Posteado por: diariodelgallo | agosto 7, 2010

LOS ESPACIOS PÚBLICOS por Mario Cordero

Mario Cordero/La hora

Aún recuerdo, cuando era niño, los juegos en el Barrio Moderno, al pie del Cerrito del Carmen. Aún era posible transitar por bicicleta, jugando, por las calles de la ciudad. Lo único peligroso en el Cerrito del Carmen era temer que se apareciera El Sombrerón. Si no se quería ir al montículo fundador de la ciudad de Guatemala, también hacia el otro lado, al oeste, se podía ir a Ciudad Nueva, a los parques que había en ese lugar. O bien, los barrancos y espacios al natural, para poder ensuciarse. Sin embargo, algo ha pasado en nuestra ciudad capital que nos ha cortado el acceso a esos espacios.

En busca del espacio público perdido

“Taurus”, obra del escultor José Toledo Ordóñez, que adorna el inicio del Paseo de la Sexta, frente al Pasaje Rubio. FOTO LA HORA: JOSÉ OROZCO

En busca del espacio público perdido

Unas personas socializan en las bancas instaladas en el Paseo de La Sexta. FOTO LA HORA: JOSÉ OROZCO

En busca del espacio público perdido

Un transeúnte observa con curiosidad la escultura instalada en el paso peatonal. FOTO LA HORA: JOSÉ OROZCO
Por múltiples razones, los guatemaltecos hemos visto que los espacios, en vez de abrirse, se están cerrando. El espacio público, por definición, son todos aquellos espacios que se contraponen a la propiedad individual privada, y que están abiertos para la socialización de una comunidad.

En Guatemala, usualmente los espacios públicos más comunes, en todos los municipios, son: el Parque Central, los frentes de las iglesias, las canchas deportivas, o, a veces, algunos sitios naturales que tienen infraestructura para llegar a reposar, y tiendas o abarroterías que permiten la confluencia de los clientes y que éstos se queden conversando.

El espacio público, pues, cumple una función fundamental dentro de la cultura, ya que permite la confluencia para la conversación. No siempre se encuentran a las mismas personas, pero si se quiere encontrar a alguien para conversar, seguramente ahí se encontrarán.

Pero, sin duda, el elemento que más ha provocado el cierre de los espacios públicos ha sido la violencia y la inseguridad. Hoy día, los parques y canchas deportivas permanecen cerradas la mayor parte de las 24 horas, y sólo abren cuando se considera que son horas hábiles.

En muchos casos, la decisión de cerrar ha sido por parte de las autoridades o vecinos organizados, luego de casos de robos, o, incluso, ataques personales o violaciones sexuales, por lo que se ha optado por cerrar durante el lapso en que no hay luz solar, lo que significa que, en países como Guatemala, esté cerrado 12 de las 24 horas del día.

Pero no sólo la violencia ha provocado el cierre de estos espacios. Los lugares públicos también han servido para que grupos delincuenciales, desde clicas de pandillas hasta el crimen organizado, sean sus puntos de confluencia para el tráfico o bien la reunión de sus miembros, por lo que se ha preferido cerrarles estos espacios, pese a que ello signifique se le cierren a los mismos vecinos.

EL PAPEL DE LOS CENTROS COMERCIALES

Los centros comerciales, sobre todo los que ofrecen atractivos extras (juegos, cine, restaurantes, etc.), se han convertido en los nuevos “espacios públicos”, ante el cierre de espacios de los espacios abiertos públicos.

Es obvio decirlo, pero ello supone también la comercialización del espacio público, que no es tan público, porque sin consumir, a veces se restringe la libre permanencia, además de que la socialización ocurrida ahí está afectada por otros intereses, sobre todo los comerciales. La gente confluye a estos espacios públicos para consumir, pero no para comunicarse y socializar.

Pero, mal que bien, los centros comerciales, debido a la seguridad que podrían ofrecer, son una opción posmoderna ante el cierre de espacios públicos. No es de extrañar, pues, que aquella mañana cuando aparecieron cuatro cabezas cortadas en diferentes puntos de la ciudad (y con mensajes para nuestras autoridades de seguridad), una de las cabezas haya aparecido en el ingreso por la pasarela de un centro comercial; es decir, el crimen está interesado en restringir la socialización, lo cual permite la comunicación y la organización de una sociedad.

CRIMEN ORGANIZADO

El cierre de espacios públicos, como se ha dicho, se genera sobre todo por la inseguridad y la violencia. Un asalto cualquiera, perpetrado por un criminal común y/o esporádico, podría motivar tal situación.

Sin embargo, se ha observado que, como ya se mencionó, es parte de la estrategia de los grupos delincuenciales tomar el control de estos espacios públicos, ya que éstos permiten sus reuniones y apropiarse del territorio.

