de consumo, se impone una moda, se hace todo un aparato de propaganda impresionante. La promoción de un libro no es una cosa casual, hay mecanismos bien estudiados. A veces la gente compra los libros y no los lee, se crea la necesidad artificial de comprarlos.

 

¿El testimonio también ha sido foco del mercado editorial?

No. El género testimonial ha sido, sobre todo, de tipo político, con finalidades claramente didácticas y políticas. Como su nombre mismo lo dice, es dar a conocer determinadas situaciones, revelar a través de la voz de los protagonistas de esa situación. El testimonio acompaña movimientos sociales y políticos, hasta que no se da la obra maestra que mató a las demás. Comienza más o menos formalmente cuando en Cuba se lanza el testimonio cimarrón de Esteban Montejo, eso da el clarinazo de salida para que se comience a escribir en América Latina, en una época en la cual hay toda una serie de movimientos sociales en busca de una liberación social, política y económica. Pero llega el momento en que sale una obra maestra, y ésta es Me llamo Rigoberta Menchú.

 

¿Maestra en qué sentido?

Reúne todas las características del género. Los académicos, sobre todo los norteamericanos, la han estudiado bastante bien. Esa obra está escrita en estado de gracia. Tiene un añadido que no tiene ninguno de los otros testimonios que se han escrito. A mí me gusta mucho Miguel Mármol, de Roque Dalton, es muy gracioso, está escrito con gran ironía. Sin embargo, la fuerza humana que posee el testimonio de Rigoberta Menchú no lo posee otra obra. El destino de esa obra es también el testimonio de cómo funcionó. Su difusión no fue porque hicieran grandes campañas publicitarias, sino porque los lectores se la recomendaban unos a otros.

 

¿Por qué se fue de Guatemala?

Me fui en agosto de 1980 porque había en Italia un congreso de la Asociación Internacional de Hispanistas. Había varias oportunidades de trabajar en Italia. Como yo había estudiado allí un par de años, acepté la oferta de trabajo que me hicieron, pensando en quedarme un par de años, y ese par de años se transformaron en más y más. Cumplí 26 años de vivir allá.

 

Datos y respuestas

> Dante Liano nació en Chimaltenango, en 1948. Es narrador, crítico literario y profesor universitario.

> Se graduó de la Universidad de San Carlos de Guatemala en 1973. Obtuvo un doctorado en la Universidad de Florencia, en 1977.

> Responde así a estas preguntas:

> ¿Un lugar de Chimaltenango que le guste?

Los Aposentos.

> ¿Cuántos amigos tiene?

Yo diría que de 20 a 30.

> ¿Qué sueño no ha podido cumplir?

Regresar a Guatemala.

> ¿A qué libro vuelve siempre?

Al Quijote y a Hombres de Maíz.

> ¿Se ha deprimido alguna vez?

(Ríe) Cantidades de veces.

> ¿Ha llorado?

No. Estoy acostumbrado, por desgracia y por cultura, a que los hombres no lloran. Es una de las mayores desgracias que le pueden ocurrir a un hombre.

> ¿A quién no puede ver ni en pintura?

(Lo piensa unos minutos) Uno de los trabajos más fuertes que he hecho sobre mí mismo es evitar el odio. No tengo personajes que deteste.

> ¿Qué frase odia?

“Time is money”.

¿Qué se siente vivir en un lugar que es el centro del origen de grandes cosas en la cultura?

El centro del origen de la cultura es el lugar donde nací. Para cualquier persona, el centro de su vida es el lugar donde nació, ese es el secreto por el cual uno ama siempre al país donde nació. Yo no siento esa sensación, siento que mi centro está en otra parte.

¿Se siente ajeno a Italia en ese sentido?

Estoy incorporado a la cultura italiana. Después de 26 años sería un inadaptado, un marginado, si no estuviera incorporado. Pero el profundo centro de mi alma, de lo que soy culturalmente, de mis reacciones culturales, está en el país donde nací.

¿Si pudiera traerse algo de Italia a Chimaltenango, qué se traería?

La gente.

¿Por qué?

Porque los italianos son personas que tienen una cultura muy elástica, flexible. Hasta hace poco se han vuelto un poco reacios respecto del extranjero, pero eso es mundial. También hay ese contagio, pero en su manera de ser cotidiana, el italiano es acogedor, hospitalario, amable. La gran enseñanza de vivir en Italia es no asustarse de nada, saber que todo se arregla, que tiene una cierta relatividad, que no hay que sacar la pistola por cualquier cosa ni darse de bofetadas. Una de las cosas que más me llamó la atención cuando llegué eran las discusiones deportivas, porque se estaban gritando, estaban colorados de la cólera, la cara enfrente de la otra, decía yo: ¡se van a matar! Terminaba la discusión, se daban la mano y se iban.

 

¿Sigue colaborando en la Colección Archivos de la Unesco?

Sí, pero Archivos está pasando un momento de crisis, porque son ediciones que requieren mucho dinero y colaboración de parte de los gobiernos. Con las crisis económicas de todo el mundo ha bajado mucho el aporte a la cultura. En teoría, yo tendría que coordinar el volumen dedicado a la Trilogía Bananera de Asturias, no sé si se va a hacer, pero sí me gustaría hacerlo, porque es una parte de la obra de Asturias que ha sido muy criticada. Es una especie de haraquiri cada vez que nosotros le tiramos piedras a Asturias.

 

Usted también ha enfrentado la crítica. Cuando le dieron el Premio Nacional de Literatura, algunos dijeron que era muy joven…

Afortunadamente, era muy joven.

¿Cómo enfrentó esas críticas?

Las críticas me han acompañado toda la vida. Estoy bastante fogueado en eso. Comencé mi carrera literaria aquí en Guatemala, con un escándalo porque publiqué un cuentecito de media cuartilla en la cual hacía la parodia de María, de Jorge Isaacs. Recuerdo que fue alrededor de un mes de críticas de tipo moral, en las cuales me dijeron degenerado, enfermo mental, drogadicto, peludo —porque en esa época, peludo era un insulto—. Me dijeron de todo, unas calumnias y unas difamaciones espantosas. El germen del Premio Nacional de Literatura está allí, cuando la sociedad más conservadora reacciona y me señala a mí, que soy una persona de lo más tranquila, de lo más bien portada. Cuando me comienzan a señalar, diciendo que soy un desviado, un marginado, un maricón, degenerado, entonces quiere decir que lo que escribo está funcionando. La vez cuando me sentí más deprimido fue cuando vino una señora bien y me dijo: leí un cuento suyo y qué lindo. Pensé estoy fallando en algo.

 

¿Se ha enterado de la participación de jóvenes guatemaltecos en la Bienal de Venecia?

Sí, claro. Me di cuenta del éxito que tuvo Regina José Galindo con unas instalaciones y el happening que hizo. La fui a ver, a conocer, a saludar, porque me alegra mucho que los jóvenes guatemaltecos tengan reconocimiento y reconocimiento temprano. Eso me parece una cosa extraordinaria. Yo creo que ahora hay más oportunidades para los jóvenes para salir porque es cierto que el mundo se ha globalizado. Claro que tampoco vamos a idealizar el asunto, se ha globalizado para los que se pueden globalizar.

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Responses

  1. GRacias por publicar informacon sobre autores guatemaltecos


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