Posteado por: diariodelgallo | septiembre 7, 2008

El mundo árabe en ojos de Gómez Carrillo

 

Por francisco mauricio martinez/prensalibre

Las impresiones salpicadas de erotismo de sus crónicas de viajes despiertan el interés de los lectores que encuentran enel Príncipe de los Cronistas al caba l l ero letrado que permite disfrutar la cultura de otros pueblos sin estar en ellos. Dueño de una pluma saturada de imaginación y encanto, Enrique Gómez Carrillo devela los mayores secretos de las ciudades europeas y asiáticas.

El escritor guatemalteco (1873-1927) encarnó el modernismo dentro de un espíritu romántico, bohemio y versátil en sus gustos estéticos. Cultivó la prosa modernista a través de géneros como el ensayo periodístico, cuento, poema en prosa, novela y crónica. En estas dos últimas recogen las impresiones de sus viajes, por ejemplo La Rusia actual, (1906), La Grecia eterna (1908), El Japón heroico y galante (1912), La sonrisa de la Esfinge (1913) y Jerusalem y la Tierra Santa (1914).

La obra de Gómez Carrillo está inserta en el “ismo” literario del decadentismo, nombre que recibió en la literatura alemana la corriente cultural de finales del siglo XIX, que se manifestó en modos superrefinados y esteticistas. Es la Belle Epoque, la era victoriana de represión y decadencia.

Quizá lo más destacado de su obra sean las crónicas de sus viajes. Fue autor de aproximadamente 80 libros, de géneros variados, donde destaca, principalmente, sus vitácoras de estudiante y diplomático. Es notable también por su vida bohemia y espíritu aventure ro.

En 1917, conoció a la artista española Raquel Meller, con quien estuvo casado entre 1919 y 1922. Murió en París, el 27 de noviembre de 1927, y sus restos se encuentran sepultados en el Cementerio de Père Lachais, junto a los de su ex esposa Consuelo que, cuando murió, era condesa de Saint-Exupéry, por su tercer matrimonio con el piloto y escritor francés Antoine de Saint-Exupéry.

Multifacético

  • Enrique Gómez Carrillo (Ciudad de Guatemala, 27 de febrero de 1873-París, 29 de noviembre de 1927) fue un crítico literario, escritor, periodista y diplomático.
  • Sus padres fueron el historiador Agustín Gómez Carrillo, rector de la Universidad de San Carlos, y Josefina Tible Machado, quien era de origen belga.
  • En 1890, trabajó en el diario El Correo de la Tarde, que dirigía Rubén Darío, por entonces residente en el país.

 

El viajero eterno

El conocimiento de distintas culturas, debido a sus constantes viajes por el mundo, permite que algunos críticos llamen a Gómez Carrillo como “el viajante itinerante”, y su obra es ubicada dentro del subgénero literario de viajes. En sus escritos se deja entrever una verdadera literatura erudita que demuestra un conocimiento profundo de las sociedades árabes y de otros lugares.

Gracias a esos viajes nos transmite imágenes de distintas partes del mundo, como sucede en el caso de Fez, la andaluza, (editada recientemente por la Editorial Cultural del Ministerio de Cultura y Deportes), en la cual descubre Marruecos. A Gómez Carrillo se le puede considerar un escritor profesional de la cultura árabe, novelista y ensayista, viajero infatigable que vivió largas temporadas en París y Madrid, dónde publicó su primer libro, Esbozos.

El Príncipe de los Cronistas no es un turista ordinario, no parece ni siquiera un extranjero, ni en él mismo se percibe con ese espíritu.

Gómez Carrillo contribuye a la construcción de una imagen de las sociedades del Medio Oriente en función de varios elementos, tanto racionales como afectivos, tanto objetivos como subjetivos. Al describir las esas sociedades, el escritor distingue entre los países del norte de África representados por Marruecos, y los de Oriente Medio por Egipto, Siria y Palestina.

Insiste sobre los rasgos distintivos entre la ciudad de Fez y las de Damasco y del Cairo, como prototipos de la cultura árabe musulmana. El mestizaje constituye un eje importante alrededor del cual se desarrolla toda la obra del guatemalteco. En su mayoría, los personajes en el relato de Fez, la andaluza provienen de horizontes dispares y forman un mosaico racial original. En esta obra Gómez no cesa en su ir y venir entre Damasco, Túnez y El Cairo.

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