Posteado por: diariodelgallo | diciembre 1, 2009

BARRO BLANDO de Álvaro Rogelio Gómez Estrada

 

Esta novela, es una obra que narra, esencialmente, los padecimientos, las angustias de alguien que ha sido víctima de abuso.  Muestra de muchas maneras, las heridas, no físicas, sino emocionales, las heridas del alma, que le imprime tan nefasta experiencia.  El meollo o está en mostrar este agudo cuadro, sino que pretende que el lector medite y vaya al fondo del caso.   Pus, vivimos en una sociedad altamente enferma.  Una sociedad donde cuadros como el presente, son comunes, mucho más de lo que se sabe, pues, la mayor de las veces, las y los abusados prefieren la silenciosa pena de sufrir vergüenza.

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  1. ACERCA DE ÁLVARO ROGELIO GÓMEZ ESTRADA

    “EL PATRÓN” Y “RASTROS PERDIDOS EN LA HISTORIA”, 2009 -ACOTACIONES SEGUNDA PARTE

    Por: Ariel Batres Villagrán

    Resumen

    La primera parte del presente Ensayo, “Acotaciones a cinco libros publicados en Guatemala, 2009”, fue elaborada en razón a que el periodista y escritor guatemalteco Luis Aceituno, publicó la reseña de 16 obras impresas en el país, con el título “Los libros de 2009”. En su artículo, él no comenta un evento especial que pudo haberse llevado a cabo en 2009, y tampoco los libros siguientes:

    1) Un centenario olvidado: el de Rafael Arévalo Martínez como escritor; 2) Pedro Joaquín Chamorro; “El Patrón. Estudio histórico sobre la personalidad del general Justo Rufino Barrios”; y, 3) Álvaro Rogelio Gómez Estrada; “Rastros perdidos en la historia”.

    El Ensayo en mención, continúa ahora como “EL PATRÓN” Y “RASTROS PERDIDOS EN LA HISTORIA”, 2009 -ACOTACIONES SEGUNDA PARTE.

    En el caso del Centenario de Rafael Arévalo Martínez como escritor, ocurrió el 15 de febrero de 2009, habida cuenta que en igual día de 1909 publicó su primer cuento, Mujer y niños. No obstante el valor de Arévalo para las letras nacionales de Guatemala, pasó inadvertido el hecho.

    Al nicaragüense Pedro Joaquín Chamorro Zelaya muchos lo conocen como periodista y político en su país. Su obra “El Patrón” se reseña aquí en virtud de haber sido reeditada en 2009 en Guatemala.

    Se estableció una similitud casi exacta, que en sí no constituye un plagio de un autor con respecto a otro, entre lo que Chamorro describe en el Capítulo XXXI (El Patrón reforma el método de investigar en procesos criminales), transcribiendo fragmentos del “Diario Íntimo” (1965) de Enrique Guzmán Selva, y lo que Miguel Ángel Asturias Rosales escribiera en el Capítulo XVI (“En la Casa Nueva”) de su novela “El Señor Presidente” (1946).

    Por lo que se refiere al escritor guatemalteco ÁLVARO ROGELIO GÓMEZ ESTRADA, es uno de aquellos personajes de quienes eufemísticamente se dice que son “genios de aldea”, para esconder el nulo reconocimiento que se les hace por sus logros. Por tal razón, de los 5 libros de cuentos y 3 novelas publicadas por éste en 2009, se describe la novela “Rastros perdidos en la historia”.

    ************

    3. Álvaro Rogelio Gómez Estrada -“Rastros perdidos en la historia”

    Gómez Estrada, Álvaro Rogelio; “Rastros perdidos en la historia”. (Colección “Joyas de la Literatura Quichelense”, 2009).

    3.1 ¿Quién es Álvaro Rogelio Gómez Estrada?

    En la contraportada de las obras de Álvaro Rogelio Gómez Estrada, se especifica lo siguiente:

    “Poeta y escritor (julio 22, 1,944). Originario de Santa Cruz del Quiché. Su vasta producción literaria (novela, cuento, leyenda y poesía), ha merecido premios en certámenes nacionales y extranjeros.

    Alianza Francesa de Quetzaltenango, le confirió los títulos honoríficos de POETA DE LA LIBERTAD y GRAN MAESTRO DE LA POESÍA.

    Actualmente reside en su tierra natal.”

    Tan sintética descripción no satisface ni es suficiente para saber quién es el Prof. Álvaro Rogelio Gómez Estrada. Por tal razón, el propósito que anima a ofrecer algunos detalles de su vida personal y de su obra literaria, es incursionar un poco en la vida de tan fecundo autor, a quien las mieles de la celebridad nacional, ya no se diga internacional, todavía no llegan, aunque él tampoco está interesado en buscarlas o lograrlas.

    El Prof. Álvaro Rogelio Gómez Estrada nació el 22 de julio de 1,944 en Santa Cruz del Quiché, cabecera departamental de El Quiché, Guatemala. En 1966 se gradúa de Maestro de Educación Primaria. Después ingresa a la Universidad de San Carlos de Guatemala -USAC-, donde inicialmente obtiene el título de Profesor de Enseñanza Media; continúa con la carrera de Pedagogía en Ciencias de la Educación, en la que cierra currículum.

