Posteado por: diariodelgallo | abril 30, 2008

ANIVERSARIO DE LA ACADEMIA DE LENGUA por María del Rosario Molina

El pasado 23 de abril la Academia Guatemalteca de la Lengua Española celebró su 120 aniversario con un lucido acto en el Salón Cardoza y Aragón de la Embajada de México en Guatemala.

Fue maestra de ceremonias la escritora Carmen Matute, miembro de la Academia, quien recientemente publicó un excelente libro, Muñeca mala, que en una próxima columna comentaré. Don Rigoberto Juárez Paz, Director, pronunció las palabras de introducción, se refirió a la historia de la Academia y a sus directores, a que el español, sin perder los otros idiomas guatemaltecos, sea la lengua con la que todos logremos comunicarnos en el futuro, y pidió un minuto de silencio por los miembros que ya partieron al “más allá”. Pensé en los Tácitos: mi abuelo y mi padre, en mis tíos y en todos los demás miembros de la Academia que tuve el honor de conocer, y casi los vi en el salón, contemplando esa hermosa ceremonia: Ciento veinte años en los que nuestro idioma adquiere cada vez más pujanza.

El escritor Francisco Pérez de Antón deleitó a los concurrentes con una magnífica pieza oratoria: El discurso de las armas y de las letras en Bernal Díaz del Castillo. A ratos muy profundo y a ratos “light”, como decimos ahora usurpando la palabra inglesa, Francisco nos llevó a comprender al soldado raso, el “cuque” de a pie que no tenía medios para comprarse un caballo, ese hidalgo segundón que decidió venir a hacer “su América” y económicamente no lo logró, mas se volvió inmortal cuando trocó la rodela y la espada por el papel y la pluma para hacerles justicia a todos los conquistadores que combatieron junto con Hernán Cortés en una prosa que él consideraba llana, pero que en realidad es una obra de arte. Luego nos hizo salivar a los presentes al hablar del origen de la palabra “tortilla”, española, pues la nativa era muy difícil de pronunciar. Por si no hubiéramos soñado en ese momento con una tortilla chapina rellena de delicioso guacamol, nos describió las “omelettes” francesas y sus ingredientes, amén de recordarnos la sabrosa tortilla de huevos y patatas española y una vez más admiré el equilibrio con que sabe pasar de lo más profundo a lo aparentemente sin trascendencia.

El doctor Francisco Albizúrez Palma, escritor, gramático y reconocido catedrático, a quien he mencionado en mis artículos como erudita referencia, presentó a continuación su libro Cuentistas guatemaltecos olvidados: primera mitad del siglo XX, obra que la Academia regaló a los asistentes. Hubo un breve comentario del señor Embajador de México y el acto terminó con un concierto del virtuoso del violín, investigador de nuestra música y miembro de la Academia, Dieter Lehnhoff, con la participación de la orquesta Millennium y de la soprano Cristina Altamira, dueña de la voz de un ruiseñor.

Después hubo un cóctel que satisfizo los “reflejos de Pavlov” despertados por Francisco en el público.

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