Posteado por: diariodelgallo | abril 2, 2010

LA POESÍA EN QUETZALTENANGO de Rigoberto Bran Azmitia

Con el título entrecomillado que arriba reproducimos, el eximio poeta quezalteco Carlos Wyld Ospina, que si bien nació en la Antigua Guatemala, hizo acendrada querencia en Xelajú, donde publicó un interesante estudio sobre los poetas que Quezaltenango había dado al mundo, trabajo que recogió la Revista “Estrella de Centroamérica”, en su edición de noviembre de 1947.

Decía Wyld Ospina, hace años: “No quiere este bosquejo perfilar a Quezaltenango como cuna de vates, no obstante la relativa riqueza de su parnaso.  Sólo intenta delinear el aspecto ya insinuado: Quezaltenango en la poesía; no la poesía en Quezaltenango; tema que el autor acaso desarrollará más tarde, si los hados se le muestran amigos…”Creemos que nunca lo hizo, o por lo menos lo desconocemos.

Pero, siendo que Wyld Ospina centra su estudio en los poetas quezaltecos y no en Quezaltenango como fuente de inspiración poética, conviene, a la par que agrada, reproducir interesantes apreciaciones de su estudio; leámosle: “Una ciudad cándidamente tendida en su valle con borde de montañas… cíñela en la llanura fértiles trigales… Planicies de Canaán americano… Arriba un cielo de nácares azules y blancos bandera de mi patria… Callejuelas retorcidas… donde el caserío se apretuja… Panorama infantil… navideño y eglógico de nacimiento criollo”… Etcétera.

Y prosigue: “En las grandes ciudades se incuban grandes culturas.  Una civilización no principia en la urbe multicelular sino en el poblado agrícola, convertido poco apoco en centro industrial.

Atenas fue la ciudad de las ejemplares experiencias políticas y del audaz pensamiento filosófico.  Corintio forjó el gran Anfictionado que tanto brillo dio a la Hélade.  Siracusa produjo a Arquímedes, y pudo ilustrar, ella sola, la historia del mundo antiguo.

Y el celebrado lirida, sentencia: “Quezaltenango en Centroamérica, ha sido baluarte de la libertad civil, fragua del trabajo y asiento tradicional de las bellas artes.  Posee un antiquísimo abolengo… Y ella a lo largo de los siglos como las pequeñas ciudades griegas del Mediterráneo y las ciudades-estados de la península latina, llevó su influencia sobre toda la nación guatemalteca y más allá, hacia Chiapas, al norte; y hacia las provincias de El Salvador y Honduras, al sur… Su blasón pudo ostentar, al lado del gorro frigio, el Lis, delicado emblema de la realeza y la poesía”.

Y, como una enunciación a este parnaso, Wyld Ospina, dice: “De esto nace, sin duda, el hecho singular de que, entre todas las ciudades centroamericanas, Xelajú haya sido aquella  a la cual cantara mayor número de poetas, célebres algunos en Hispanoamérica; y además, la morada, transitoria o permanente de muchos de ellos”.

Y para el caso de la Historia de los poetas quezaltecos, Wyld Ospina se ocupa en hacer una reseña de “los primeros cantores de la pequeña ciudad ilustre”.  Y es claro al decir que: “No me remontaré ala etapa romántica de la poesía anterior al movimiento modernista iniciado en Guatemala por el año de 1912-  Durante ese extenso período, el romántico y el neoclásico, no aparece ningún  gran cantor de la ciudad altense ni de su medio montañés ni bucólico”. Y a continuación cita al primer poeta quezalteco Carlos González Afre, quien “No obstante su melancolía y pasión, no le cantó a su ciudad”.

Pero es pasado 1918, nos dice Carlos Wyld Ospina cuando se instituyeron los Juegos Florales Centroamericanos que la metrópoli de los Altos se hace objeto de poemas laudatorios y se manifiestan sus grandes cantores.

Y en el orden cronológico, Wyld Ospina cita el primer poema de aliento que se lanza al mundo, hacia 1919: alude a la “Ciudad de las Cumbres”, y de la cual él es autor; aquella que reza: “Ciudad de las historias romancescas”…

Luego se refiere a la ofrenda lírica de Porfirio Barba-Jacob a Quezaltenango; ciudad a la que le dedicó su consagrado poema “La Ciudad de la Estrella”, que vio luz pública por vez primera en 1919.

