Posteado por: diariodelgallo | junio 12, 2010

LA HISTORIA DE SAN MIGUEL PETAPA

Por Emily Mendoca/Diario la Hora

El doctor Daniele Pompejano, Profesor de Historia de América en la Università degli Studi di Palermo (Italia), reconstruye en este libro la historia del pueblo indígena de San Miguel Petapa, desde su conquista por las huestes hispanas hasta los albores del período Republicano, y esto es, de por sí, un hecho importante por el que hay que felicitarse. Sobre las ruinas del antiguo asentamiento pokomám de Popoyá, los frailes dominicos fundaron la reducción de San Miguel Petapa, muy próxima a la ciudad de Santiago de los Caballeros, futura capital de la Audiencia de los Confines. En la medida en que este libro focaliza su estudio en un pueblo del Valle Central de Guatemala, constituye un aporte sustancial a la historiografía de este país. Y, por lo tanto, es un gran acierto que el autor, tras una primera edición en Italia (2004), haya decidido publicarlo también en Guatemala. No obstante, para los que hemos tenido la oportunidad de manejar ambas ediciones, hemos de lamentar ciertos errores de traducción que, sin duda alguna, ensombrecen la edición en lengua española.

En el título del libro, la combinación de los topónimos Popoyá-Petapa resume a la perfección los contenidos del mismo, mientras que el subtítulo no se ajusta estrictamente a la realidad. Nos preguntamos por qué el autor ha preferido la utilización del término “Maya” en vez del de “Pokomám” para referirse a los habitantes indígenas de San Miguel Petapa entre los siglos XVI-XIX. Más teniendo en cuenta que, en los capítulos segundo y tercero de la primera parte, utiliza acertadamente el término de “Pokomán” para referirse al Reino que ocupaba la zona en vísperas de la Conquista. Vivimos en una época marcada por la globalización y, ahora más que nunca, es necesario el reconocimiento de las particularidades culturales y lingüísticas que fundamentan a las sociedades. De no ser así, caeremos en la misma perversión que los conquistadores españoles cuando denominaron “indios” a todos los habitantes del “Nuevo Mundo”.

El doctor Pompejano divide el contenido del libro en cuatro partes con un número variable de capítulos en su interior. En general, mediante un uso intensivo de crónicas y de documentación colonial, así como de bibliografía pertinente, el autor concibe un panorama lo más completo posible en el que se analiza la complejidad del cambio cultural que supuso para los pokomames la llegada de los españoles y el desarrollo de la Colonia en sus diferentes fases.

En la primera parte del libro que tiene como título “La Conquista” además de especificaciones metodológicas y reconocimiento de objeto de estudio, el autor realiza un análisis no demasiado extenso, a nuestro entender, de la sociedad pokomám en el siglo XV. Como es bien sabido, para hacer una correcta valoración de los procesos de cambio y/o continuidad de las sociedades amerindias tras la Conquista española, es absolutamente necesario conocer cuáles fueron sus planteamientos en época prehispánica. Únicamente desde esta amplia perspectiva temporal podremos analizar con éxito dicho proceso. Por lo tanto, en comparación con otras secciones del trabajo, en especial la segunda y tercera, esta parte adolece de un tratamiento relativamente menos profundo. Además, consecuencia de los años que median entre la primera y la segunda publicación de la obra, la bibliografía empleada resulta insuficiente y puede inducir a errores como el empleo de una periodización obsoleta como la de “antiguo imperio” (pág. 55).