    Después de graduarse en 1966 como Maestro de Educación ingresó inmediatamente a laborar en el Magisterio Nacional, en centros educativos del Ministerio de Educación, jubilándose en 1996. Su preocupación por la educación, en un país donde lamentablemente aún es común que en varias aldeas y caseríos del área rural no existan escuelas, la deja plasmada en “Rastros perdidos en la historia” (novela, 2009), página 57. En efecto, a través del personaje Miguel Tiquiram, originario del caserío Macalajau, ubicado en Uspantán, El Quiché, reflexiona:

    “Recordó que [en] Macalajau no había escuela, a pesar de que habían niños como para llenar varias aulas. Trató de entender por qué nunca abrieron una escuela allá y no lograba avanzar. Y se decía que tal vez porque era muy lejos y ningún maestro quería ir a trabajar allá, pero luego se contestaba que eso no era posible porque en otras aldeas también lejanas, sí había escuela.
    Miguel creció sin letras porque los que tenían apresadas las riendas del progreso —¡Qué palabra tan ajena a la realidad que viven muchos grupos!—, no eran capaces de entender y aceptar que esas gentes eran semejantes, tan humanas como ellos o quizás más.
    La oportunidad le llegó ya entrado en años, pero la tomó. Un profesor le dijo que para aprender no había edad y que nunca era tarde para abandonar las sombras de la ignorancia.
    Hizo suyas esas palabras. Y trató de hacerlas prevalecer en todo lo que se le puso enfrente.
    La primera gran lección que le dio la vida, ya de ese lado de sus sueños, fue que no hay muros tan grandes que la voluntad y la decisión no puedan derribar.”
    (NOTAS ABV: 1) Se agrega [en], que no aparece en el original, para darle sentido a la expresión. 2) Se elimina [a], que en el original aparece entre: porque [a] los, para darle sentido a la expresión.

    Y como “honor a quien honor merece”, reza el refrán popular, en el año 2007 el Ministerio de Educación publicó: “100 Historias de Éxito. Guatemaltecas y guatemaltecos que soñaron y trabajaron para alcanzar su sueño”. Guatemala: Fascículo 3, Parte 1. s.e., 15 de enero de 2007. En páginas 20 y 21 aparece la entrevista que le hicieran.

    Además del Ministerio de Educación, otras entidades han reconocido el mérito literario de las obras de Álvaro Rogelio Gómez Estrada.

    • El 9 de junio de 1982 la Universidad de San Carlos de Guatemala, a través de la Editorial Universitaria, realizó la publicación de “Cuentos cortos” (Colección Creación Literaria, Volumen No. 14; 500 ejemplares). El libro contiene la selección de 7 cuentos de 3 autores, distribuidos en 44 páginas.

    • En la contraportada de las obras publicadas por el propio Prof. Gómez Estrada se indica: “Alianza Francesa de Quetzaltenango, le confirió los títulos honoríficos de POETA DE LA LIBERTAD y GRAN MAESTRO DE LA POESÍA”. Esto fue por haber ganado en tres años distintos (1989, 1991 y 1992), el premio único en el certamen de poesía “Víctor Villagrán Amaya”, promovido por la Alianza Francesa de Quetzaltenango.

    • En el año 2002 Gómez Estrada participó en el “Concurso Cero tolerancia a cualquier forma de discriminación” patrocinado por la Fundación Myrna Mack. Por su poema “Juan sin más…”; obtuvo mención honorífica. Fue publicado por la Fundación, como sigue:
    Fundación Myrna Mack; “Antología de Cuentos. Antología de Poemas 1993-2003. 10 años de lucha contra la impunidad”. Guatemala: 1a. edición. Fundación Myrna Mack, 2003. Páginas 38 a 41.

    3.2 Producción literaria

    La producción literaria del Prof. Álvaro Rogelio Gómez Estrada inició hace 39 años, en 1970 cuando publica su primer cuento a la edad de 26 años: “El recuerdo” (Revista Gumarcaaj. Santa Cruz del Quiché, Guat. Agosto 1970).

    Algunas de sus obras (cuentos y poemarios) han sido publicadas por otras empresas o editores; y, 57 más reproducidas por su propia microempresa, Colección “Joyas de la Literatura Quichelense” entre 1996 y 2010. En el actual mes de enero de 2010 está lista la edición de 4 obras más. Según la clasificación por género literario, las obras de dicho autor pueden agruparse como sigue:

    Cuentos, 33; Fábula, 1; Leyendas y cuentos, 1; Novela, 19; y, Poemario, 3. TOTAL: 57

    3.3 Frases de Gómez Estrada

    El profesor Álvaro Rogelio Gómez Estrada hace gala de su fina prosa, para traducir en sus novelas y cuentos: algunas expresiones populares, el sentir de la gente común, así como los problemas sociales de la población y ciudad de Santa Cruz del Quiché, del pasado y del presente, con una visión de esperanza para el futuro. Para muestra se transcriben algunas frases tomadas de su novela publicada en 2009, “Rastros perdidos en la historia”. Al final de cada frase se anota el número de página correspondiente.

    • No había transcurrido una hora, cuando otra realidad lo sopapeó. 11.
    • Tarea significaba tener encima al caporal gritando palabras obscenas todo el día. 11.
    • En la misma galera, más de dos centenares de paisanos, niños y viejos, hacían esfuerzos por espantarse el calor endiablado y el maldito zancudero que se los quería hartar vivos. Era una linda tierra, pero también una maldición por el animalero chupasangre. 13
    • Plática de bolos que ya no saben lo que dicen ni lo que hacen. Monigotes que el licor movía de un lado a otro. 19
    • Los pobres debemos ayudarnos. 31
    • Las precauciones anticipadas son malas. 33
    • Todos tenemos algo que escondemos, tal vez porque nos duele sacarlo y mostrarlo. 55
    • La maldad es como el jiote. Aunque la gente trate de esconderlo, siempre se hará notar. 56
    • Un tiempo para no olvidarlo. Un tiempo para calcarlo en blanco y negro a fin de que nunca más se vuelva a repetir. 69
    • Porque esa historia habría de ser escrita con indeleble tinta para que, no solamente constara, sino que perviviera en el tiempo que todavía no era, y nunca más se repitiese. 95
    • No se les acaba el hambre de pisto, el hambre de tener y tener más. 72
    • Nada en la historia, se comparaba con ese presente amargo de la patria. Nada. La devastación era una palabra que se quedaba corta para enmarcar lo que sucedía… 78
    • Eran retazos de una historia que estaba pasando ante los ojos de los que sobrevivían y que no sabían si tendrían otros días, otras oportunidades, otros caminos para huir de las masacres diabólicas y del arrasamiento demencial. 83
    • Sólo tenían la esperanza de que Dios les diera, después de tantos pasos derrumbados, una preciosa parcela en las mansiones celestes, porque era lo que les prometía la religión intrascendente y conformista. 85
    • No siempre la historia se escribe con sangre. 88
    • Los tiempos del conflicto terminaron… Tal vez más propio decir que medio se apaciguaron (…) Se dio una paz de papel y tinta, que no pasó de ser eso. 89
    • La violencia tiene muchas formas de causar presencia. 90

    3.4 Resumen del contenido de “Rastros perdidos en la historia”

    La novela “Rastros perdidos en la historia” (97 páginas), relata la vida de Miguel Tiquiram, un indio huérfano y analfabeta, originario del caserío Macalajau, que pertenece a la cabecera municipal de Uspantán, El Quiché. Después de trabajar en una finca cortando café, y aprisionado por una deuda con el patrón de la misma, que ya no existe pero en la libreta continúa, decide escapar y llega a la ciudad a trabajar como cargador de bultos en el mercado mayorista de “La Terminal”. Aprende a leer, lo que le permite conocer otra visión de su situación y la de sus paisanos. Las condiciones son tales en la ciudad, iguales a las del campo, que como sindicalista campesino de hecho participa en el “enfrentamiento armado interno” -los largos 36 años-, que concluye oficialmente el 29 de diciembre de 1996 con la firma de la paz. No obstante, como señala el autor: “Los tiempos del conflicto terminaron… Tal vez más propio decir que medio se apaciguaron (…) Se dio una paz de papel y tinta, que no pasó de ser eso.” Página 89.

    No se extrañe el lector por encontrar palabras que constituyen regionalismos en la novela de Gómez Estrada, tales como sopapeó, guaro, cusha, cushería, chupar, patas, ansina, espinero, pegosteó y otras por el estilo. Es su forma de retratar la vida y el habla popular de los personajes que aparecen en la misma. Igual lo hicieron novelistas, cuentistas y poetas como Virgilio Rodríguez Macal, Miguel Ángel Asturias, Víctor Villagrán Amaya, Francisco Méndez y Carlos Wyld Ospina. Si por ello se les clasifica de regionalistas o criollistas, es cuestión de opiniones, un querer disminuir la grandeza de su producción literaria.

    En la contraportada de la obra, el propio Gómez Estrada presenta la novela como sigue:

    “RASTROS PERDIDOS EN LA HISTORIA, una sola historia y muchas imágenes, todo enmarcado en un periodo de tiempo esencialmente malo y triste. Es una novela que le contará algo de lo que se vivió en nuestra tierra. Una historia que, al igual que muchas otras semejantes, esperan ser insertadas en los papeles verdaderos que deben testimoniar lo que pasó.”

    Y para mejor comprensión del interés del autor en contar la historia de la guerra sucia a través de su personaje Miguel Tiquiram, nada mejor que transcribir parte de la Presentación, escrita por él mismo:

    “Este libro presenta una historia cierta. Una tajada de lo que pasó. Una de tantas que todavía andan en la mente de los indios viejos, de los abuelotes que vivieron, que sobrevivieron, para contar lo que debe contarse, antes que el silencio se vuelva pus en las palabras, en las caras de los muertos y en los pasos de los vivos. Antes que el olvido haga como que va a echar tierra y deje caer las costaladas, porque es traicionero y le gusta que la gente se coma su viejo sufrimiento y, después, lo vuelva a saborear.
    Todas las historias que dejó a flor de tierra, la violencia armada, se parecen. Un fino hilo las une. Son un collar cuyas cuentas están signadas por las mismas manos sedientas de sangre y locura.
    No la cuento para reavivar sufrimientos ni penas, menos aún para propiciar venganzas u otros feos sentimientos. En este, como en otros casos lo pongo en blanco y negro para que sirva para generar entendimiento.
    (…)
    RASTROS PERDIDOS EN LA HISTORIA, es eso: rastros, huellas que quedaron en las páginas embarradas de la historia. Rescatarlas y pepenarlas y ubicarlas en los papeles limpios es cosa inaplazable. Hay mucho que quedó disperso, eso que alzó y lanzó a todos lados, el viento oscuro del silencio. Es necesario que se cuente, que se sepa, para no repetir los pasos.
    ¿cómo vamos a salir del atolladero, si no se busca, como sociedad, como un solo grupo, esos rastros que, indudablemente, tienen mucho que contar?
    No es bueno que la luz, sólo favorezca a unos, en tanto que los muchos, permanecen en la oscurana alargada del silencio proxeneta.” Página 10.

    La novela está organizada en ocho capítulos sin numerar, cuyos títulos y contenido se describen a continuación.

    • Hubiera querido que fuera domingo…(páginas 11-24)

    Miguel de Macalajau es el personaje principal de la novela; el apellido se lo dieron los trabajadores de la finca y él mismo, por el nombre del caserío en que nació, perteneciente a la cabecera municipal de Uspantán, El Quiché (página 14). Situada a 2.9 Km. de Uspantán, la posición geográfica del caserío Macalajau es como sigue:

    Latitud 15,4000; Longitud -90,8333; Altitud (pies) 7860;
    Lat (DMS) 15 ° 24 ‘0N; Long (DMS) 90 ° 49 ’60 W; Altitud (metros) 2395;
    Time zone (est) UTC-6
    FUENTE: http://www.fallingrain.com/world/GT/14/Macalajau.html

    El Censo del año 2004 reporta para el caserío una población total de 332 habitantes y 59 viviendas.