Es común, hoy día, observar las pintas en las paredes, con símbolos no comprensibles para un lector común, y cuyo objetivo no es más que marcar el territorio.

Pero no sólo se trata de decir: “Aquí estoy yo, y esto es mío”. También se sabe, sobre todo en las zonas marginales de la ciudad capital y en los departamentos, que el crimen organizado implanta toques de queda a la población, y que ésta no puede salir, pase lo que pase, de sus casas. Durante la noche, puede pasar cualquier cosa, y el crimen se apropia de lo que es de todos.

ENCLAUSTRACIÓN

Como parte de una reacción en contra de la territorialización del crimen organizado, en diferentes sectores del país, pero sobre todo en la ciudad capital, se observa la cada vez creciente tendencia de enclaustrarse o dividirse. Es decir, crear áreas cerradas de un grupo de viviendas más o menos organizadas.

Usualmente, la división puede ser por los límites de las colonias o barrios; pero a veces, los accesos de la vía vehicular no permiten el cierre de todo el sector, por lo que se opta por dividir la colonia y enclaustrarse por aparte.

Dicho sea de paso, este mismo fenómeno fue el ocurrido tras la caída del Imperio Romano de Occidente; los territorios, ante la amenaza de los pueblos bárbaros, optaron por romper con la unidad imperial y crear pequeñas regiones que pudieran protegerlos. De a poco, este proceso provocó la conformación de feudos, que, con el paso del tiempo, quisieron expandirse hasta formar los reinos y, posteriormente, los países que más o menos hoy se conocen.

El enclaustrarse ha provocado una especie de ansiedad entre los vecinos, ya que supone la aceptación que prefieren ellos encerrarse, ante la imposibilidad del Estado de encerrar a los delincuentes. El aislarse y encerrarse, y, además, el sentirse (casi) seguros sólo en ese espacio cerrado, también provoca estrés y necesidad de meterse cuanto antes.

RITMO DE VIDA

Pero no sólo la violencia y la inseguridad han motivado la confluencia en espacios públicos. El ritmo de vida que se lleva hoy día ha hecho que la mayoría de gente vaya de la casa al trabajo, y del trabajo a la casa.

Cuando se planteaba, en todo el mundo, que la jornada laboral fuera de ocho horas, consistía en una simple división de las 24 horas del día en tres partes, de 480 minutos cada una: ocho horas para trabajar, ocho para dormir, y el resto para la recreación.

Sin embargo, las jornadas laborales se han hecho más largas, o bien las personas se han visto obligadas a trabajar horas extra o en un segundo lugar, para paliar las carencias económicas. Y para ello, se opta por restarle tiempo a las ocho horas para la recreación que, dicho sea de paso, son las que se utilizan para interactuar en los espacios públicos.

Además, el crecimiento urbano ha hecho que buena parte del tiempo las personas lo consuman en el simple traslado. Al menos, una hora de ida, y otra de regreso, si no es que dos o más horas.

Los escolares, por ejemplo, para trasladarse de sus casas a un colegio de la predilección de los padres, deben atravesar la ciudad en el bus, que pasa recogiéndolos, incluso, desde la 4:30 o 5:00 de la mañana. El trabajador también puede gastar horas metido en el tráfico, lo cual le resta el tiempo para la socialización, sobre todo, tomando en cuenta, que dentro del flujo vehicular se ven vehículos para cinco o más personas, pero bien podrían ser monoplazas, porque sólo va el conductor.

OTRAS RAZONES

En fin, también existen otras razones para la pérdida del espacio público. Por ejemplo, la proliferación de tecnología dentro del hogar, que hacen más cómoda la vida dentro, en vez de afuera.

Anteriormente, el hogar era el espacio para comer y dormir, y afuera era para trabajar y recrearse. Sin embargo, la televisión, a mediados del siglo XX, inició con romper este paradigma, y propuso que dentro de la vivienda también podría haber distracción. Con la proliferación de los recursos tecnológicos, sobre todo de entretención (teatro en casa, equipos de sonido, videojuegos, etc.) ha motivado, especialmente en los jóvenes, que se opte por permanecer en casa, en vez de salir.

Otras razones también ha sido la pérdida de lugares naturales (ríos, lagos, sobre todo) por el cambio climático. En algunos departamentos, estos lugares podrían servir también para la confluencia de la población, pero por la contaminación se ha perdido su poder de reunir al pueblo.

Y, la comercialización indiscriminada del espacio público, ha hecho que muchas personas opten por no acudir cuando no se tienen los recursos. O, por ejemplo, en la antigua Calle Real o 6a. avenida de la zona 1 de la ciudad capital, antiguo lugar de paseo, perdió su encanto al permitirse la saturación de puestos callejeros, que cohibieron el paso por el lugar (LEER: EL PASEO DE LA SEXTA)

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