Posteado por: diariodelgallo | julio 1, 2010

EDITORIAL DEL PENSATIVO CIERRA SUS PUERTAS

Por

Juan D. Oquendo/El periódico.

La librería y editorial antigüeña que creó espacios para escritores cierra este fin de semana.


Una docena de estanterías con libros chamuscados. Miles de cajas conteniendo ejemplares únicos en cuanto a ediciones de autores nacionales. Un importante registro de la literatura reciente de Guatemala. Y unos cuantos libros mojados secándose al sol. Esto fue lo que quedó finalmente de un incendio que consumió miles de libros de la bodega de la librería y editorial Del Pensativo, de Antigua Guatemala. El 25 de abril, un corto circuito en una de las bodegas del mercado de artesanías Nim Po’t de la 5a. avenida norte inició un incendio que abarcó dos locales, el restaurante Frida’s y Del Pensativo.
La librería comenzó en mayo de 1987. “Yo venía de San Cristóbal de las Casas, donde había abierto otra librería que se llamaba Soluna. Entonces aquí en Guatemala estaba comenzando el período democrático, y empujada un poco por mis amigos, decidimos abrir Del Pensativo”, comenta de sus inicios Ana María Cofiño, dueña de la librería. Esta se abrió con el afán de dar un servicio a la comunidad, y uno muy noble por cierto: difundir el conocimiento y la libertad de expresión en un país que atravesaba el conflicto armado. Cuenta Cristóbal Pacheco –empleado y tremendo lector– que a veces llegaban los militares a la librería, como cuando se publicaba material de la Fundación Mack. “Las librerías fungían como refugio intelectual”, añade Cristóbal, quien se hizo librero autodidacta y con el tiempo adquirió el reconocimiento de lectores y autores.
“Cuando empezamos aquí en La Antigua eran unos años de aridez cultural, y al mismo tiempo se comenzaron a abrir espacios, fue una época de cambios”, dice Ana María. Las anécdotas que se dieron en Del Pensativo fueron de gran variedad. Desde un destacamento militar que ayudó a cargar  el tiraje de Las venas abiertas América Latina de Galeano, porque el general no sabía leer, o cuando se daban discusiones de libros, pláticas de autores y hasta peleas entre los escritores. El mundo del libro es amplio y grandioso. “Es que la librería tiene un efecto de diván de psicólogo, la gente llega a contar sus cosas”, añade la dueña de Del Pensativo.

Fénix

“Yo estaba en el primer nivel, y llegó otro compañero de la tienda Nim Po’t y me avisó que el segundo nivel se estaba quemando. Yo subí a ver pero lamentablemente no pude hacer nada y lo digo con todo el dolor de mi corazón. Quise hacer algo pero no sabía cómo, entonces el joven que me avisó me ayudó a lanzar agua en cubetas pero ya nada se pudo hacer. Realmente es una gran tristeza esto que termina. Ya 15 años ahí, toda una vida”, se lamenta con ojos hidrópicos una de las empleadas, mientras pasa un algodón sobre un libro.
En total se calcula que más del 80 por ciento de los libros quedó dañado. “Pero el libro es muy noble, pueden estar dañados por el fuego, pero aún son legibles. La idea es no tirarlos a la basura”, responde Ana María con dejos de entusiasmo. Por ello bromean sobre los libros “fénix”, aquellos que literalmente fueron rescatados de las cenizas, y que a pesar de las quemaduras, sus letras permanecen ahí, en la tinta negra. Ciertamente, cada libro tiene su historia propia. Del Pensativo hizo revisiones y nuevas ediciones de libros como Los fusiles de octubre, de Payeras, o como el de Mujeres en la arbolada, de Yolanda Colom. Pero cuando le pregunto a Ana María por el de mayor valor, responde sin lugar a dudas que Luchas de las guatemaltecas del siglo XX, de Lorena Carrillo, es el más importante, porque es el primer libro que narra la historia de las mujeres del siglo XX.

Arte

Por Del Pensativo se pasearon una gran serie de personajes, de obispos a embajadores, pasando por grandes escritores como el recién fallecido mexicano Monsiváis. El primer libro que editaron fue Ejercicios para definir espantos, de Carlos Navarrete. Una serie de cuentos cortos que interpretaban la tradición popular. Y luego se vino lo grande: Ana María fue a México a buscar a Luis Cardoza y Aragón, para solicitarle una edición guatemalteca de su libro La revolución guatemalteca, que era un libro de la lista negra de los castilloarmistas, escrito después de la intervención norteamericana. “Es un clásico obligado por su importancia histórica. Era nuestro homenaje a la revolución”, dice Ana María.
“Por eso digo que los libros son la respuesta a la violencia. Son el escudo a toda la injusticia. Es un buen aporte hacer libros en este país”, sostiene. “Es importante defender el derecho a leer, tener acceso a libros. El libro a lo largo de la historia ha sido también un objeto más de arte. Cosa que nosotros tratamos de hacer. En cierta medida atenernos a los cánones de la buena edición”, finaliza Ana María.

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