    Miguel de Macalajau, por no hacer caso a los consejos de su abuelo, cae en el vicio del alcohol -el “guaro” popular que sólo toman los indios que lo producen, el clan- y para procurarse la bebida acude al habilitador, quien le presta dinero para “chupar”. El dinero se lo acaba en la noche del domingo, y el lunes se ve obligado a cumplir el compromiso de la deuda, bajando a trabajar a una finca ubicada en la costa sur.

    En la finca percibe la explotación del indio por el ladino, representado por el caporal (12), el que en nombre del patrón les roba de una manera u otra (20), anotando libras de menos del café que diariamente cortan los indios que trabajan en la misma en calidad de mozos colonos o bien como temporeros, que es el caso de Miguel, pero apuntándoles de más lo que le deben de guaro (en connivencia con el cantinero) y alimentos. “Quien no recogía no comía. Quien recogía poco, poco comía. Y quien recogía bastante, le robaban para que no comieran mucho…” (11); “todo lo que les daban en la finca, se los cobraban al doble, abultado.” (17) Como el vicio es así, Miguel se chupa hasta dos meses de sueldo (22 y 53), por lo que decide huir de la finca (24), sabido que nunca saldrá de la deuda que ya pagó pero que nunca se borrará en el libro de cuentas del patrón.

    • Rumbo de pasos grises…(páginas 25-41)

    De hecho, la voz del abuelo está siempre presente en la mente del personaje (26 y 31), el que siempre le aconsejaba no beber, pero como no hizo caso las consecuencias son obvias.

    Después de escapar de la finca vaga por varios parajes rurales; llega a la capital de Guatemala que no conoce (26), específicamente al mercado mayorista de “La Terminal”, donde una señora gorda que sudaba como una vaca lo ocupa de cargador de verduras (27) y hasta le da de comer y donde dormir (28).

    Esto es, el Rumbo de pasos grises…consiste en que Miguel sale del área rural con sus caminos de tierra, y toma el rumbo hacia la capital del país, a la jungla de cemento gris, como gris se presenta su futuro, tan incierto que ni se imagina el desenlace de lo que será su vida.

    En “La Terminal” aprende muchas cosas, incluso sentir miedo de ladrones y asaltos; practica mejor el idioma español (30), el que antes apenas si sabía (20 y 32) pues sólo habla su idioma natal, el Uspanteco. La señora gorda, su patrona, es una persona muy trabajadora que empieza su jornada a las tres de la mañana; Miguel sigue el mismo horario y como prácticamente no tiene en qué gastar su sueldo, que lo gana por día haga o no haga nada y no como en la finca que trabajaba “por trato” o “por tarea” (28), devengando sólo el valor asignado al número de libras de café que cortaba, la señora le ofrece guardárselo para cuando lo necesite, lo que él acepta.

    Pasa un año de trabajo en la capital y piensa en regresar de visita a su pueblo, el caserío Macalajau en Uspantán, porque donde la sangre manda las patas obedecen (32); se presenta a la aldea donde sólo permanece siete días (40) porque su pariente Juan Tiquiram le cuenta que la policía lo busca para llevarlo de regreso a la finca y que pague con trabajo lo que debe de guaro, y para darle un escarmiento a todos, pues no les alcanzan los leños cuando se trata de un indio (39).

    “Siete días estuvo nada más en Macalajau. Visitó a algunos amigos. No le alcanzó el tiempo, ni estuvo a gusto. El espinero del miedo no lo mantuvo tranquilo.
    Se le pegosteó el pensamiento de que no lo querían en ninguna parte. Y le vino a la memoria lo que los catequistas contaban sobre aquel personaje al que llamaban ‘el judío errante’…”, 40.

    • Cuando nació Miguel, murió su madre…(páginas 43-49)

    Jacinta, madre de Miguel, murió de parto; por esta “razón” prácticamente su padre le echaba la culpa al niño por la pérdida; al padre también le tocó enterrarlo siendo niño, pues murió de tiricia (43-44). Esa culpa que siempre se le achacó, hizo que Miguel tomara la decisión de quitarse el apellido Tiquiram (46). Muerto el padre lo recogió su tío Leonzo, aunque éste lo trataba muy mal (47).

    • Los días que llegaron después…(páginas 51-57)

    Miguel regresa a la capital decepcionado por lo que vio y oyó en su aldea; vuelve a trabajar en “La Terminal” con la señora gorda, que en realidad se llama Berta (54). El mercado mayorista parece una colmena (52), por los miles de trabajadores que ahí laboran en los diferentes puestos de venta de frutas y verduras, de carnes, ropa y baratijas, pero también se asemeja a un nido de ratas (56), pues los robos, asaltos y asesinatos están a la orden del día.

    Empieza a estudiar en una escuela de alfabetización (56) y se fue encariñando con la misma, recordando que en “Macalajau no había escuela, a pesar de que habían niños como para llenar varias aulas. Trató de entender por qué nunca abrieron una escuela allá y no lograba avanzar. Y se decía que tal vez porque era muy lejos y ningún maestro quería ir a trabajar allá, pero luego se contestaba que eso no era posible porque en otras aldeas también lejanas, sí había escuela.” (57). Como señala Gustavo Porras: “durante mucho tiempo, no sólo en la población había reservas frente a la educación, sino en las altas esferas se consideraba inútil ‘educar a los indios’, que con la educación sólo se iban a volver lamidos.” Porras Castejón, Gustavo; “Las huellas de Guatemala”. Guatemala: F&G editores, 2009. Página 437.

