Posteado por: diariodelgallo | agosto 7, 2010

CENTURY GOTHIC PUNTO 10 de Alejandro Marré

Por Rodolfo Arévalo/dca

Presentar un libro es casi acercarse al fin del universo agarrado del último ladrillo de una azotea y succionado por vientos inmemoriales. Siempre se parte de que algo tiene su decir y cada uno tiene que encontrarlo. Pero el presentador tiene que poseer esa infinita paciencia, ese caminar despacio sobre la obra y desatenderse de todo un mundo, hacer la epojé husserliana para encontrar el punto mágico sobre el cual la obra se sostiene, salta para los lados, se obstina, se desencuentra, se contradice, pero al mismo tiempo se eleva en mil pedazos para re-encontrarse y gritar junto con uno o musitar, o balbucir, pero ya en compañía del lector.

Para mi tormento, conozco bien a Marré, lo admiré desde que leía en el cuaderno de una de mis alumnas su tremenda interrogante, un cuestionamiento a toda una era, su “¿Qué Che chu?, remedando el hablar de un niño, pues ponía en duda todo lo sabido a través de una mitificación del héroe: ¿Quién es ese Che? ¿Qué hace eso en mí? Y al mismo tiempo el juego de sonidos, el demostrar  que un vínculo con lo sonoro lo vuelve todo infantil, es decir, pequeño y desmesurado. Bueno, esa es la característica de este poemario de Marré.

Le prometí mandarle unas preguntas, le prometí interrogarlo, hacerle una entrevista, interrumpirlo en sus labores y hacerle una endoscopía… Nada pasó y ahora me encuentro como cuando le hablé por vez primera en Casa de La Libélula: tratando de encontrar un equilibrio en ese rostro de latino perfecto que encierra a Clark Gable y algún diseño olvidado de Cantinflas. Ahora lo hago con este librito que intenta que las palabras tengan el alcance de los misiles. Bueno, yo espero que no, pero también entiendo que los poetas estén desesperados con un mundo que cada vez pareciera que les niega sus amores… Pero no es así. Siempre fue así. Tanto el francotirador como el poeta (mujeres y hombres, perdón, damas y varones, este, bueno los dos o cinco géneros que nos acompañan, con todo respeto) son solo por momentos este trabajo de muerte.

Al final, si se sobrevive es para recordar las viejas escaramuzas que se suceden cuando nadie hace caso del tirador ni del poeta. El verdadero trabajo, y del cual nadie se entera, es cuando se apunta y se disp…, quiero decir, cuando se mira y se escribe un pequeño yambo y se deja al lector pensando en medios días vividos en la parte de la vida que no tiene nombres, en pedazos de una tierra que va más allá del espacio y nuestro cuerpo mágicamente, o sin ninguna razón aparente, sigue al sueño: la poesía nos devuelve el silencio de la no significación, el silencio de lo inefable, el silencio… Entonces podemos escuchar otras voces y de eso vamos a… –hablar no se puede, vamos a decir tampoco, quizá lo mejor sea compartir– y allí bien lo que el otro acepta sin miramientos y nace ese pequeño rasgo que nos humaniza, el vos a vos que nos lleva, el vis a vis que nos hace gozar de un momento, aunque sea un momento.

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

Categorías

A %d blogueros les gusta esto: