Posteado por: diariodelgallo | agosto 21, 2010

SILENCIAR LA VIDA de Ana Patricia Borrayo Morales

Catalina Barrios y Barrios/Diario La Hora

La historia de esta mujer y el análisis de la pena de muerte la presenta, en su obra SILENCIAR LA VIDA, la investigadora Ana Patricia Borrayo Morales, del Instituto Universitario de la Mujer, en la Universidad de San Carlos de Guatemala.
Por la obra de Patricia se sabe que Mauricia Hernández Urbina, conviviente de Bartolo García Morán, fue víctima de violencia intrafamiliar, por lo que su vida fue un suplicio, abusada física, sexual y psicológicamente, acumuló agresiones, hasta el punto de pensar en separarse de su marido, aunque lo hizo criminalmente. Mujer sencilla e ignorante, de acuerdo con dos de sus hijos y su yerno, envenenó a Bartolo con un garrapaticida y “rosquillas” (insectos venenosos), que colocó en el agua de un tecomate, de aquí el nombre del CRIMEN DEL TECOMATE.

Mauricia fue llevada a presidio, se le siguió un juicio para llegar a la conclusión que debía ser fusilada.

Lo lamentable fue que el tal juicio no llenó los requisitos necesarios, se hizo con un comportamiento machista, donde se exaltaron cualidades de Bartolo como hombre trabajador del campo. La violencia intrafamiliar se hizo invisible como delito. Mauricia no fue acreedora a la gracia por el presidente de turno general Jorge Ubico, quien ordenó el fusilamiento “para imponer orden y justicia”.

A Mauricia se le consideró dentro de una sociedad patriarcal y conservadora, no como ciudadana. Se le vio como mujer del bajo pueblo, con atraso mental, cuando ella, dentro de su ignorancia actuó en defensa propia, cansada “de llevar leño”. No la protegieron las instancias legales. Se rebeló contra un sistema social y jurídico.

Bartolo murió envenenado el 15 de marzo de 1939, en el Hospital de Amatitlán. El fusilamiento de Mauricia se llevó a cabo en la Penitenciaría Central, el uno de agosto de 1941.

El caso de Mauricia fue inútil pues no se terminaron los hechos injustos ni los criminales. Las mujeres, ahora, mueren de manera inmisericorde, torturadas escandalosamente, como producto de la violencia intrafamiliar aun cuando ya hay leyes que la protegen.

En la actualidad no pueden ser fusiladas las mujeres, los menores de dieciocho años, los mayores de sesenta ni los reos políticos.

El estudio de Ana Patricia pretende “recuperar la voz de Mauricia para evidenciar la violencia contra las mujeres a lo largo del siglo XX.”

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