Posteado por: diariodelgallo | febrero 4, 2010

ALAÍDE FOPPA

Por Ingrid Roldán Martínez

Hacía frío el 19 de diciembre de 1980. El día anterior el clima había estado a nueve grados centígrados, según el reporte del Insivumeh, y prevían que ese día llegaría a siete. El lunes 22 de diciembre, el titular del diario El Gráfico daba la noticia del desaparecimiento de la escritora Alaíde Foppa y su chofer, Leocadio Axtún, ocurrido el viernes anterior, el 19 de diciembre.

Según el reporte de prensa, ambos habían sido interceptados “a eso de las 11.30” en una calle de la zona 10. Nunca más se supo de ellos. De eso hace 25 años.

Intelectuales de México, Estados Unidos y Francia pidieron que aparecieran con vida. No hubo respuesta. Eran tiempos de Lucas García y Donaldo Álvarez Ruiz.
El martes 23 de diciembre, en la página 3, el mismo diario publicó una nota donde el Gobierno condenaba el secuestro de la escritora y “manifiesta su preocupación” por este hecho. Atribuyó el secuestro a “grupos extremistas que operan en la clandestinidad”.

En los días posteriores los periódicos siguieron publicando información relacionada con el caso hasta que otras noticias ocuparon la primera plana.

Hondas raíces en Guatemala

“Yo conocí a Alaíde en la Facultad de Humanidades más o menos en el año 54, 55”, cuenta Luz Méndez de la Vega. La describe como una mujer morena, delgada, de gran belleza, con un porte elegante que también se reflejaba en el suave movimiento de sus manos, muy alegre, siempre tenía una sonrisa. “Alaíde además se vestía con mucha discreción, con vestidos finos”, agrega la escritora, quien durante muchos años, cada diciembre, organizaba alguna conferencia o recital para recordar a su amiga.

María Alaíde Foppa Falla había nacido en 1914 en Barcelona, ciudad a la que sus padres viajaron poco tiempo después de casarse en Guatemala. Vivieron allí hasta que decidieron viajar a Argentina, país en el que el señor Foppa, nacido en Italia, se había nacionalizado.

Después, la familia se trasladó a Italia, donde la pequeña Alaíde estudió. Hizo la escuela secundaria en Florencia. Estudió el bachillerato en un internado en Bélgica y después de vuelta a Italia, donde terminó los estudios universitarios. Escribió sus primeros poemas en italiano. Su primer libro, “Poesías”, fue publicado en España.

A mediados de la década de los años 40 vino a Guatemala. Aquí tuvo su encuentro con la realidad latinoamericana, según lo dijo en una entrevista con Carmen Lugo (que se publicó en el Excélsior de México, en 1981, después de su desaparición).

“Llegué en vísperas de la Revolución democrática de 1944; viví en pocos meses ese estado de angustia y opresión que ahora se ha renovado y está cada vez peor. Fue la primera vez que sentí a la gente, el miedo, la angustia, la enorme injusticia social, la pobreza, la explotación del indio. Para mí fue impactante. Comprendí que de alguna manera yo tenía que participar en todo aquello”.

Estaba en Guatemala el 20 de octubre de 1944. Fue aquí donde conoció a Alfonso Solórzano, con quien se casó en México. Allá nació su primer hijo. Después, Solórzano fue designado cónsul en Francia, donde nacieron dos de sus hijos. Tiempo después volvieron a Guatemala. Solórzano trabajó en el Instituto Guatemalteco de Seguridad Social en los gobiernos de Jacobo Árbenz y Juan José Arévalo. Aquí nacieron sus últimos dos hijos.

El exilio

Al terminar la época revolucionaria, los Solórzano Foppa se exiliaron en México, donde residirían durante décadas. Alaíde venía frecuentemente a Guatemala y durante un tiempo vivió aquí.

“En casa se hacían reuniones de lo que fue la intelectualidad guatemalteca en el exilio y parte de la intelectualidad mexicana de esa época, un privilegio para nosotros”, cuenta Silvia Solórzano Foppa, hija de la escritora. Con frecuencia los visitaban escritores como Miguel Ángel Asturias, Mario Monteforte Toledo (que solía pasar la Navidad con ellos), Luis Cardoza y Aragón, Carlos Illescas, Otto Raúl González.

En México, Alaíde desarrollo una intensa actividad. Impartía clases en la Universidad Nacional Autónoma de México (UNAM). Era crítica de arte, y desde esta posición apoyó y promovió a muchos artistas jóvenes. “Las paredes de mi casa tenían cuadros, pero no cualquier cuadro. Todo el ambiente familiar era de un gusto muy especial, con un nivel de cultura que ella intentaba que heredáramos”.

En 1975 fundó la revista FEM, primera publicación feminista en México que se sigue editando. Condujo el Foro de la Mujer en Radio Universidad y asistía a reuniones de las organizaciones de defensa de derechos humanos, como la Agrupación Internacional de Mujeres contra la Represión.

En la década de los 70, tres de sus hijos se involucraron en la guerrilla guatemalteca. En 1980 fallece Juan Pablo, el menor de ellos, y pocas semanas después, su esposo de muerte natural. Gilda Salinas, en el libro Alaíde Foppa /el eco de tu nombre, cuenta cómo el dolor de la muerte de sus seres queridos cambió a la poeta: “La tristeza se convirtió en rabia, rabia en cada una de sus células, en las neuronas, en los dedos que empuñaron la máquina de escribir, en las cuerdas bucales”.

Sus textos y sus programas de radio se volvieron más agresivos contra la situación en Guatemala. Se reunió en Nicaragua con los jefes guerrilleros. “Yo estoy convencida de que fue como la maduración de un proceso, de su vinculación a movimientos sociales que empezaron con las mujeres, y a partir de allí, también con los hijos”, afirma Solórzano Foppa.

Es probable que la última vez que Alaíde vino a Guatemala supiera que su vida peligraba. La noticia de su desaparición corrió rápidamente. Luz Méndez de la Vega se enteró por doña Julia Falla, la mamá de Alaíde. Nada pudieron hacer.

En 1999, Julio Solórzano Foppa, hijo mayor de la escritora, fue uno de los iniciadores, junto a la Fundación Rigoberto Menchú, del proceso que se sigue en España contra Donaldo Álvarez Ruiz y otros funcionarios por los delitos de tortura, genocidio y terrorismo de Estado. El caso de Alaíde Foppa se menciona en el tomo 3, capítulo tercero, de Rehmi.

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Responses

  1. La poetisa guatemalteca Alaíde Foppa Falla (1914-1980) escribió en su poema “Soledad” (1955) refiriéndose a doña Beatriz de la Cueva:

    “Como frío celo,
    hablaba de alzar campanarios,
    edificar conventos,
    construir templos,
    porque Dios no cabía
    en su estrecho corazón.
    Acudía a la misa cotidiana
    sin bajar la cabeza,
    los ojos secos de mirar tan lejos
    y de no llorar.
    Ay, desdichada,
    en qué prisión te encerraste:
    la peor soledad es el orgullo,
    árido suelo, noche fría,
    soledad sin salida y sin consuelo.”

    Tomado de:
    Foppa, Alaíde; “Viento de primavera”. Con estudio preliminar “Alaíde Foppa: realidad y poesía”, de Luz Méndez de la Vega. Guatemala: Ministerio de Cultura y Deportes, Editorial Cultura, 2006. Página 67.

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