    • Los frutos de la visión (páginas 59-67)

    En la escuela de alfabetización conoce a Manuel Ren, un sindicalista que estaba fundando un comité de trabajadores de fincas; los juntó la escuela y la visión (59). Después de varios años deja el trabajo con Berta, a quien agradece por la ayuda que le brindó.

    Manuel y Miguel representan un dúo con los mismos sueños (60); juntos empiezan a recorrer las fincas donde encuentran que la explotación no ha cambiado, que los habilitadores siguen dando enganches de dinero a los indios, para que bajen a trabajar a las fincas, sabidos que el tal anticipo se lo chuparán antes del viaje y como son tan honrados y responsables en el pago de deudas, no se escaparán -no tienen a dónde-. Ambos visitan incluso la aldea de Miguel (61-63) y en otras se enteran que el glorioso ejército nacional hace de las suyas, sucias y lamentables (64) por lo que principian a realizar una labor de hormiga tratando de convencer a la gente para que se organice, pero los viejos ya no pueden cambiar, aceptan las cosas como un designio divino. En Macalajau le cuentan cómo los soldados se llevaron secuestrados a unos muchachos y nunca más aparecieron (64-67). Algunos indios aceptan trasladarse a las montañas y la frontera con México, a las conocidas como “Comunidades de Población en Resistencia” -CPR de la Sierra (66-67), en donde “Abiertamente vivían en la calamidad. Comían lo que natura les proveía mediante lo que hallaban en la montaña o lo poco que recogían de la tierra. Vivían en ranchos que no ofrecían ninguna seguridad ni brindaban el calor necesario. Los niños deambulaban semidesnudos, desnutridos, con sus vientres llenos de lombrices.” (67).

    • El fuego de la lucha (páginas 69-78)

    Sin embargo, Manuel y Miguel no pueden quedarse en ninguna finca o aldea; deben esconderse en la capital porque empieza la represión del ejército, la aplicación de la política de tierra arrasada, una historia para no olvidar, el nunca más.

    “Las aldeas no contaban con que el ejército emprendería una represión en gran escala. Que casi abandonaría los cuarteles e instalaría destacamentos en muchos sitios que consideraban puntos importantes.
    Aquello fue terrible. Gruesas oleadas que arrasaban con todo. Aldeas enteras fueron diezmadas y los ranchos quemados. La vida, prácticamente, pasó a valer nada, ni un mendrugo, y los que pudieron escapar buscaron refugio en distintos lugares. Unos tomaron hacia la montaña y de la montaña a México. Otros huyeron a los pueblos grandes, a la capital para perderse o confundirse entre la población urbana.” (69).

    En las aldeas ocurre de todo lo imaginable e inimaginable, pero la prensa no publica nada a pesar que la patria está en llamas (71); los políticos, tan culpables como los terratenientes (72). La patria entró en una época de represión y miedo, donde al final tristemente no ganaría nadie (74).

    Pero como la guerra sucia se extiende, en la capital también había represión y búsqueda de cabecillas para acabar con el movimiento sindical y guerrillero (77). En todo el país ocurre el exterminio de aldeas, la aplicación de los métodos que conlleva la tierra arrasada (77-78) y la huída de la población indígena y ladina pobre hacia las CPR de la Sierra (69 y 70).

    • Pasos viejos, caminos vivos…(páginas 79-88)

    Al caserío Macalajau el ejército llegó a buscar a Miguel, entre una lista de sediciosos. A una mujer le quitaron de los brazos a su pequeño hijo y el oficial militar que forma parte de la operación lo estrella contra unos palos; ella se vuelve loca (79-80). Cuando Miguel visita el caserío, un anciano le cuenta:

    “—Vieron a una mujer que tenía a su niño de la mano. Tal vez era un niño de tres o cuatro años. Todavía era chiquito. A saber qué le entró al hombre malo, pero se puso morado y agarró al niño y lo zumbó contra unos palos que estaban cerca. Allí quedó tirado el cuerpecito. Vieras visto cómo se puso la mujer. Se le encaramó al hombre verde y sólo porque los otros se la quitaron de encima y la golpearon. Eso pasó aquella tarde. Tal vez les entró miedo o a saber qué, pero ya no siguieron haciendo salvajadas. Todavía regaron maldiciones y amenazas y de uno en uno se regresaron por el camino al pueblo.
    Miguel apretaba sus manos, oyéndolo. Sentía que toda la sangre se le agolpaba en las venas.
    Todavía oyó que el anciano, dijo:
    —Desde entonces la mujer se quedó así. Casi no come, todo el tiempo lo pasa caminando de un lado a otro. Tal vez en su locura sale a buscar a su hijo. Tal vez no quiere aceptar lo que pasó o no puede. ¡Quién sabe! Esa es la historia. Si se volvió loca de repente, fue por lo que le hicieron. ¿Caso es nomás que le hayan arrancado a su hijo y lo hayan estrellado en los palos en su propia cara?” 80

    Aunque Gómez Estrada no lo menciona, fácil es suponer que entre los miembros del ejército que llegaron al caserío y cometieron el asesinato del niño, hayan participado soldados kaibiles; como bien dice Gustavo Porras:

    “esos soldados, considerados por algunos los mejores del mundo, mataban a los niños destrozándoles el cráneo contra las piedras y enfrente de sus madres y padres, que serían salvajemente ejecutados después. Hoy, soldados kaibiles integran diferentes misiones de paz de Naciones Unidas, donde su alto nivel de entrenamiento es muy apreciado.”
    Porras Castejón, Gustavo; “Las huellas de Guatemala”. Op. Cit., página 68.

