Posteado por: diariodelgallo | diciembre 7, 2009

LOS LIBROS DE ÉXITO SEGÚN Juan Luis Font

 

No lo digo sólo yo, sino las cifras de ventas. El libro Las huellas de Guatemala compite por ser el mayor éxito entre las obras nacionales en este año a punto de terminar. Sus tres ediciones producidas en el margen de seis meses, y una cuarta que se encuentra a punto de llegar a las tiendas, hablan de la aceptación que ha tenido.

El libro arrancó con una primera edición de mil ejemplares repartidos de manera gratuita, y dos ediciones más, de mil copias cada una, ya casi completamente vendidas en las librerías. Su competidor más fuerte se encuentra en la traducción al castellano del libro de Frank Goldman, El arte del asesinato político, otro súper éxito de ventas cuya primera edición de 1,000 ejemplares se agotó en 6 semanas. La segunda de 2 mil ha vendido ya cerca de 1,300 de sus copias.

Es un libro que venía precedido por grandes elogios de las publicaciones literarias más importantes del mundo anglófono y que en Guatemala ha removido el interés que suscita el crimen político más relevante del último medio siglo. Dos mil nueve ha sido un año de gran valor para la producción literaria guatemalteca. Es el año de la obra que muy probablemente sea lo mejor que ha entregado en los últimos tiempos el escritor nacional vivo más conocido, Rodrigo Rey Rosa. Su título es El material humano. De su primera edición de 1,000 copias, ha vendido cerca de 400 ejemplares.

Pero los datos sugieren que ha sido el testimonio de Gustavo Porras de sus años en la guerrilla, el que más se ha difundido en el año. ¿Qué virtud posee? Narrarnos con prolijidad de anécdotas (el autor tiene una para cada página) las escenas de la guerra que la mayoría de nosotros no pudimos presenciar, pero por las cuales tenemos una avidez insaciable.

El relato de la llegada de Porras al Frente Augusto César Sandino del Ejército Guerrillero de los Pobres en Quiché, describe el ambiente de insurrección popular, el ánimo de jolgorio y de fiesta, la falsa sensación de triunfo, que privaba entre los campesinos de las zonas liberadas. La inexperiencia del comandante Camilo que no previó la contraofensiva del Ejército y la narración de la fuga precipitada, a pie y por veredas, de vuelta a la capital cuando las tropas militares avanzaban por el altiplano.

Otro episodio describe el momento en que Gustavo Porras y Gustavo Meoño, clandestinos entonces, fueron atacados rumbo a Santa Catarina Pinula y lograron huir a duras penas. Las fuerzas de seguridad vigilaban las casas de sus familiares, los hospitales y sanatorios, en espera de capturarlos cuando intentaran hacerse curar. Y el EGP, que aún andaba pese a las derrotas que el Ejército ya le había inflingido, envía un equipo a rescatarlos.

Al tratar lo ocurrido durante las conversaciones de paz y el secuestro de la señora Novella, hay momentos tan reveladores como aquel cuando el Ministro de la Defensa le recrimina al Jefe de Estado Mayor Presidencial que actuara sin informarle y este responde que sólo le debe obediencia al Presidente. Es un testimonio de los años de la guerra y es con piezas como esta que intentamos los guatemaltecos armar el rompecabezas de nuestra historia más cruenta.

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