Posteado por: diariodelgallo | junio 28, 2010

EL PASEO DE LAS LETRAS (Ana Martínez de Zárate/Revista D)

Es un sábado de junio. El sol asoma con timidez, y después de tanta lluvia dan ganas de salir y pasear un poco por la ciudad, pero las opciones son mínimas: parques o centros comerciales para entrar en otro mundo.

Una de las pocas alternativas que hay es tan reciente como desconocida. Se trata del Paseo de las Letras, situado en la 19 calle, entre la séptima, octava y novena avenidas. Hoy, a mediodía, está lleno de niños de la Escuela municipal de arte, que aprenden a jugar a ajedrez, también, payasos y mimos que intentan distraer a los visitantes. Además, hay una exposición de fotografías, una caseta del Café Saúl con comida y libros.
Es un proyecto de la Municipalidad dirigido por Álvaro Véliz, director de Urbanística del Taller del Espacio Público. La idea es —expresa— que esta pequeña calle peatonal sea “un lugar de encuentro, abierto e incluyente para salir de la enajenación del mall”. Por ese motivo, desde hace casi dos meses, todos los sábados, de 10 a 14 horas, se reúnen editoriales de la Gremial para vender sus clásicos y novedades.
Además, se tienen planificadas presentaciones de libros y homenajes a escritores guatemaltecos. El sábado 19 de junio, por ejemplo, se estrenaron con el homenaje al Premio Nacional de Literatura 2010, Enrique Noriega. Asimismo, se prevé que siempre haya una exposición de fotografías. La actual es del Club Fotográfico de Guatemala en donde se combinan imágenes del país de instalaciones modernas con edificios de la Ilustración.
“El referente es el Barrio de las Letras de Madrid y el concepto surgió de Roberto Gereda, ex embajador de Guatemala en España”, añade Véliz. Y aunque en la 19 calle no vivieron ni trabajaron escritores guatemaltecos como ocurría en la calle Huertas, de Madrid, la guatemalteca también tiene su historia. De hecho, para sorpresa de todos, cuando se trabajaba en la restauración de la misma, el año pasado, se dieron cuenta de que aún conservaba el empedrado original del siglo XIX. Durante esta época perteneció al barrio denominado de La Habana y se encontraba “al límite con el Rastro y al final de la calle había una plaza de toros”, cuenta Veliz.
A diferencia de la calle madrileña, donde las citas de los artistas están escritas en el mismo suelo, aquí son 25 esculturas de acero del tipo corten, donadas por el gobierno español, donde se puso el nombre del autor y el texto escogido entre sus obras principales. Los hay de la época precolombina, como el Popol Vuh y Rabinal Achí, y más recientes, de obras de Miguel Ángel Asturias, Luis de Lión, Augusto Monterroso o Luis Cardoza y Aragón. “La elección la hizo un equipo de la Universidad Rafael Landívar. El único requisito era que estuvieran muertos, porque, si no, se peleaban”, bromea.
El proyecto tuvo desde sus inicios el apoyo municipal, por lo que encomendó su desarrollo a todo un equipo encabezado por Véliz, del cual formó parte muy importante la gestora cultural Luisa Fernanda González, quien aportó sus conocimientos para la gestión, el diseño y desarrollo del programa.

Respuesta

Aún es escaso el público, pero hay mucha fe en que el proyecto funcione. No solo pretenden que se recupere un espacio público que estaba en claro deterioro. “Era casi un urinario, con cantinas y en el que se estacionaban autobuses”, dice Véliz. De hecho, añade, lo más difícil del proceso fue la negociación con los transportistas. Nada que ver con ahora. Un lugar limpio, empedrado, que le da un aspecto añejo e interesante, con árboles y las esculturas en los extremos. Además, el objetivo también es fomentar la lectura y las actividades culturales.
Cristóbal Pacheco, encargado de la editorial El Pensativo, opina que la idea es muy buena, pero que por ahora no ha habido muchos beneficios económicos. “Venimos desde La Antigua hasta aquí todos los sábados”, señala. Entre las ventajas que ve de esta nueva iniciativa es que “se recupera un espacio más humano”.
Sin embargo, aunque la mayoría de los visitantes tienen esta opinión; también hay algunas críticas. Jorge Álvarez, quien se paró por casualidad a admirar la exposición de fotografías, le gusta la iniciativa, pero no comparte “el tinte político”. Pilar Crespo cree que debería haber más editoriales y tener más títulos nuevos. “Ahora tiene más representación el Pollo Campero que las editoriales”.

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