Posteado por: diariodelgallo | julio 31, 2010

ENRIQUE NORIEGA por Margarita Carrera

A pesar de su excelente creación poética y su erudición, es un hombre sencillo, amable, discreto. No hace alarde de sí mismo jamás; más bien se interesa por la producción de otros poetas. Pertenece a la llamada generación de los setenta, que trataba de renovar la poesía actual con una actitud ética que encerraba rebeldía y crítica profunda. Al decir de Dante Liano, “una defensa apasionada del lenguaje”. “Uno de los poetas más sólidos que ha tenido Guatemala en los últimos tiempos”. Como un auténtico escritor, ha dedicado toda su vida a la literatura. Desde joven escogió esta profesión y lo ha demostrado a través de su obra. “Enrique Noriega decidió que sería poeta y nada más que eso”. Le ayudó el hecho de ser hijo de un notable narrador: don Enrique Noriega. Para distinguirlos, al hijo se le llama Quique. Rechazó la formación académica de la Universidad. Puede que no haya tenido que trabajar para ganarse la vida. Pero tampoco ha tenido riquezas materiales, fuera del tiempo dedicado al oficio de escritor. Era todavía muy joven cuando se dedicó a leer a los grandes clásicos: las Odas del poeta romano Horacio, también la alta creación poética de T.S. Elliot. Iba a la Facultad de Humanidades, más que para asistir a clases, para hablar de literatura.

Es importante señalar que el mayor influjo que ha tenido es el del consagrado escritor Marco Antonio Flores, maestro de su generación. Como discípulo de él, Noriega se reunía periódicamente con el grupo de escritores rebeldes de su época. Dante Liano habla de “reuniones alcohólicas”. Por algo le decían a Flores el Bolo. “Un grupo polémico, autártico, rabioso”. En estas reuniones se le apodó Cadejo. Tal vez porque Quique no bebía.

Lo más importante es que siempre ha sido un lector voraz. Su primer libro, ganador de el Premio Centroamericano 15 de Septiembre, tiene el atrayente título de oh, banalidad, sin uso alguno de mayúsculas. Para él no existe la retórica. Era la época en que Ana María Rodas había impresionado al mundo literario guatemalteco con sus Poemas de la izquierda erótica. De la revista de elPeriódico, El Acordeón, escojo uno de sus poemas: “Lucidez y firmeza: En Alemania, un cuento de invierno,/ Heine habla de la ‘Biblioteca de Satán’/ tras veinte años de ausencia, él/ -imaginariamente-, ha vuelto/ a pisar su amado suelo alemán. Los guardias/ de la aduana registran sus maletas,/ En ellas no hay contrabando alguno./ Es en su cabeza –aclara Heine-, donde trae/ Los libros prohibidos, la ‘Biblioteca de Satán’:/ Poemas, artículos, ensayos;/ el nuevo evangelio de la religión/ sin dios de los explotados./ ¡ Qué duda cabe! A su patria,/ nada le impide ingresar. Ingresa./ Del corazón de los alemanes,/ Ni el nazismo lo pudo sacar.” Temática y forma totalmente novedosas. No tiene parentesco con ningún poema de ningún poeta. Es simplemente de Quique Noriega.

Leer su poesía es leer algo inesperado, pero se siente la pasión contenida en palabras aparentemente sencillas y cotidianas. Con este material labora su creatividad. Que nadie lo imite, como él no imita a nadie. Sabe que el lector respira otro ámbito hasta ahora inédito.

Durante una época dispuso reunir en casetes las voces de poetas y poetisas. Me escogió a mí. Yo, tontamente, lo dejé que me gravara. ¡Oh banalidad, oh estupidez! Cuando me oí, sentí rechazo total.

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