Posteado por: diariodelgallo | abril 18, 2010

LA CALUMNIA de Vicenta Laparra de la Cerda

El lector descubrirá en La Calumnia, no sólo una novela publicada en la última década del siglo XIX (1894), sino una hábil y decidida incursión en el Naturalismo, estilo que fuera llevado a su máximo esplendor en la literatura guatemalteca por el reconocido escritor Enrique Martínez-Sobral (1875-1950).  En efecto, doña Vicenta Laparra de la Cerda se sirve de un tema que ha afectado profundamente las entrañas morales de toda sociedad organizada.

Con gran conocimiento de la naturaleza humana, de lo desagradable que ésta puede llegar a ser, así como de las lamentables consecuencias de conductas enfermas por las vilezas del egoísmo, la autora hace uso de una amena, suave y delicada prosa, presentando los increíbles contrastes existentes entre el bien y el mal, entre la gente síquicamente sana y la gravemente enferma por los vicios cultivados desde los albores de la vida.

La repugnante Carlota Espay representa a la venenosa araña que, con natural despecho en su ser y sin escrúpulo alguno, teje una eficaz tela, valiéndose de la pasión desenfrenada e irracional de Arcadio Basela, para lograr la infelicidad de sus bondadosas víctimas, la encantadora y angelical Adriana Betel y el gentil y apuesto caballero Carlos Ansilo, así como la desgracia de todos sus seres queridos.  La detestable calumnia, el incalificable vicio, va cobrando cuerpo y arrasando con cuanta situación se presenta, cuyas consecuencias son peores que las causadas por un terremoto o un huracán.   En el libro, a manera de prólogo, la escritora Rafaela del Águila, sabiamente reaccionan contra el flagelo y enfáticamente nos recomienda: “…dejad que las víboras se muerdan entre sí, que los gusanos se arrastren; pero no cortéis las alas en que el ángel puede remontarse al cielo, no llenéis de amargos desengaños el corazón de la mujer, no manchéis la reputación ajena y arrancad, sí… arrancad la lengua a los calumniadores para que sirva de pasto a las fieras, y no sólo le habré si hecho un gran bien a la sociedad, sino que la humanidad podrá entonces gozar de verdadera paz e inalterable tranquilidad.

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  1. VICENTA LAPARRA DE LA CERDA (1831-1905)

    Con ligeros cambios en la presentación, y la inclusión de dos obras en la lista de su producción literaria, a continuación se transcribe el perfil biográfico de “La poetisa cautiva”, editado por la Asociación Cultural Vicenta Laparra de la Cerda en la solapa de la novela “La calumnia”, escrito por Luis Maldonado de la Cerda.

    “Vicenta de la Soledad Laparra Reyes, nace en la ciudad de Quetzaltenango el 5 de abril de 1931 y muere en la ciudad de Guatemala, meses antes de cumplir 74 años, el 29 de enero de 1905. La hermana mayor, Jesús Laparra (1820-1877), conocida como la ‘poetisa mística’, se hace cargo de su educación. Siendo soltera destaca como solista de bel canto y colabora con don Juan Matheu en varios conciertos organizados a beneficio del Teatro Carrera y del edificio de la Sociedad Económica.

    Al casar con don César de la Cerda Taborga, se da a conocera como VICENTA LAPARRA DE LA CERDA.

    Madre de ocho hijos, de quienes únicamente María Josefa, Anita y Salvador tuvieron descendencia.

    Directora del Colegio Nacional de Señoritas en San José, Costa Rica; de la Escuela Nacional de Niñas en Santa Ana, El Salvador; y, del primer colegio de párvulos de Guatemala, fundado por ella.

    Defensora de los derechos de la mujer y del indígena.

    Una de las primeras periodistas de su género en Guatemala, fundadora de los periódicos La Voz de la Mujer (1885) y El Ideal (1887), así como de la revista de La Escuela Normal (1894), todos dirigidos y redactados por mujeres.

    En el Primer Congreso Pedagógico Centroamericano (1893) celebrado en la ciudad de Guatemala, presenta su famosa ponencia ‘La Civilización de la Raza Indígena’.

    Conocida como ‘la poetisa cautiva’, por padecer larga invalidez que la sometió a una silla de ruedas.

    Reconocida como la creadora y fundadora del Teatro Nacional, pues fue la primera autora que puso en escena su producción dramática. Es grande el número registrado de las exitosas presentaciones dramáticas de la autora en el Teatro Colón, a cargo de diferentes elencos y compañías.

    Destacada escritora de finales del siglo XIX, autora de cantidad y calidad de obras como las siguientes.