La segunda y la tercera parte de esta obra constituyen el grueso de la investigación. Y, es precisamente en ellas donde el doctor Pompejano logra afinadas síntesis y presenta novedosos resultados e interpretaciones en terrenos como la etnohistoria y la historia. Concretamente, la segunda parte que lleva por título “La Colonia” versa sobre el implacable proceso conquistador que Pedro de Alvarado y sus huestes aplicaron a este territorio, así como sobre una de sus consecuencias más inmediatas, la fundación del pueblo de San Miguel Petapa. La llegada de los europeos al Valle Central de Guatemala supuso la desestructuración de los pueblos asentados en esta zona. La desigualdad en el plano político y administrativo, junto a la intolerancia e incomprensión de la cultura dominante impidieron el desarrollo de un intercambio equitativo entre ambas culturas. No obstante, al igual que sucedió en otras comunidades indígenas, a lo largo del siglo XVI en San Miguel Petapa se desarrolló un doble proceso. Por un lado, se intentó preservar el mayor número de rasgos característicos de su propia cultura frente a la imposición de otra totalmente ajena. Y, por otro, se inició un complejo sistema de adaptación que provocó una profunda reformulación de sus tradiciones prehispánicas tras la adopción de nuevos conceptos culturales hispanos. Dicho proceso, definido por Nancy Farriss1 como “aculturación estratégica”, buscaba hacer “algunos cambios” pero, al mismo tiempo, conservar elementos esenciales de la cultura prehispánica. Su complejidad es una muestra más de la enorme capacidad que tuvo la población de San Miguel Petapa para mantener vivos determinados rasgos identitarios fundamentales, consciente que del éxito de esta empresa dependía la supervivencia del grupo bajo términos propios aunque, definitivamente, en el marco del nuevo mundo que se abrió para ellos con la Colonia.

A continuación, en la tercera parte del libro, titulada “Un rico siglo XVII: desarrollo, identidad y nuevas jerarquías” se analiza el devenir histórico de dicha comunidad a lo largo del siglo XVII. Un siglo generalmente olvidado por la mayor parte de los historiadores, pero que el doctor Pompejano analiza en profundidad, un hecho importante por el que de nuevo hay que felicitarse. El siglo XVII supuso el asentamiento, más o menos definitivo, de la vida colonial, y el desarrollo de lo que la historiografía tradicional ha definido como “Paz Colonial”. El autor nos presenta un pueblo donde la convivencia entre indígenas, españoles y mestizos fue un hecho, pero no un hecho pacífico, sino todo lo contrario. Así, en los capítulos octavo y noveno se analizan las tensiones en el seno de la comunidad, situación que afectó tanto al plano material como al simbólico. Por lo tanto, dos fueron los escenarios donde los enfrentamientos tomaron mayor relevancia: por un lado el cabildo y, por otro, la iglesia y las cofradías que en ella se constituyeron. El autor concluye que dichos conflictos fueron debidos a las dinámicas de recomposición étnica en torno a estas dos instituciones. Ni más ni menos que una lucha por el control de los principales espacios de poder en San Miguel Petapa. Análisis como éste proporcionan suficientes argumentos para la reevaluación del papel que desempeñó la población indígena durante la colonia. No se trata de meros espectadores o de entes sometidos a las autoridades hispanas, sino de un grupo en permanente lucha por su identidad y por sus intereses.

El siglo XVIII se inaugura con un cambio dinástico en la monarquía peninsular. El ascenso al poder de los Borbones marcó de manera decisiva el devenir histórico a ambos lados del Océano. De esta manera, el autor da inicio a la cuarta y última parte del libro, que lleva por título “La crisis del siglo XVIII, los nuevos actores y las perspectivas del mando político”. En ella se analizan las repercusiones de las Reformas Borbónicas, concluyendo que el proyecto de modernización que se aplicó a los pueblos de indios, tuvo como consecuencia inmediata la pérdida de su autonomía, y por consiguiente, de su identidad. Es decir, el precario equilibrio que caracterizó al siglo anterior se vio truncado, como reza el título, por el surgimiento de nuevos actores y de nuevas perspectivas en el mando político. El punto culminante de este proceso, que además definirá las futuras relaciones entre los diferentes grupos étnicos, fue la fundación de dos nuevos pueblos, uno de indios y otro de españoles y mestizos, como consecuencia de la destrucción causada por el desbordamiento del río Tululhá. Por primera vez en la historia de San Miguel Petapa se cumplió una de las principales disposiciones dictadas en el siglo XVI, la separación de residencia. Pero, mientras que el balance para los pueblos de indios en ese siglo fue, según los casos, relativamente positivo, dos siglos más tarde y, parafraseando al autor, “se dieron las premisas para la construcción de un nuevo modelo de relaciones sociales de tipo fuertemente autoritario, paternalista y excluyente, despojándose a la comunidad maya de los espacios materiales y simbólicos a través de los cuales había intentado – y yo añadiría con un éxito elevado – reelaborar su identidad tras el prolongado trauma de la conquista”.