    De Macalajau varios pobladores lograron salvarse de la represión del ejército, huyendo hacia las CPR de la Sierra (81). Un anciano tullido es quemado junto con su nieta en el rancho (82):

    “Historias como esa se oían en todas partes. No eran invenciones, ni exageraciones. Eran retazos de una historia que estaba pasando ante los ojos de los que sobrevivían y que no sabían si tendrían otros días, otras oportunidades, otros caminos para huir de las masacres diabólicas y del arrasamiento demencial.” (83)

    Para Gómez Estrada, tales asesinatos, desapariciones forzadas y masacres:

    “Eran retazos de una historia que estaba pasando ante los ojos de los que sobrevivían y que no sabían si tendrían otros días, otras oportunidades, otros caminos para huir de las masacres diabólicas y del arrasamiento demencial.” (83)
    Miguel no era malo, lo era solamente cuando se enfrentaba a quienes pretendían exterminar a las gentes como él (85), no creía en la religión que prometía tierra pero en el cielo, sino en un Dios trascendente, bueno (86). Y es que los indios y ladinos pobres:

    “Sólo tenían la esperanza de que Dios les diera, después de tantos pasos derrumbados, una preciosa parcela en las mansiones celestes, porque era lo que les prometía la religión intrascendente y conformista.” (85)

    Poco tiempo después, Miguel llega a la finca de café “Los Colmenares” (86) donde años atrás lo habían contratado, explotado y robado -como el cantinero Adán Camargo (85)-, de la que tuvo que salir huyendo hacia la capital. En la finca encuentra a dicho cantinero y lo cuestiona respecto a la supuesta deuda por guaro (86-87) y le perdona la vida, porque la historia no se escribe con sangre (88).

    • Después que se acabó la guerra…(páginas 89-97)

    Termina el enfrentamiento armado, se firma la paz de papel y tinta (74 y 89) en 1996. Miguel regresa a Macalajau y en el caserío prácticamente no hay nada, fue arrasado; sólo un puñito de indios se salvó (91-93). Esto coincide con lo indicado en el informe de la CEH (1999), Tomo X, Casos Presentados Anexo II:

    Caso 2317, página 1229:
    “En el período entre 1982 y 1987, miembros del Ejército de Guatemala obligaron a Rufino Eulogio Velázquez Choc a realizar trabajos forzados, primero en la cabecera municipal de Uspantán, lugar al que tuvieron que desplazarse y donde sirvieron al destacamento. A partir del 1985 continúan realizando trabajos forzados en el caserío Macalajau de donde eran originarios y que había quedado totalmente destruido y deshabitado después de 1982. Los soldados los amenazaban con la muerte si no cumplían con lo asignado.”

    Para Miguel, el nunca más se hace presente en su mente (69, 93 y 95); empero, no había una paz robusta, sólo era un intento tímido (96) pues las condiciones no necesariamente habían cambiado “y algunas hilachas del miedo se mostraban dispersas en todos lados.” O como señala Gustavo Porras ya citado: “la paz política no ha significado el fin de la violencia ni tampoco de la pobreza.” Porras Castejón, Gustavo; “Las huellas de Guatemala”. Op. Cit. página 430.

    Meses más tarde, un jueves de mayo, aproximadamente en 1997, Miguel sale de su aldea abordando una camioneta de transporte extra urbano, pero ¡es secuestrado! “No se supo más de él. Si lo mataron o todavía vive, nadie lo sabe.” (97). En el Tomo II, “Los mecanismos del horror”, Capítulo tercero: “La inteligencia de la violencia”, del informe REMHI (1998). “Guatemala: Nunca Más”, se anota:

    “La desaparición forzada ha sido uno de los métodos bárbaros, de carácter selectivo, más usado por la inteligencia guatemalteca, y que se empleó de una manera masiva en algunos momentos del período del conflicto armado. Dentro de los testimonios recogidos, uno de cada cinco casos es de desaparición forzada. El apresamiento súbito de la víctima se realizó la mayor parte de las veces mediante una acción encubierta, y nunca más volvió a saberse nada de la persona. La desaparición forzada crea una extrema incertidumbre sobre el paradero de las víctimas y su estado físico y psicológico, y un sufrimiento prolongado a los familiares.”

    3.5 Masacres en Macalajau, Uspantán

    En el capítulo “Pasos viejos, caminos vivos…” (páginas 79-88), de la novela “Rastros perdidos en la historia”, Álvaro Rogelio Gómez Estrada describe que su personaje Miguel Tiquiram se presenta al caserío Macalajau del cual es originario, el cual pertenece a la circunscripción del municipio de Uspantán, El Quiché. Un anciano le cuenta a Miguel:

    “—Vieron a una mujer que tenía a su niño de la mano. Tal vez era un niño de tres o cuatro años. Todavía era chiquito. A saber qué le entró al hombre malo, pero se puso morado y agarró al niño y lo zumbó contra unos palos que estaban cerca. Allí quedó tirado el cuerpecito. Vieras visto cómo se puso la mujer. Se le encaramó al hombre verde y sólo porque los otros se la quitaron de encima y la golpearon. Eso pasó aquella tarde. Tal vez les entró miedo o a saber qué, pero ya no siguieron haciendo salvajadas. Todavía regaron maldiciones y amenazas y de uno en uno se regresaron por el camino al pueblo.” 80

    Y por si quedan dudas respecto a si lo expuesto es ficción o en verdad ocurrió en Macalajau lo descrito por Gómez Estrada, así como otros actos de barbarie similares cometidos por el glorioso ejército de Guatemala en el municipio de Uspantán durante la época del enfrentamiento armado, qué mejor que leer el portal “Uspantan, Quiché” donde su historia cuenta que:

    “En la época de los 80 sufrió una de las épocas más trágicas de su historia, al convertirse junto a otros pueblos del Quiché en escenario del conflicto armado interno, el cual finalizó con la firma de los acuerdos de Paz el 29 de diciembre 1,996.
    En esa época muchas aldeas fueron victimas de la política de tierra arrasada, lo que obligó a sus habitantes a buscar seguridad en el centro urbano y abandonar sus casas y terrenos. Actualmente muchas de estas familias forman parte de la población urbana, mientras que otros regresaron a sus legares de antaño.
    En la memoria colectiva de Uspantán es imborrable la noche en que fueron masacrados alrededor de 55 campesinos en la carretera que conduce de Calanté a Macalajau. Eran personas originarias del área rural instaladas en la cabecera municipal que decidieron ir a traer algunas pertenencias y víveres, sin imaginarse que jamás regresarían al lugar donde los esperaba su familia.” Véase http://www.inforpressca.com/uspantan/historia.php. Consulta efectuada el 4-Ene-10.

    La masacre anterior es recordada anualmente por los deudos de las víctimas, por medio de una misa y una caminata de cuatro horas que llega hasta Macalajau, coordinada por la comisión de mártires de San Miguel Uspantán.
    Véase http://www.cerigua.org/servicios/boletines/vz-050706.pdf

    En cuanto al número de masacres reportadas en los informes de: Comisión para el Esclarecimiento Histórico -CEH-; “Guatemala, memoria del silencio” (1999); Oficina de Derechos Humanos del Arzobispado de Guatemala (ODHAG), “Guatemala: Nunca Más”, conocido como informe REMHI (1998); y, otras registradas por Gustavo Sichar, se establecen las siguientes diferencias: REMHI: 422; CEH: 664; y, Sichar: 1112. De éste último número, Sichar determina que en El Quiché se realizaron 615.

    Del total de masacres, 538 fueron ejecutadas durante el gobierno de Lucas García (1 julio 1978 al 23 marzo 1982); 442, en el de Ríos Montt (23 marzo 1982 al 7 agosto 1983); y, 71 en el de Mejía Víctores (8 agosto 1983 al 13 enero 1986). Esto es, entre el período que corre del mes de abril de 1963 cuando inició el enfrentamiento armado interno y que culmina el 29 de diciembre de 1996 con la firma de la paz, se dieron un total de 1112 masacres; durante los tres gobiernos anotados (1978 a 1986) se registraron 1051, el 94.5% de las masacres. De 1991 a diciembre de 1996 “apenas” ocurrieron 6, con lo cual se confirma el aserto de Gustavo Porras quien señala: “En el caso de la paz de Guatemala el cese al fuego de hecho precedió a la firma de la paz”. Porras Castejón, Gustavo; “Las huellas de Guatemala”. Op. Cit., página 397.

    Por lo que respecta al caserío Macalajau, este “aportó” su cuota de sangre y de víctimas en el enfrentamiento armado. Entre 1980 y 1984 fueron registradas por lo menos 5 masacres, incluyendo la reportada por CERIGUA y el portal “Uspantán, Quiché”.

    Masacres registradas en el caserío Macalajau, Uspantán, El Quiché

    Caso 77: 14-nov -80, 6 ejecutados/
    Caso 221: Junio -81, 5 ejecutados. A una víctima le sacaron los ojos y le arrancaron la lengua, a su esposa la violaron más de 20 soldados. También mataron a una niña de 2 años y a un niño de 5 /
    Caso 507: Feb. -82, En Noticias de Guatemala No. 80, mayo 1982, se registra una masacre en febrero de 1982 en Macalbaj (Uspantán), con 54 ejecutados, es probable que se trate de la misma. Nota ABV: véase en tabla siguiente, que contiene los casos reportados por la CEH (1999): Caso 2413, página 1054./
    Caso 783: 15-Ago-82, 15 mujeres secuestradas, violadas, torturadas y arrojadas al río Negro./
    Caso 1030: Marzo-84, 10 ejecutados.
    FUENTE: Elaboración propia con base en: Sichar Moreno, Gonzalo; “Masacres en Guatemala. Los gritos de un pueblo entero”. Guatemala: Grupo de Apoyo Mutuo, 2000. Capítulo “Listado de masacres”, passim.

    En el informe de la CEH (1999), se presentan varios casos relacionados con el caserío Macalajau, de los cuales se transcriben solo algunos, como sigue:

    Informe de la CEH (1999), Tomo X, Casos Presentados Anexo II

    Extracto de casos relacionados con el caserío Macalajau

    Caso 2602, página 813:
    “En noviembre de 1980, en el caserío de Macalajau, municipio de Uspantán, departamento de Quiché, miembros de la PAC y efectivos del Ejército de Guatemala, ejecutaron a Francisco Reynoso López, socio de la Cooperativa. Antes de retirarse, los responsables quemaron la casa de Francisco.”

    Caso 15226, página 826:
    “En 1980, en el caserío Macalajau, municipio de Uspantán, departamento de Quiché, miembros del Ejército de Guatemala ejecutaron a Laura Velázquez Alvarez. (Niña)”

    Caso 2600, página 834:
    “En 1981, en el caserío de Macalajau, municipio de Uspantán, departamento de Quiché, efectivos del Ejército de Guatemala asignados al destacamento de Uspantán y miembros de la PAC local, ejecutaron a Domingo Francisco Alvarez, cooperativista. Ese mismo día, quemaron la casa de la víctima.”

