Posteado por: diariodelgallo | julio 31, 2010

LIBROS USADOS por Mariano Cantoral (Diario La Hora)

POR MARIANO CANTORAL Mientras la semana pasada concluían las actividades correspondientes a la Feria Internacional del Libro en Guatemala (Filgua 2010), don Víctor López, como desde hace poco más de 35 años se prepara para instalar su puesto de venta de libros usados en el Mercado San Martín ubicado en la zona 6 de la ciudad capital de Guatemala.
El arte de vender libros usados

Cuando alguien se para frente a mi puesto, y sólo vislumbra a los libros sin tocarlos, como si les tuviera miedo, les digo: “movelos aunque sea, para que se sientan vivos, pero mejor si los comprás y los leés”. FOTO LA HORA: MARIANO CANTORAL

El arte de vender libros usados

Habría que preguntarle a los visitantes, cuántos libros les fueron obsequiados en la “feria”, las respuestas seguramente serían nulas. FOTO LA HORA: MARIANO CANTORAL

El arte de vender libros usados

Víctor López participó en obras de teatro, películas y en shows de payasos. FOTO LA HORA: MARIANO CANTORAL
Personalmente encuentro mucha magia en el arte de vender libros usados, el hecho de que ya hayan sido utilizados por otros, es decir leídos y/o gozados, supone un misticismo que es difícil de ocultar y de dejar de percibir cuando se lee una novela, un poemario, un texto científico, e incluso una tesis universitaria bastante antigua adquirida a un precio muy cómodo y accesible en un puesto comercial de esta naturaleza, que en nuestro contexto puede hallarse en lugares insospechados, por ejemplo en el caso de don Víctor, sitiado en los cuatro puntos cardinales por improvisadas ventas de frutas y verduras.

Don Víctor disfruta mucho su faena cotidiana, desenvolver los libros y apiñarlos uno a uno con toda la logística y la pasión inherente que se requiere para el efecto, luego empezar a recibir a sus clientes y solventar sus peticiones, “esto no es un trabajo, es un servicio social”, me dice con la mayor franqueza posible, mientras se decide a resolver mi requerimiento que consiste en responder algunas preguntas en torno a su actividad diaria, vender libros de segunda mano.

En otras ocasiones a don Víctor le he comprado unos cuantos libros, un par de veces, así que nos ubicamos y no solo de vista, sino además de algunas breves charlas acerca del panorama cultural guatemalteco, y de sus afinidades estéticas y artísticas, especialmente en el arte dramático, el cual cultivó durantes bastantes años, cuando participó en incontables otras de teatro, y en shows como payaso, y fue miembro fundador de varias asociaciones relacionadas. Incluso formó parte del elenco de la famosa película nacional “El silencio de Neto”, que narra la vida de un niño enfermo en el contexto del conflicto armado interno.

Don Víctor López saca intempestivamente (tanto que casi no me doy cuenta), como de la nada, tres fardos de fotografías y recortes periodísticos, de sus años mozos como actor de teatro: “participé en las mejor obras de teatro guatemaltecas, en las que fueron inspiradas en las mejores obras literarias nacionales”, afirma sin ambages ni titubeos.

Él no duda cuando afirma que el teatro fue para él, el puente y la catapulta que lo impulsó hacia los libros, hacia la literatura, y así fue como, paulatinamente, empezó a vender libros de segunda mano en el Mercado ya citado, y lo que empezó como una tierna ocurrencia, se ha convertido en su modus vivendi, en todo el sentido de la palabra.

Don Víctor está consciente de que no es el único librero-callejero en toda la capital de Guatemala, indudablemente, pero además está consciente de que lo que lo diferencia de muchos es que él sabe valorar su producto, su mercancía, pues no ve al libro como una cosa, no ve esta actividad como un negocio, sino como ya dijimos “una labor social”.

Según me cuenta, cuando alguien se para frente a su puesto, y sólo vislumbra a los libros sin tocarlos, como si les tuviera miedo, él les dice: “movelos aunque sea, para que se sientan vivos, pero mejor si los comprás y los leés”.

Así pues, después de un intercambio de palabras amenas, y después de desenfundar un café en vasito de duroport don Víctor aceptó responderme preguntas referentes a su labor:

– Mariano Cantoral: ¿Cómo surge en usted la motivación para dedicarse a esta actividad?

– Víctor López: Surge al notar que no existía un servicio de esta naturaleza en los mercados, siendo un punto popular muy importante, donde convergen varios tipos de personas. Habían pocas librerías de libros usados, pero no en los mercados, sólo habían unos cuantos puestos donde además de vender cualquier otro tipo de artículos, vendían libros de chistes, pero no académicos ni literarios ni escolares, y mucho menos de segunda mano, que fueran más baratos; antes, como material didáctico extraoficial sólo habían láminas ilustradas. Ahora hay Internet, pero daña a los muchachos, porque les priva del derecho de convivir con los libros, y nunca saben lo que se pierden.

– MC: ¿Cómo va integrando su mercadería, que en este caso son los libros, insumos y productos finales a la vez?

– VL: Algo muy importante es investigar acerca de los intereses de los clientes (como un estudio de mercadeo). Pero en términos generales, los libros (mi mercadería), se acumulan por compras directas hacia personas que por alguna razón quieren deshacerse de los libros, también hay donaciones altruistas y lo que se conoce como reciclaje, que traducido al ámbito librero-callejero sería, en vez de tirar o quemar un libro, entregarlo para coadyuvar al mantenimiento de este servicio social.

Detrás de cada libro que se encuentra en un puesto así (dice mientras señala sus libros apiñados listos para ser adquiridos y leídos), hay una gran historia, que bien puede ser material para una novela, por ejemplo, el caso de el viudo o la viuda cuyo cónyuge profesional fallece, y va a vender los libros del difunto. El caso de la estudiante de diversificado que quedó embarazada, ya no siguió estudiando y fue a vender sus libros de secretariado o contabilidad para solventar los gastos del proceso de gestación. El caso del lector desempleado que está necesitado de fondos monetarios.

En fin, es un fenómeno social interesante, todos miran los libros ahí, superficialmente, pero detrás de cada uno de ellos, hay una vida y muchos sueños, algunos cumplidos y otros fracasados (dice mientras agarra un libro titulado Taquigrafía Gregg que según me cuenta, es un libro típico para las estudiantes de secretariado y lo vende a veinte quetzales, cuando su precio en el mercado tradicional es de ciento setenta; en ese preciso momento una señora se acerca a preguntar por un Álgebra del Baldor, y don Víctor le responde que por el momento no tiene; seguimos con la entrevista).

– MC: ¿Cómo define su actividad: como un oficio, un negocio, una labor, un trabajo, o incluso, metafóricamente, una especie de arte?

– VL: Como una quijotada. Lo importante es tener un contacto directo y sincero con el cliente, yo no soy un empleado común, como los de algunas librerías de libros usados, donde el precio se lo asignan en base al número de páginas, o el estado en que se encuentre la portada, donde no hay chance de hablar con el librero ni pedirle recomendación ni asesoría. No, yo le hallo el valor estético y romántico al libro. Esto dejó, hace mucho tiempo de ser negocio en el sentido pleno de la palabra. Aquí los libros circulan, fluyen de mano en mano. A veces regresan. A veces aparecen algunos con dedicatoria del autor, hay de todo. Esto es un mundo. (Don Víctor me cuenta que aún hace eventuales presentaciones como payaso en escuelas y otros lugares, y ha logrado combinar su talento lúdico con su labor como vendedor de libros usados, pues cuando personifica a “Chevito”, regala libros a los niños ganadores, aunque a la mayoría nos les parece algo instantáneamente agradable como sería, por ejemplo, un globo, un dulce o una pelota de plástico, pero confía en que algún día le otorguen el valor que posee).

– MC: ¿Qué opina acerca de que en la pasada Filgua se le dé prioridad a las librerías, institucionales, por llamarlas de algún modo, y no a las que funcionan desde la periferia como es el caso de los puestos callejeros de ventas de libros de segunda mano?

– VL: Pienso que el concepto de feria del libro se ha desnaturalizado y se ha comercializado. La exposición en estos lugares supone un costo, porque se debe pagar por el derecho al piso (pago por espacio de ubicación).