En definitiva, incluso con las leves observaciones iniciales, el libro del doctor Pompejano permite comprender de forma clara la transformación experimentada por los habitantes de Popoyá como consecuencia de los efectos deletéreos de la conquista europea, así como la lucha por el mantenimiento de su identidad y de sus intereses como grupo, desde la fundación de San Miguel Petapa hasta los albores de la Independencia. Y, como decíamos anteriormente, quienes nos interesamos por la historia de los países centroamericanos, tenemos que agradecer al autor la importante aportación que ha hecho a nuestro conocimiento sobre el tema.

Anuncios

Responses

  1. “Soñando tras un balón”

    Mis vagos recuerdos me remontan al mundial de 1970 cuando Brasil se corono por tercera vez en su historia como campeón del mundo y Pele fue considerado el mejor jugador con su número diez, creo que desde allí todos hemos querido ser el número diez alguna vez en nuestras vidas…Mas el mundial que mejor recuerdo de aquellos años de infancia es el de Argentina 1978 cuando ellos se coronaron campeones.

    En aquel tiempo el llegar a tener unos auténticos zapatos de futbol y una pelota de cuero era el mayor anhelo de los patojos (niños) del barrio, pero aquello, no nos quitaba el sueño, pues después de cada partido todos los patojos (niños) de la cuadra salíamos a rifarnos el físico detrás de una pelota de plástico, con la misma alegría, devoción y entrega de quien juega un partido de la copa del mundo. Algunos tomaban su playera favorita y le pintaban el número diez o se lo ponían con masking tape o cinta de aislamiento eléctrico. Todos nos autonombrábamos, con el nombre de nuestro jugador favorito que cambiaba conforme crecíamos (Pele, el Kaiser Franz Beckenbauer, Teófilo Cubias, Mario Kempes, Zico, Sócrates, Cuyff, Maradona, Bebeto etc.) por supuesto nunca faltaba el o los narradores, que mientras jugaban narraban las jugadas al estilo de los comentaristas de la televisión o la radio. Todo era una fiesta hasta que alguien pateaba la pelota hacia algún tejado a hacia la casa de la “Doña Carlota que nos pincho cien pelotas” que Ricardo Arjona menciona en su canción.

    El mundial era una verdadera fiesta en todo el sentido de la palabra, para los adultos y los patojos de la cuadra, pues antes de cada partido, se daba el ritual de siempre, las mamas preparando la boquitas (aperitivos, botanas, bocadillos) y los papas hiendo a la tienda a comprar las bebidas para los invitados y los que llegaban sin invitación a la sala de la casa, que se llenaba a reventar y donde se dejaban escuchar los lamentos uuuuuuuuuu o el ¡Que si mas…! O la algarabía sonando al unisonó cuando todos gritaban goooooooooooollllll y después del partido nunca faltaba la discusión por las jugadas, los goles y los que no fueron goles, nunca faltaban los comentarios y saludos gratuitos hacia los árbitros, pero a los patojos aquellas discusiones de adultos poco les importaban ellos salían a revivir las acciones y a trasladarse por un momento a otro mundo, donde ellos eran los mejores jugadores y hasta escuchaban las ovaciones de un público que eran ellos mismos…

    Hoy han pasado los años y aquellos niños han crecido, mas siguen gustando del futbol, muy pocos de ellos lograron su objetivo de llegar a jugar de forma profesional, pero ese niño sigue intacto allí…Allí donde el tiempo no transcurre, allí donde los sueños son posibles…Porque aun que hoy físicamente ya no son aquellos niños, se ven reflejados en esas nuevas generaciones que de alguna forma siguen manteniendo vivo aquel sueño corriendo tras un balón…

    Oxwell L’bu


Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

Categorías

A %d blogueros les gusta esto: