Posteado por: diariodelgallo | octubre 4, 2010

Hector Raúl Barreno Castillo

POR RAÚL BARRENO CASTILLO/Prensa Libre

Héctor Rodas Andrade es el tercero de cuatro hermanos, y cuenta que era un niño débil que necesitaba del cuidado de su madre, ya que un padecimiento nervioso lo hacía retraerse y divagar. Pero esa era la antesala de lo que se veía venir: retraerse y divagar para ver la vida de otra forma desde la poesía y sus amorosidades.

Rodas Andrade nació el 7 de octubre de 1963, en Quetzaltenango. A sus 46 años ve la vida desde la poesía, desde lo íntimo que representan las palabras y, sobre todo, viaja con sus libros bajo el brazo, para dar a conocer su obra, su vida y su intensidad por la literatura.

Fue becado por el Consejo Nacional para la Cultura y las Artes y la Sociedad General de Escritores de México para estudiar el primer diplomado para escritores de Centroamérica y el sureste de México, en 1992. En 1993 fue seleccionado por el Centro Eurolatinoamericano de la Juventud para representar a Guatemala en el foro Literatura y Compromiso, en Mollina, Málaga, España.

Además, participó en el encuentro latinoamericano de escritores, en conmemoración del centenario del nacimiento de Gabriela Mistral, organizado por la Agrupación Literaria Regional de Valparaíso, Chile, en 1989. Y es este país a donde regresará para asistir, del 29 al 31 de octubre, a la Segunda Cumbre Latinoamericana de Poetas 2010, la cual se celebrará en Rancagua. La actividad congregará a escritores chilenos y latinoamericanos.

Desde los 12 años

A los 12 años, una tarde lluviosa, inicia la construcción de mundos poéticos, y la casa de sus padres era el escenario ideal para ello.

Lo de escritor, dice, lo trae en la sangre, ya que su abuelo paterno, Joaquín Rodas Mejicanos, fue escritor, y la casa de este le sirvió para acercarse mucho más a los libros.

¿El amor? Es la base de su obra. Sin él no se puede escribir nada. “Esto es como una religión, en donde el poeta es quien la profesa, y quien la lee, aunque sean cinco o seis, son los feligreses”, ejemplifica.

Para el poeta, su obra, su poesía, es una forma de vida, de concebir el mundo. “La poesía se debe vivir de una forma que se haga reaccionar del status quo”, asegura. “El poeta no busca comprensión, sino cómplices”, sentencia.

El profe y su obra

Desde hace 21 años da clases en el Instituto Normal para Varones de Occidente (Invo), y esto le ha servido para sobrevivir.

Su último libro es Poemas no Premiados, donde recopila las piezas con que ha participado en distintos certámenes y no ha ganado ningún premio. Este libro, como muchos de los anteriores, fue obra totalmente suya, desde la parte digital hasta la impresión y empastado.

En 1987 publica su primer libro: Sortilegios; 25 poemas, 10 ejemplares fotocopiados, luego 20 ejemplares. Dos años más tarde fue por primera vez a Chile, con su nueva obra, Latitudes Insomnes, bajo el brazo. En 1993 viajó a España.

Seis años más tarde publicó Amorosidades. Tuvo el privilegio de que en México se presentara un performance de un poeta guatemalteco, acerca de su libro.

Hacia Chile

La invitación a la Cumbre Latinoamericana de Poetas es un respiro para su labor literaria. “Nada más gratificante que sentir otros aires creativos y geográficos; un espacio en donde la poesía tiene el valor estético de la propuesta individual de cada poeta y la carga contemporánea de la reflexión sobre el hombre como un ser que, aunque en decadencia, tiene en el arte una forma de salvación divina”, puntualiza.

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