Posteado por: diariodelgallo | marzo 4, 2010

AURA MARINA ARRIOLA

Por Juan Fernando Cifuentes

La azarosa vida relatada por la antropóloga y exguerrillera Aura Marina Arriola en Ese obstinado sobrevivir, tiene varias características del género testimonial, pero no todas. Es un relato memorioso de su vida, vinculada a la lucha revolucionaria y a su militancia en el Partido Guatemalteco del Trabajo.

No es una novela, tiene más la semejanza de las memorias, aunque ella le llama “auto-etnografía”. Podría ser una autobiografía pues relata aspectos cruciales de su existencia a profundidad, pero carece de correlación cronológica y del detalle que caracterizan al género. Del contenido se deduce que son varias las circunstancias que pudieron determinar el rumbo que tomó la vida de la narradora. Arrancan estos desde la niñez y trata de explicarlos por algunos aspectos personales, como haber tenido una madre indiferente y un padre que claudicó ante el enemigo.

Adicionalmente, la itinerancia de su padre diplomático, siendo niña, le provocó una especie de desarraigo geográfico. También influyeron las amistades comprometidas con el movimiento internacional de la izquierda, que la pusieron en un camino del que ya no pudo retirarse. En esto la mantuvo firme, como a la gran mayoría combatiente, la seguridad (equivocada) en el cercano triunfo de la revolución.

Como documento, el libro es valioso porque cumple con el requisito de lo testimonial de informar parte de los acontecimientos que explican los sucesos registrados en la historia oficial. Aunque por definición, no se le puede considerar dentro del género de la literatura testimonial, que es el medio para escuchar la voz del otro, de subalterno marginado y víctima del poder hegemónico. No obstante esta formalidad, la evocación y el registro de los hechos en los que participó o que fueron presenciados por la autora, le proporcionan a su obra un gran valor testimonial. Es la parte de la historia underground, en la clandestinidad, en los entretelones de la vida aparente.

En ningún texto de la historia oficial ni en otros, se encuentran datos de la lucha armada en Guatemala relativos a los protagonistas anónimos, quienes, como Aura Marina, tuvieron actuaciones determinantes en el desarrollo y final de la contienda. Aparte de las consideraciones ideológicas y subjetivas de la autora.

La primera etapa en la década de los años sesenta, me pareció de mucho interés, principalmente porque yo recojo algo de esa delirante década en mi novela Querido marzo ven. En mi caso es ficción y no pretendo que se lea como otra cosa. Quizás si la obra de Aura Marina hubiese sido anterior a la novela, podría pensarse que las memorias de ella proporcionaron parte de la información que sirve de marco en mi libro. Por supuesto que yo me apoyo, para la construcción del marco histórico, en mis recuerdos de lo que percibí desde fuera y en recortes de prensa de la época. Ella tiene la “certeza” que da la focalización desde adentro, y el protagonismo de la participación en muchos de los acontecimientos que marcaron el período. Destaca en ello lo relativo a la hermosa gesta estudiantil de las jornadas de marzo y abril de 1962.

Otros personajes de la historia real de esos días que también figuran en algunos de mis cuentos de guerra, publicados con el nombre de Gran Cañón y en novelas como Libertad por ti viviré, de Rubén López Marroquín, son el Comandante Luis Turcios Lima, Marco Antonio Yon Sosa y Luis Trejo Esquivel. En la memoria de Arriola, son sujetos de carne y hueso de la historia y su presencia no es producto de la ficción.

Sufrir por una causa

En el aspecto personal de la autora, cuenta un evento que sucedió cuando apenas cumplía 25 años. Es la parte en que enferma por primera vez, estando embarazada de su primer hijo. Es un momento de gran dramatismo, aunque la narradora la describe con suma sencillez. Las repercusiones en su vida fueron trascendentales.

A raíz de la caída de una casa de seguridad en la cual se cuidaba de los quebrantos de salud que padecía, y de la detención posterior, más tarde se le acusa en el partido de responsabilidad en el suceso y en la captura de varios compañeros de la organización. Ella se defiende en una carta que aparentemente no fue tomada en cuenta por el tribunal disciplinario del Partido. Es sancionada dejándola en suspenso. Ella, entregada totalmente a la lucha, no soporta la sanción y renuncia definitivamente al partido.

La carta en algún momento parece lastimera y probablemente de ahí derive su ineficacia argumental.

Para una mujer tan especial, tan contestataria y tan crítica en todos los actos de su vida, las experiencias afectivas que menciona no tenían posibilidades duraderas. La primera con el comandante Ricardo Ramírez, en la Sierra de las Minas y en Cuba; la otra con Valentino Parlato durante los fugaces años de pasión con él en Italia. Fue también difícil la relación con sus hijos a quienes abandona por el compromiso revolucionario.

Es el drama de una vida en libertad. Sin ataduras, sin el anclaje seguro que busca todo ser humano. Esa libertad se pagó a un alto precio que cualquiera de nosotros nunca estuvimos dispuestos a pagar. Ella sí lo hizo.

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