Posteado por: diariodelgallo | noviembre 26, 2010

ALFONSO ENRIQUE BARRIENTOS

Por Catalina Barrios / La Hora

Nos conocimos en el camino de las letras, de las humanidades especialmente y en los centros de investigación como lo es la Hemeroteca Nacional de Guatemala y la Biblioteca “César Brañas” de la Universidad de San Carlos, adonde ambos acudíamos con frecuencia y donde conversábamos largamente sobre asuntos literarios y culturales en general. Con Alfonso y Rigoberto Bran Azmitia integramos algunos jurados calificadores en concursos, tanto departamentales como de la capital.

Cuando don Oscar Marroquín Rojas me brindó un espacio en el Diario La Hora la relación con Alfonso fue más frecuente pues él era el encargado del suplemento de dicho diario. Ya en la Asociación Enrique Gómez Carrillo la amistad se hizo más sólida, con él y con su esposa Ismenia, pues, los tres formamos parte de la primera Junta Directiva de tal asociación. Alfonso como vicepresidente recibió la Medalla Enrique Gómez Carrillo como premio a su gran interés en estudiar la obra del Príncipe de los Cronistas.

Don Oscar Marroquín Rojas y Alfonso Enrique Barrientos me brindaron dos suplementos del Diario La Hora, como estímulo por mis constantes estudios del periodismo guatemalteco, iniciados con la obra Estudio. Histórico del Periodismo Guatemalteco (Época Colonial y Siglo XIX), en dos ediciones. Gracias al estímulo de ellos decidí continuar con un segundo tomo que abarca 30 años del siglo XX, obra en preparación.

Don Oscar y Alfonso me impulsaron para hacer una breve historia del Diario La Hora y de la Hora Dominical, estudio publicado en su oportunidad, en algunos de los aniversarios del periódico.

Era, pues, Alfonso, un hombre interesado en apoyar la labor cultural guatemalteca, desde su puesto de periodista, lo cual afirman muchos que frecuentaron su amistad.

Alfonso tuvo la oportunidad de pertenecer al Cuerpo Consular en Bolivia y vivió en España, por un tiempo, donde cultivó amistad con personas de relieve y asistió a tertulias literarias importantes. En México también se dedicó a estudiar en el campo de las humanidades.

No dudo en afirmar que la labor de Alfonso, desde La Hora fue parecida a la de César Brañas en El Imparcial, pues le abrió las puertas a jóvenes que más tarde se han colocado entre la intelectualidad guatemalteca.

Bohemio, Alfonso, periodista, escribió significativa obra literaria como narrador de novela y cuento, además de ensayos y artículos. No olvido que inventó saludos navideños para sus amigos y en ellos fue dejando una buena lista de intelectuales de Guatemala.

Su obra literaria también se desarrolló en el campo teatral, lo dice tres de sus obras, Molino de Gracia, El Señor Embajador y El Negro.

Creo que falta una tesis, que podría dedicarse a la obra de Alfonso y podría venir del Departamento de Letras de la Facultad de Humanidades de la Universidad de San Carlos, para valorar y difundir mejor su obra artística.

Valgan estas líneas como un agradecimiento para el buen amigo que partió hace poco hacia el infinito y un saludo de pésame para Ismenia y sus hijos, especialmente para Dante, radicado en Europa, donde realiza actividades académicas.

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