Como lo hemos referido, Carlos Wyld Ospina, junto con hacer un análisis preceptivista de cada composición, reproduce parte de las mismas; y además, hace una cronología de los cantos dedicados a Quezaltenango, aportando breves datos biográficos de sus autores.  Así, en su trabajo, señala a los siguientes poetas que, siendo quezaltecos, le han cantado a Quezaltenango; y a otros, que no siéndolo, se sintieron, hijos de la tierra, por haberla hecho su querencia, y también la ponderaron: Rafael Arévalo Martínez, Francisco Méndez, José Santos Cocano, Alberto Velázquez, Víctor Villagrán Amya, Angelina Acuña, Malin D’Echevers,, María del Pilar, Tirso Córdova, Antonio de la Roca y Emiro Fuensanta.

Y a propósito, antes de seguir adelante, digamos: que ya existe un Parnaso Quezalteco, del cual es autor el distinguido pedagogo y sensitivo poeta J. Antonio de la Roca, entrañablemente quezalteco.  Su obra se publicó hace algunos años, pero es un parnaso de autores quezaltecos; es decir, de poetas quezaltecos.

Nuestra recopilación también lleva el título de PARNASO QUEZALTECO, con el subtítulo “De todos los tiempos”.

Y es que en el mismo recogemos numerosas composiciones dedicadas a Quezaltenango en sí: a ciudad, volcanes, paisaje, historia, personas y personajes…, etcétera.  Un parnaso que, al consultarlo se escucha la voz de sus propios poetas, hijos de la región, de la Patria y de otros países.  Y es que, si alguna vez Antigua era la ciudad más cantada por los poetas, nacionales y extranjeros, ahora tenemos que coincidir con lo que dice Carlos Wyld Ospina: Que Antigua y Quezaltenango, en poesía y en poetas, se hacen de ojos.  Leámoslo: “ Pero el lector puede estar seguro de que no faltan los grandes cantos unidos en apretado haz de florilegio, único en los anales literarios de Centroamérica, si exceptuamos el caso de Antigua Guatemala –Bella Durmiente en su arcaico valle-, al lado de la cual Quezaltenango ejerce su singular soberanía…”.

Y Carlos Wyld Ospina epiloga: “He dado término a esta breve y deshilvanada reseña de lo que significa Quezaltenango en la poesía, a través de los últimos 30 años: tres décadas que fija una adolescencia lírica.  Y es que no figuran aquí todos sus poetas amadores, por fuerza considerada la índole de este bosquejo, ha de haber lagunas y omisiones involuntarias”

Igual coas repetimos nosotros.  No buscamos de ninguna manera hacer un estudio del movimiento poético quezalteco; es decir: analizar poesía y poetas a través de más de cien años, puesto que el primer poema dedicado a Quezaltenango, data del año de 1873 y que recogió Ramón Uriarte en su “Galería Poética Centroamericana”, en ese mismo año.  Simple y sencillamente nos dimos a la tarea de recopilar todo poema dedicado a Quezaltenango, aprovechando el libro, el periódico, la revista y el álbum.  La cosecha ha sido abundante y de buena calidad; aunque claro está, muchos poemas o composiciones hubimos de apartarlos, por ser simples “in promptus” o bien, porque en muchos casos más de un poeta aportó una docena…  Y es que Quezaltenango es una fuente de eterna inspiración.

Carlos Wyld Ospina escribió su enjundioso trabajo, aunque él lo califica de “deshilvanada reseña”, en 1947, ahora han surgido nuevas y pujantes voces.  ¡Y en qué número, como puede comprobarse! Mucho han dejado los Juegos Florales organizados por la municipalidad altense en 1918.  Y en más de una ocasión, los poemas premiados han sido eso: cantos a Quezaltenango.

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Responses

  1. muchos cantamos en la lejania recordando a la tierra amada con dulce y lenta nostalgia que hace que cada noche recordemos la luna en el cielo tapizado de estrellas, xelaju, xelaju, canta mi corazon, mi tierra, sus paisajes sus mujeres, donde estan esas lindas quetzaltequitas de mejia rojitas y labios como fruta fresca que se antoja, un dia no muy lejano regresare y sera para nunca mas alejarme de tu seno, que me cobija y hace que la inspiracion nazca de lo profundo de mi corazon ……..

  2. En 1947 el abogado e historiador Manuel Coronado Aguilar (1896-1982) escribió su novela “El Año 2001”; quizá inspirado en el poema de Carlos Wyld Ospina la dedicó:
    “A los rotarios del mundo, en especial a aquellos que laboran más cerca del sol: los de la ‘Ciudad de las Cumbres’, Quezaltenango.”
    Dicha novela fue publicada en 1959.

  3. Excelente página, los felicito! Me encantaría ver y leer algo sobre J. Antonio de la Roca Aldana, poeta laureado, quezalteco.
    Gracias.

  4. hola q bonito


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