Posteado por: diariodelgallo | abril 2, 2010

ACERCAMIENTO A LA POESÍA RELIGIOSA DE LA ETAPA COLONIAL

Investigación por:

Marlen Calvo Oviedo*
Ivannia Barboza Leitón*

La historia de Centroamérica se encuentra muy ligada con el desarrollo de la Iglesia Católica Romana y  sus  instituciones, por  su  relación  con el  Imperio Español,  lo  que  es  natural  debido  al proceso de conquista y colonización que implicó el  traslado de  los sistemas político, social y económico del Imperio a las tierras conquistadas.

Las  sociedades  de América  colonial  surgen  de  una  estructura  de  dominación  impuesta por  la metrópoli. Los  grupos  étnicos  y  sociales buscaban el reconocimiento del Estado colonial y una vinculación institucional con el Estado como única fuente de legitimidad.

En el siglo XVI se debilitaban los organismos que fueron contrapeso al poder de los monarcas  en  la Edad Media,  con  lo que  se  convierten éstos y  su corte en el centro de  la estructura de poder, lo cual dará como resultado el fundamento  ideológico  más  importante  de  la  monarquía hispánica,  como  lo  fue  su  carácter  patrimonial:

“El rey no era parte de una estructura de poder sino la fuente de toda legitimidad”. Bajo  este  principio  se  fundaron  las nuevas bases para “una nueva sociedad, que  inició  su  fundación  aproximadamente  a mediados del siglo XVI, con  la conclusión de  la conquista de  los  territorios  situados  a  lo  largo  de  la  costa centroamericana (Océano Pacífico). El  establecimiento  de  la  Audiencias  o Tribunales con  funciones,  legislativas, ejecutivas y  judiciales,  creó  una  presencia  de  competición que disminuyó el poder de los conquistadores. No obstante,  la corona, por un sinfín de situaciones, sobre todo de orden económico, no podía solventar  el  estilo de vida  apropiado  a  las  autoridades enviadas a América Central, por lo que la corona aplica  el  principio  de  dividir  para  reinar.  Así sus  territorios  estaban  subdivididos  en múltiples jurisdicciones  que  competían  entre  sí,  con  lo que  se  garantizaba  la  no  formación  del  sentido de  identidad  en  las  colonias,  y mantenía  así  la identidad  de  éstas  en  estrecha  dependencia  con la metrópoli.

Para  el  siglo XVII,  en  cuanto  a  las  relaciones  entre  las  élites  y  el  Estado  colonial,  en Centro América, se dan dos procesos: uno interno y  otro  externo.  “El  interno  fue  el  empobrecimiento  de  los  grupos  dominantes  locales”,  a  los  que  le  correspondió vivir  en  una  sociedad  aislada  de  los  circuitos comerciales que  les permitiera vincularse con el mercado europeo.

“El  proceso  externo  fue  la  crisis  financiera  endémica  de  la  monarquía  española”.  Ésta  determinó  las  nuevas formas  de  relación  del  Estado  con  los  grupos dominantes americanos. Es así como las audiencias que con una burocracia selecta venida de las universidades peninsulares  representan  la piedra angular  de  la  estructura  del  poder  real  sobre  el imperio.

En el contexto descrito la Iglesia colonial, separada apenas por un fino y casi imperceptible hilo del Estado colonial viene a ser un sistema de poder en todos los sentidos. Ésta no se preocupaba solamente por la catequización de la población indígena,  sino que  también  funcionaba como un brazo del Estado.

La  Iglesia,  entonces,  ejercía  un  poder  de control  social  en  todos  los  actos  de  los  hombres  y  mujeres  de  la  época  y  en  sus  vidas, durante  todos  los  períodos  de  su  existencia  “se movían  al  impulso  del  sentimiento  católico”.

La  dominación  de  la  Iglesia  Católica, entonces,  no  fue  puramente  espiritual,  abarcaba también ámbitos ideológicos como: la educación, las producciones literarias o artísticas y otros, ya que  debían  generar  en  las  colonias  un  afianzamiento católico moral.

Durante los siglos XVI y XVII la conquista de fe se da en el Nuevo Mundo en dos formas diferentes:

a.  La que llevaron a cabo los frailes y misioneros de distintas órdenes religiosas.

b.  La  Iglesia  católica  como  representante y  depositaria  de  los  poderes  económico-político y social. Este segundo punto es el que se impone en la Colonia.

El mundo  de  las  letras  centroamericanas durante los dos primeros siglos de la época colonial se distingue por un desarrollo lento y de poco alcance.

Con la introducción de la imprenta en 1660 en  la  ciudad de Santiago  (Guatemala)  fray Payo Enríquez de Rivera, Obispo de Guatemala, logra instalar  el  primer  taller  de  producción  impresa, reflejo de un desarrollo tardío de las letras.

En  los  siglos XVI  y XVII  la  producción literaria poética centroamericana fue muy escasa por  razones  de  alfabetización.  La  ausencia  de la  imprenta  provocó  que  mucha  de  la  literatura  circulara  en  forma manuscrita,  restringiendo indudablemente  la  capacidad  de  alcance  de  las obras.  Además  debe  tomarse  en  cuenta  que  la producción y la divulgación de la literatura estaba determinada  por  el  Estado  y  la  Iglesia.  En  este período,  los  dueños  de  imprentas  debían  pedir permiso  a  los  agentes  del  Santo  Oficio  de  la Inquisición, quienes les exigían licencia expedida por un  juez civil y generalmente por una autoridad eclesiástica, para su funcionamiento. Era  un  período  difícil  en  el  cual  no  se estimulaba la creación literaria imaginativa, se le concede mayor importancia a la temática religiosa, que resulta en una producción poética de esa naturaleza.

Algunos autores de la época que se suelen citar como centroamericanos son: Don Pedro de Liébana deán de la Catedral de Guatemala, Juan de Mestanza,  y Baltasar  de Orena,  naturales  de España quienes vivieron en Guatemala en el siglo XVI y Juana de Maldonado y Paz quien ha sido llamada “La primera monja poetisa de América”.

Con  la  Conquista  llegan  a América  varios modelos  de  la  cultura  española  y  dentro  de  ellos algunos relacionados con la escritura: el fraile catequizador, los cronistas y los funcionarios reales.

La  historia  literaria  del  istmo  ha  sido menos estudiada que  la historia política, sólo  las crónicas  han  representado  el  mundo  literario  o bien,  el mundo  escrito  desde América.  Por  una parte,  los  conquistadores  Pedro  de  Alvarado  y Bernal Díaz  aportaron  textos  de  valor  histórico para  Centroamérica.  Por  otra  parte,  algunos funcionarios  reales  como  Eugenio  Salazar  de Alarcón y Baltasar de Orena así como  Juana de Maldonado y Paz aportaron textos literarios poéticos a la producción del período.

Caracterizamos a la poesía religiosa como toda  forma de expresión  lírica que en  su  temática  opta  por  establecer  relaciones  entre  el  yo lírico, Dios y los dogmas e ideologías planteadas por  la  Iglesia Católica  y  que  están  en  armonía con ellos.

Este  tipo  de  poesía  en  Centroamérica colonial es de tradición española, por lo tanto, en forma y contenido se apega a esta manifestación.

David Vela al  referirse a  la poesía  lírica, que  se inicia en Guatemala a la segunda mitad del siglo XVI  apunta:  “Nuestra  literatura  tenía  que  ser por entonces directo reflejo de la española, sobre todo  por  sobresalir  entre  nosotros  numerosos peninsulares (…)

Las  producciones  literarias  de  la  primera  época  de  la  conquista  fueron  manuscritos o  impresos  fuera  de  Centroamérica  e  incluso muchos de ellos quedaron  inéditos por  lo que es necesario  aclarar  que  la  información  sobre  los autores de estos dos siglos es escasa. De algunos autores solo se conoce su nombre o se mencionan sus obras, no existen biografías y muchas veces, aunque se mencionan, no aparecen los textos que se les atribuyen.

En cuanto a los textos producidos por autores coloniales se duda incluso si les pertenecen o les  fueron  adjudicados.  En  estudios  posteriores, cronistas  e  historiadores  se  encuentran  en  desacuerdo de quiénes eran los verdaderos autores.

Como  consecuencia  del  escaso  material al que pudimos tener acceso hemos seleccionado un  corpus  compuesto  por  tres  textos  y  autores representativos  de  los  siglos XVI  y XVII  de  la Colonia, para nuestro trabajo, ellos son: Juana de Maldonado y Paz, Baltasar de Orena y Eugenio Salazar  de  Alarcón,  todos  escritores  de  poesía colonial  religiosa,  quienes  publicaron  sus  textos en Guatemala.

Los motivos de  inspiración de estos autores y de la autora son los siguientes: las vidas de los santos; la fecunda existencia de Santo Tomás de Aquino  y algunos padres de  la  Iglesia;(…) la dulzura  inmaculada  de  la  virgen;  a  la  gloriosa belleza  del  niño  Jesús,  en  himnos,  sonetos  y villancicos de Navidad.

David Vela afirma  respecto de  la producción literaria de la época colonial y aun post-independista: “(…) los escritores van desenvolviendo el  carácter  peculiar  de  la  lengua  romance  de la  madre  patria,  e  incorporan  valores  populares  –  nuevas  palabras  o  valores  literarios, nuevos  giros  y  enlaces  locutivos  -,  al  acervo común”.

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