En resumen, no es una verdadera feria del libro, sino una semana en la que se aglutinan bajo un mismo techo, editores y libreros oficiales. Aunque claro, hay editoriales y librerías cuyos fines no son eminentemente lucrativos, es necesario acotarlo. Pero en términos generales, en eso se ha convertido la Feria del Libro. Habría que preguntarle a los visitantes (que dicho sea de paso este año deben pagar cinco quetzales de ingreso, imponiendo una restricción más), cuántos libros les fueron obsequiados en la “feria”, las respuestas seguramente serían nulas.

-MC: ¿En qué medida cree que los vendedores de libros usados contribuyen a la distribución de material de lectura en la población y en nuestro contexto que de otro modo sería de difícil alcance, por diversas razones redundantes de explicar?

– VL: Los hacemos accesibles, en relación a la dificultad en términos financieros que supone, comprar un libro nuevo en estos tiempos. Es la única forma en nuestro contexto, de adquirir lectores pues se facilita la lectura barata.

La educación inicial y primaria es importante, es trascendente y es vital, pero además de promover el acceso a la misma, se debe procurar su mejoramiento, por ello urge una reforma educativa que incluya proyectos novedosos y prácticos, por ejemplo, no obligar a los alumnos a leer una obra literaria en específico, sino la que más les llame la atención y les guste, la lectura no puede ni debe ser una imposición sino un gusto, un placer adquirido.

– MC: ¿Cómo cree que la facilitación al acceso de libros de menor valor favorece a elevar los pequeños niveles y exiguos índices de lectura en nuestro país?

– VL: Te voy a responder claro y conciso: La mejor Universidad es un libro, es el medio más fantástico para conocer al mundo, pero repito, la base fundamental es la escuela inicial y la motivación familiar, por ejemplo, si papá lee o insta a leer, lo más probable es que el hijo así lo haga, por ejemplo en mi caso, empecé leyendo novelas Western (novelas del Oeste o de Vaqueros), debido a que era la fascinación de mi papá.

– MC: Platicando con el escritor guatemalteco Eddy Roma, él me afirmaba que “para quien tenga el tiempo, la paciencia y la curiosidad, esta actividad comercial facilita verdaderos hallazgos a un precio aceptable. Hace falta que el vendedor tenga espíritu de librero, que ame su mercancía y comente sus bondades con los clientes. Todavía se limita a colocar una etiqueta con los precios y decidir si concede una rebaja”. ¿En qué medida considera usted que cumple con estas funciones?

– VL: Sin ánimo de jactarme, en todo sentido. No le pongo etiqueta a los libros, pero realmente lo que me interesa es que se lo lleven, aunque a veces duele desprenderse de alguno. Pero al final de cuentas, todos resultamos ganando, aun más el comprador-lector, porque se favorece su economía y engrandece su acervo cultural, pues al gastar en un libro, lo lee, aprende a apreciarlo y a otorgarle su valor.


Víctor López “Don Chevito”, en sus propias palabras:


El contacto con los libros me lleva a realizar sueños como el teatro, la televisión, el cine y a forjar la vocación de servicio en algunos modos a la cultura general de este país, como el vender libros de segunda mano en el Mercado San Martín de la capital de Guatemala. Como actor de teatro participé en más de cien montajes con diferentes grupos, he sido modelo para comerciales para la televisión, y en el cine nacional formé parte del elenco de “El Silencio de Neto”. Miembro jubilado del “Instituto de Previsión Social del Artista” IPSA. Pertenezco a la “Asociación de payazos y cómicos de Guatemala” APCG. Fui delegado nacional en México a la séptima convención internacional de la risa, soy fundador del programa “Domingos Familiares” en el Mapa en Relieve, fue nominado al premio Opus de teatro por el Patronato de Cultura y Bellas Artes. Tallerista en el segundo congreso internacional de payasos que se realizará el próximo 27, 28 y 29 de julio, y tendrá lugar en el antiguo Edificio de Correo, hoy Centro Cultural Metropolitano ubicado en la zona 1, para el cual estamos invitando por medio del sindicato de payasos de Guatemala y donde no faltarán los libros especializados en las diferentes ramas del arte de la comedia, el valor al público para participar en este evento es de doscientos quetzales. Hoy a mis 61 años creo que la luz y la verdad que tanto busca la humanidad, está al alcance de todos cuando se lee un libro.
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