Posteado por: diariodelgallo | noviembre 1, 2010

LA ÚLTIMA Y NOS VAMOS de José Luis Perdomo

Por Juan Oquendo/El Periódico

“A nadie le gusta ser entrevistado, y sin embargo a nadie le gusta decir que no; los entrevistadores son corteses y gentiles, incluso cuando vienen para destruir”, inicia un ensayo por Mark Twain recién descubierto sobre esa invención que “quizá sea la manera más pobre de llegar al interior de un hombre”. De tanto preguntar, finalmente es el turno de Jose Luis Perdomo Orellana de responder; el periodista que ha tomado a escritores, entre ellos varios Premio Nobel, y unos que otros pensadores. Hoy presenta ese libro: ‘La última y nos vamos’.

Y como entrevistador, me es inevitable comenzar con esa paradoja: ¿qué se siente pasar del que pregunta al que responde?

– Pasar de ser quien pregunta a ser quien responde, ha sido algo así como “el horror” que repite cuatro veces el coronel Kurtz de Conrad y Coppola casi al final de ‘Apocalypse Now’. También es algo así como ‘El miedo del portero al penalty’, ese irrefutable título del atormentado y cada vez más confundido escritor austriaco Peter Handke. Estoy quedando suficientemente curado de espantos, como para no volver a hacerlo ni aunque me prometan una temporada de hibernación en las bodegas del vodka Absolut en algún lugar de Suecia.

Supongo que entrevistadores como el filósofo argentino Carlos Alfieri –cuyas preguntas a veces alcanzan la velocidad de crucero de ¡20 líneas!— y otros igualmente onanizados en el deleite de escucharse arriban sin escalas al Séptimo Cielo cuando les toca estar a cargo de las respuestas, pues entonces sí que pueden literalmente dar rienda suelta a sus piruetas palabrísticas. Son colegas que hablan incluso cuando están dormidos: no roncan, hablan; su peor pesadilla sería quedarse callados un segundo; no sueñan, hablan; y se despiertan sólo para seguir parloteando, para que el mundo les agradezca Tanta Iluminación.

En las entrevistas, ¿hay una delgada línea que separe al género periodístico de un diálogo con el entrevistado?

– En los veintitantos años de andar en estas jamás llegué a una entrevista bajando los libros tediosos que nos obligaron a leer en la carrera de Periodismo y Comunicación Colectiva, a la que ahora con cierto aire insondable rebautizaron como “Ciencias de la Comunicación” o “de la Información”. Busqué a los entrevistados y los encontré, sencillamente para indagar en seguridades y dudas que sus libros me dejaron después de una lectura atenta o, a veces, muy apresurada… Así que esa línea ha de ser tan delgada, que yo aún no me topo con ella.

Méndez Vides escribía que la entrevista a Francisco Umbral es “un ejemplo típico de su manera agresiva de entrevistar”, ¿qué tanto se debe empujar al entrevistado para que responda  apasionadamente?

– El “elemento típico de la agresividad” –como usted le dice, citando al autor de ‘El leproso’, esa gran novela que los cineastas nacionales ya deberían haber abierto para transformarla en una película igualmente grande– incluye –ahora soy yo quien cita (a Corripio)– “cólera, irritación, mordacidad, causticidad, provocación”.

En la añeja plática con Umbral, ese dandy simpatiquísimo (aunque con Pérez-Reverte fue bastante plomoso), lo único que hice en su casa casi madrileña fue contrastar opiniones en su favor y en su contra para ver cómo se lo tomaba. Y se lo tomó muy bien. Tampoco se trata de “empujar” a nadie. Los entrevistados se empujan a sí mismos al constatar que usted sí leyó su libro, que usted no es el típico aporreador de teclas que se queda dormitando en las solapas o en la contraportada para preguntar impudicias como “maestro: ¿y de qué trata su nueva obra?”.

¿Cómo salvarse de las respuestas demagógicas?

– Evitando a toda costa incluso caminar sobre la misma acera que reptan los profesionales de la maniobra, del camaleonismo más desfachatado y de otras linduras de última generación diseñadas para vivir a todo mecate (por degeneraciones enteras) sin usar ni la mitad de una neurona ni mover una ceja.

Si tuviésemos una grabadora de por medio, es seguro que usted aprovecharía este momento para “empujarme” la pregunta “¿a quiénes se refiere?”. Y yo tendría que decirle más corriendo que andando: ¿a quién más? Pues a los viles politiqueros nacionales, regionales y mundiales… y, por supuesto, a sus bien entrenadas escoltas, esos cantinflescos administradores de las megapacas místicas, con perdón de Cantinflas, cuya única consigna es la caja registradora que suena al inicio de la rola ‘Money’ de Pink Floyd.

El maestro polaco Ryszard Kapuscinski lo dejó dicho con suma precisión: “No me interesa en absoluto entrevistar a los políticos. No dicen la verdad. Siempre repiten las mismas cosas. Me aburren sus discursos precocidos”.

¿Hasta qué punto el que pregunta puede desplegar sus conocimientos respecto a la obra y su autor? ¿Hay un juego como el del gato y el ratón? ¿Como un duelo?

– Hasta el punto en que el autor se dé color de que no perderá el tiempo ni el agua ni el jabón atendiendo a otro improvisado. Ni juego ni duelo. El eterno y resplandeciente entrevistado Jorge Luis Borges lo tenía mucho más claro: “Un diálogo no tiene obligación alguna de ser un modo verbal de la esgrima, juego de asombros, de fintas y de vanidades; es la investigación conjunta de un hecho o la recuperación de compartidas memorias y no importa saber si las palabras salen de un rostro o de otro”.

Este es un cuestionario vía internet, puede borrar y editar sus respuestas, ¿vale más aquella declaración al calor de las preguntas o la que toma un poco más de tiempo?

– Publicaciones mexicanas de ligas mayores jamás tuvieron la menor aprensión para publicarme kilométricas planas con entrevistas grabadas o rescatadas del proceloso mar de los faxes y de los e-mails. Hay tanta validez en lo que me dijo Carlos Fuentes frente a una grabadora en su casa mexicana, como en lo que me dijo en sucesivos faxes desde Londres Cabrera Infante o Stephen Vizinczey en incontables e-mails también desde Londres o lo que iba a decirme desde Perú Julio Ramón Ribeyro pero ya no me dijo porque lo mató la última cajetilla.

Igual que en las casi extintas ferias de pueblo, de las entrevistas cada quien habla según le ha ido en ellas. Le aseguro que no hay error. Para errores, para reverendas metidas de pata, ahí están las apocalípticas desgracias que a este pobre confín del mundo le han endosado y le seguirán endosando los sucesivos pésimos desgobiernos, con y sin uniforme pero con la misma pasión por la muerte y el dinero de los demás.

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Responses

  1. como puedo contacta por internet con el maestro perdomo

  2. soy Rodolfo Galicia de la ciudad de Toluca y me gustaría en tablar con tacto con el c. lic escritor jose luis perdomo orellana ya que son muy hacertados sus comentarios. si hay al guien que pudiera facilitarme o tener contacto con el favor de comentarle o pasarme sutelefono o correo electrónica ya que tene mos un escritor de a qui de Toluca que lo esta buscando para una critica de unos cuentos. de antemano gracias por su apoyo.


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