    Caso: 2419, páginas 839 a 840:
    “El 15 de marzo de 1981, en el caserío de Macalajau, municipio de Uspantán, departamento de Quiché, efectivos del Ejército de Guatemala asignados al destacamento de Uspantán, golpearon y ejecutaron a Daniel Us Alvarez y a Francisco López. Catarina Pinula fue golpeada. Ese mismo día, capturaron Gaspar Chilel junto con otra persona. Las víctimas fueron conducidas al destacamento de Uspantán, en donde los sometieron a interrogatorios y torturas. En el destacamento, Gaspar murió como consecuencia de las torturas recibidas y la otra persona fue trasladado a la Zona militar de Jutiapa, donde nuevamente fue torturada, posteriormente recibe entrenamiento militar y finalmente fue puesto en libertad. También capturaron a 16 mujeres de Macalajau y las trasladaron a dicho destacamento, en donde las violaron y nunca se volvió a saber de ellas. Sin embargo, un sobreviviente dice que las mujeres fueron ejecutadas en el destacamento militar. Víctimas sin identificar: 7.”

    Caso 2583, página 880:
    “El 3 de octubre de 1982, en el caserío Macalajau, municipio de Uspantán, departamento de Quiché, un miembro del Ejército de Guatemala ejecutó con arma de fuego a Celestino Rodríguez de catorce años de edad, quien se encontraba con su madre en el destacamento, donde ella trabajaba forzadamente como cocinera.”

    Caso 2598, página 968:
    “En enero de 1983, en el caserío de Macalajau, municipio de Uspantán, departamento de Quiché, elementos del Ejército de Guatemala destacados en Macalajau ejecutaron a Juan Sajbín Us, quien con anterioridad había obtenido la autorización de los soldados para ir del pueblo de Uspantán a Macalajau.”

    Caso 11405, página 972:
    “El 25 de julio de 1983, en Macalajau, municipio de Uspantán, departamento de Quiché, miembros del Ejército de Guatemala ejecutaron en su casa a Francisco Patzán, María Pacheco y Juana Reynoso de León. Las víctimas fueron degolladas y sus cuerpos arrojados a un barranco cercano a la casa.”

    Caso 9483, página 1033:
    “El 15 de septiembre de 1981, en la cabecera municipal de San Juan Cotzal, departamento de Quiché, miembros del Ejército de Guatemala y de la Policía Judicial ejecutaron a 70 personas en represalia por un ataque insurgente sucedido en esa misma fecha.”

    CASO 2413, PÁGINA 1054:
    “El 14 de febrero de 1982, en el caserío Macalajau, municipio de Uspantán, departamento de Quiché, miembros del Ejército de Guatemala MASACRARON A 55 PERSONAS y desapareció una persona. Las víctimas fueron degolladas y posteriormente los cadáveres trasladados a la municipalidad de Uspantán, en donde los soldados los vigilaron durante una noche. Al día siguiente, los enterraron en fosas comunes en el camposanto de Uspantán.”

    Caso 2416, página 1105:
    “En marzo de 1984, en el caserío Macalajau, municipio de Uspantán, departamento de Quiché, miembros del Ejército de Guatemala asignados al destacamento del lugar, ejecutaron a diez personas, quienes residían en el pueblo de Uspantán y se dirigían a trabajar la milpa.”

    Caso 2317, página 1229:
    “En el período entre 1982 y 1987, miembros del Ejército de Guatemala obligaron a Rufino Eulogio Velázquez Choc a realizar trabajos forzados, primero en la cabecera municipal de Uspantán, lugar al que tuvieron que desplazarse y donde sirvieron al destacamento. A partir del 1985 continúan realizando trabajos forzados en EL CASERÍO MACALAJAU de donde eran originarios y que HABÍA QUEDADO TOTALMENTE DESTRUIDO Y DESHABITADO DESPUÉS DE 1982. Los soldados los amenazaban con la muerte si no cumplían con lo asignado.”

    Caso 2601, página 1233:
    “En 1983, en el caserío Las Guacamayas, municipio de Uspantán, departamento de Quiché, efectivos del Ejército de Guatemala asignados al destacamento de Lancetillo y miembros de las PAC de Lancetillo, hirieron a una mujer, quien posteriormente fue capturada junto a los menores de edad Esteban Margarito, Francisco, María Cruza, María Carmen y Pilar, todos de apellidos Alvarez Velázquez, también capturaron a cinco mujeres no identificadas. Posteriormente, fueron trasladados al destacamento de Lancetillo, donde las mujeres fueron violadas e interrogadas. Finalmente, las trasladaron al destacamento de Nebaj y luego al de Uspantán, en donde fueron puestas en libertad. Todas las personas capturadas eran originarias de Macalajau, Uspantán y huían en la montaña del hostigamiento de los soldados.”

    FUENTE: Elaboración propia con base en:
    Comisión para el Esclarecimiento Histórico -CEH-; “Guatemala, memoria del silencio”. Informe de la CEH, Tomo X, Casos Presentados Anexo II. Guatemala: publicación realizada por la Oficina de Servicios para Proyectos de las Naciones Unidas (UNOPS), 1999. Passim.

    Los asesinatos, desapariciones forzadas y masacres realizadas en Macalajau y en todo el departamento de El Quiché, para Álvaro Rogelio Gómez Estrada en su novela “Rastros perdidos en la historia”:

    “Eran retazos de una historia que estaba pasando ante los ojos de los que sobrevivían y que no sabían si tendrían otros días, otras oportunidades, otros caminos para huir de las masacres diabólicas y del arrasamiento demencial.” (83)

    **************

  2. que coloquen un resumen de la obra del cielo a la cruz

    • se lo colocaron

  3. pueden publicar en esta pagina el resumen del libro canilla de leche

    • porfis


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