Posteado por: diariodelgallo | enero 28, 2010

CIRCO Y ESTADÍSTICA de Paolo Guinea Ovalle (Entrevista)

Imágenes de desasosiego, una carpa, el juego suicida y nuestro estado de anomia, y la estadística para registrarlo todo en un tiempo definido. Paolo Guinea Ovalle, poeta y editor, nos entrega Circo y Estadística, un repertorio de poemas que hacen uso de la “lengua de la calle”, una honestidad clara y precisa para reflejarnos. Después de publicar Matriz de olvido y Voz en Off, Guinea se acerca a la coloquialidad guatemalteca y mexicana, reflexionando –a veces discreto, otras contestatario– sobre el pánico y la ansiedad de nuestra realidad. El libro se presenta hoy jueves 28 en Bar Central (7a. avenida 12-32, zona 1) a las 20:00 horas.
¿Cómo conjugamos “Circo y Estadística”?
– Son dos partes torales de la poesía, de manera interna, en ella, hay circo, porque hay asombro, juego, espectáculo, pirueta. También hay estadística, porque esta es métrica, es tiempo, y también el poeta necesita de estos elementos para decantar la vida, para descifrarla, para trasladársela en palabra a los demás.
El país está lleno también de circo, somos casi un experimento ambulante, donde la rueda no termina de rodar. Somos creo, un circo viejo, en abandono, y bueno, estamos llenos de estadísticas (la mayoría adversas y rojas). Son pues, dos símbolos que bien nos definen y que me atrevería a decir que se conjugan, se unen, nos resumen.


¿Cómo los sentidos sirven para evadir la ignominia?
– Avivarlos es cosa que nos deberíamos proponer, aparte de las que en las mañanas solemos hacernos (metas, juramentos, promesas). Hemos pasado de un estado de letargo a uno de anomia, tal es lo profundo del caso, que, la ignominia es como sello de identidad, como una especie de segunda cédula de vecindad, o como un pasaporte a la debacle.
¿Y el idioma de la calle para huir de la realidad?
– Mejor dicho para arroparla, no hay nada que explique mejor nuestro estado de ánimo, que el lenguaje de la calle. No hay nada que nos defina mejor que este. Tenemos palabras que nos delatan como un país lleno de miseria y muerte, entiéndase: masacre, linchado, lapidado, mutilado, grueso, dar agua, venadeado, y un sinfín de expresiones más, que vuelven la identidad un pastel riquísimo de atrocidades.
La palabra como látigo para dominar el corazón y des-angustiar el alma, ¿por qué?
– Cuando son ínfimos los recursos (sean políticos o de otra índole), ¿cómo no refugiarse en la palabra? Es esta un recurso que nos libra de esa angustia, al menos por un momento, y sí, si esta puede entrar en el corazón de los lectores como un látigo, como un chicotazo que nos llene de otras vertientes para entender nuestra difícil realidad, pues cómo no. No todo es cruento en Guatemala, pero hay que despejar la falsa idea que nos han querido vender, de que el país, a puro optimismo se levanta. No creo en eso.
¿De qué manera la estadística se circunscribe al tiempo del hombre?
– Ella está en todo, en cada acto, en cada postura, en cada solución que le damos a la vida para sobrevivirle al tiempo, a los tiempos, de todos lados, que nos agobian. La estadística construye memoria, pero también, a veces, como que se vuelve transparente y no la dejamos salir, que se muestre, la ignoramos (aún no sé por qué). Si la tomáramos más en serio, sería esta una potente arma para desempolvarnos de nuestros viejos fantasmas.
La transición del alma a través de la sangre y el “espectáculo” de la muerte, ¿parte de nosotros?
– Absolutamente, somos de los diez países más violentos del mundo. Si quieres una dosis paralizante de angustia, pánico y ansiedad, pues sólo basta con levantarse con los diarios de las mañanas, dormirse con el noticiero, o poner oídos serios a los vecinos, a los amigos, a las cadenas de correos electrónicos, bueno, como que andamos entre charcos de sangre y la solución al problema es brincarlos, eso sí, sin salpicarnos.
¿Por qué pelear contra la lírica si luego usted se reconcilia con ella?
– Es un juego, quise experimentar con dos lenguajes, todos, siempre, manejamos dos. Uno que nos permite convivir, no sé, hacer negocios, trabajar, comunicarnos sin pelear, y el otro, el que sale desde el fondo, el que lleva tirria, el que lleva cansancio, desánimo, pero también jolgorio, el que sirve, a todos, como nuestro propio consultorio psiquiátrico. Entonces, no lo veo como pelea, sino como pulir dos discursos (no dos morales).
Dos universos –México y Guatemala–, un punto de inflexión, ¿qué resulta de este conjunto?
– Cardoza y Aragón decía que la patria era la infancia. Crecí en México la mayor parte de esta. Llegué a Guatemala y abrí los ojos. Aunque uno no lo crea, a veces es necesario vivir entre los trancazos para llegar a este punto. A México le debo la infancia y otras luces para ver las cosas. A mi país, Guatemala, le debo el dolor, el olor y tantas cosas más, que han hecho de mí alguien que hasta a veces se desconoce a sí mismo. El país me marcó y traigo su vena inflamada en cada paso, cada rostro, cada minuto en que lo habito.

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