    Novelas grandes:
    • La pendiente del crimen
    • La virtud y el vicio

    Novelas pequeñas:
    • La venta de un corazón
    • Julia de Castelo
    • La calumnia (1894)
    • El huérfano
    • Víctimas del vicio
    • La úlcera cancerosa
    • Un ángel en la escena
    • Hortensia (1896)

    Dramas:
    • La flor entre espinas
    • El ángel caído
    • La esposa infeliz
    • La calumnia (1894)
    • El honor y el deber
    • La virtud a prueba
    • Los lazos del crimen
    • La caridad
    • Una hija maldita (1895)
    • Tempestades del alma (1896)

    Comedias en un acto:
    • La moda
    • Un quid pro quo
    • ¿A quién leo mi drama?
    • La niña traviesa

    Poesías:
    • Ensayos poéticos

    Prosa:
    • La mujer en Guatemala

    Zarzuelas:
    • La coqueta
    • ¿A quién se aprecia?
    • La esclava Lía
    • ¡Se van las ilusiones!

    Estudios didácticos:
    • Pequeño tratado de declamación
    • Resultado de la Escuela Moderna: el Naturalismo en literatura
    • Memoria perdida de don Gaspar Núñez de Arce, sobre la creación de empresas editoriales

    Poemas:
    • Mártir sin palma
    • Lola
    • Luz y sombra

    En honor de la destacada guatemalteca, la Escuela Nacional de Párvulos No. 14 ubicada en la zona 7 de la ciudad capital, lleva su insigne nombre desde el año 1945.

    La Asociación Cultural Vicenta Laparra de la Cerda (fundada el 25 de mayo de 2001), está encargada de la guardianía de la Orden que también lleva su nombre; la cual se otorga, cada cierto tiempo, a una o más mujeres centroamericanas cuyos méritos las han hecho destacar en el periodismo, la dramaturgia, la literatura, las artes o las ciencias. Otro objetivo de la entidad consiste en recopilar, editar y dar a conocer la extensa obra de la referida autora.”

    Cabe hacer notar que la Asociación publicó las siguientes obras de la autora:

    • “La calumnia” (1894). Guatemala: Librerías Artemis Edinter, 2005.
    • “Hortensia” (1896). Guatemala: Tipografía Nacional, 2006.
    • “Tempestades del alma”. Drama en tres actos y en verso (1896). Guatemala: Editorial Cultura, Ministerio de Cultura y Deportes, 2008.

    De las páginas de “La calumnia” a continuación se anotan algunas citas especiales:

    • “¡Oh calumnia, calumnia detestable! ¿quién me diera los rayos del Sinaí para destruirte y la pluma de Víctor Hugo para denostarte? Tú, anatema social, brotas de los corazones podridos como los miasmas pestilentes y deletéreos brotan de los inmundos albañales. Tú, al vibrar tus dardos envenenados sobre tus víctimas, condensas las sombras, matas la dicha, disipas las más bellas ilusiones, coronas de espinas la frente de la virgen, haces imposible la ventura de los esposos, abres mares de llanto en el hogar doméstico, hieres el alma, desfibras el corazón, y te gozas en la contemplación de los dolores que causas. Tú, como un vapor de infierno, como una lluvia incandescente te derramas en el mundo, manchas la honra inmaculada, y haces prosélitos que, como tú, se gozan en la desgracia y los tormentos de los infelices que reciben tus saetas.
    Pero ¿cuál es tu origen, asqueroso vicio, que siendo tan reprochable te introduces en todas partes? ¡Ah! Tu origen es la envidia; por eso te ensañas contra el mérito, por eso hacer sufrir al sabio, a la hermosa, al bueno y a todo aquel que brilla por sus prendas físicas o morales. La envidia y tú, vais siempre unidas. Sutiles como el viento; penetráis a los salones artesonados de los ricos y a la triste mansión del proletario. Agitáis el alma del malvado, y lo que es peor: el corazón de la mujer, ese corazón que Dios creó para que fuese santuario de virtudes y sentimientos nobles, le sabéis convertir en nido de rasconas víboras, y de los labios purpurinos de las bellas, suele brotar tu fétido aliento, calumnia infame y eternamente maldita; que envileces al calumniador y manchas la honra del calumniado.” (Páginas 3 a 4).

    • “¿En qué círculo social, en qué baile, en qué paseo no estás tú, calumnia menguada, afeándolo todo y poniendo en juego la murmuración y la chismografía? ¿Quién puede librarse de tu maledicencia, si las acciones más sencillas las interpretas a tu antojo y las censuras a tu antojo? ¿Quién puede librarse de tus ataques si la salsa de las conversaciones es la crítica mordaz y chispeante, con que las lenguas viperinas creen amenizar los festines?” (Página 4).

    • “¡Oh!, los hipócritas son los seres más detestables que existen en el mundo. Con cuánta razón Jesús les llamó con sus divinos labios: raza de víboras. El agresor que hiere a cara descubierta se expone a ser castigado, lucha con armas iguales y su maldad, si es grande, por lo menos no es tan vil; pero el hipócrita, el traidor que, llamando amigo al ser que aborrece, madura en la sombra planes siniestros para perderle, comete una acción de incalificable crueldad.” (Página 10).

    • “Pero la calumnia es atroz. Siempre haya quien la propale. Siempre hace eco entre las gentes de mal corazón que gozan con el mal ajeno y basta con que algún maldiciente arroje la primera chispa para que estalle un incendio.
    -Se dice que fulana o perencejo han cometido un crimen —murmura algún desocupado— y aquel “se dice”, repetido por mil y mil bocas, es como la mancha de aceite que se extiende y no se borra nunca; es como la bola de nieve que crece y crece hasta formar un alud, una inmensa avalancha que al desabordarse arrastra y destruye cuanto encuentra al paso.
    ¡Oh calumnia, calumnia, mil veces maldita!” (Páginas 22 a 23).

    Sin exponerlo abiertamente, en la novela “Hortensia” (1896) la autora retoma el tema de la calumnia:

    • “Lo peor del caso era que todos calificaban a la bella Hortensia de coqueta refinada, de esas que a todos ponen cara alegre, que escuchan complacidas los galanteos y que sólo anhelan conquistar corazones para atarles a su carro triunfal, como trofeos de sus victorias. Y lo que pensaban los cerebros lo decían los labios (…)” (Página 43).

    • “Los hijos no pueden ser responsables de las faltas de los autores de sus días; pero la sociedad suele cometer susa injusticias. Existe en el mundo una joven, un ángel de la tierra que por sus virtudes y su mérito intrínseco merece toda clase de consideraciones; pero la infeliz es hija de padres desconocidos y las gentes la desprecian, viendo en ella un renuevo de iniquidad, y hasta se permiten herirla a mansalva, creyendo a puño cerrado, que la joven trae en la sangre el germen del mal, y con frases indecentes y por demás vulgares, la ponen en ridículo, diciendo:
    —Es muy guapa; pero yo no me casaría con ella, porque hija de gata, caza ratón.” (Página 139).

    • “—Voy a interrogar a Hortensia, y… ¡Ay de ti si la calumnias! ¡Oh! ¡Te arrancaré la lengua!” (Página 156).

    Así también, Vicenta Laparra vuelve al tema de la calumnia en Tempestades del alma. Drama en tres actos y en verso (1896), utilizando la palabra en por lo menos doce ocasiones, páginas 41, 59, 77, 79, 81, 85, 91, 92, 95, 96, 97 y 99, y es que dichas tempestades son precisamente las relacionadas con el amor que Ernesto declara a Marta, no obstante ser amigo y socio de Carlos su esposo; ella rechaza a Ernesto pues aunque sabe que su esposo le ha sido infiel, la sociedad no le perdonaría pagarle con igual moneda, pues él es hombre. Tula se entera y levanta la calumnia contra Marta, envenenando la mente no sólo de Carlos sino la de su propio padre. Al final Tula se suicida de un disparo.

    • “¡Odiosa calumnia!
    (…) Yo repito lo que dicen
    Sin saber si es falso o cierto.” (Página 59).

    • “Pero ¡ah de pesar mi muerte
    Sobre mis calumniadores!” (Página 85).

    • Por las gentes calumniada
    Mira el mundo ensangrentado.” (Página 91).

    • Dile que fui calumniada
    Que me creyeron perjura;
    Que bajo a la tumba oscura…
    ¡Muy herida! ¡Pero honrada!” (Página 92).

    • ¡Qué horror la envenenadora
    Puso fin a su existir!
    (…) ¡Así debía morir
    La infame calumniadora!” (Página 99).

    Guatemala, 19 de Abril de 2010

  2. Me encanta la literatura y toda la historia envuelta en ella, por esa razón me suscribí a este blog. Me gustaba más la imagen que tenían anteriormente, en la cual podíamos visualizar la fuente del Parque Central de nuestra linda Guatemala.

    Felicitaciones por el trabajo realizado!

  3. Saver de nuestro legado literario es importante; en los centros educativos y en especial en el curso lengua y literatura muchas veces se descuida el conocer de todos los escritores guatemaltecos. Hoy me he interesado por conocer acerca del contenido de las obras de Vicenta Laparra de la Cerda, gracias a un programa homenaje a doña Vicenta en la Radio Universidad de Guatemala

  4. NO hay duda que Doña Vicenta Laparra nos ha legado un tesoro de literatura.
    He recomendado esta hermosa novela, donde podemos apreciar como una calumnia puede destrozar la vida de dos personas que por el error de no quererse ofender con la desconfianza, dan la oportunidad a Carlota una persona de bajos sentimientos a destruir su hogar. Utiliza un exquisito lenguaje.


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