Posteado por: diariodelgallo | noviembre 27, 2010

IMAGEN Y SEMEJANZA de Carmen Lucía Alvarado

Por Teo Rodríguez / DCA

 

Parece ser que el mundo de la literatura en Guatemala está despertando. Hay una nueva generación de escritores, un nutrido grupo de guatemaltecos que cada vez escribe más (y mejor, pensamos), que cada vez se implica más en el movimiento literario del país. Se publican nuevos libros cada dos por tres, nacen nuevas editoriales con propuestas frescas y nuevas y poco a poco van tomando una posición importante no solo localmente, sino en el ámbito latinoamericano. Obviamente no todo es un camino de rosas, pero por lo menos se está intentando un cambio. El problema principal radica no en los creadores de literatura, sino en los receptores, que seguimos siendo pocos. Las presentaciones de libros tienen siempre más o menos los mismos asistentes, la misma gente que lee los nuevos libros y que ya los leía antes. Aún así, la literatura es el producto más sofisticado que haya producido y sigue produciendo Guatemala, diría Mario Roberto Morales. En eso sí estamos de acuerdo.

Para engordar las filas de nuevos libros, nuevos poetas, aparece en escena Carmen Lucía Alvarado y su poemario Imagen y semejanza (Editorial Cultura, 2010). Carmen nació en Quetzaltenango, en 1985, y estudió la licenciatura en Letras en la Universidad de San Carlos de Guatemala. Ha sido parte de la organización del Festival Internacional de Poesía de Quetzaltenango desde el año 2003. Sus poemas habían sido publicados anteriormente en antologías de poetas guatemaltecos contemporáneos. Actualmente, Carmen es subdirectora de la revista electrónica de difusión de arte Luna Park, y coeditora de una de las anteriormente mencionadas editoriales nuevas, Catafixia Editorial. La propuesta de Catafixia es la de un intercambio poético (en el sentido literal, no figurado) entre escritores y escritoras guatemaltecos y latinoamericanos. Hasta el momento han publicado la nada desdeñable cifra de 24 libros de poesía, y han concedido algunas entrevistas en estas páginas.

Imagen y semejanza es uno más de los libros de poesía que recientemente ha publicado la Editorial Cultura, entre los que encontramos La pasión, según Judas, de Enrique Noriega, Poemas grises, de Isabel de los Ángeles Ruano, Quizá ese día tampoco sea hoy, de la también quetzalteca Vania Vargas (directora de la revista electrónica Luna Park) y [sí] algún día nos haremos luces…, del otro director de Catafixia Editorial, Luis Méndez Salinas.

El título del libro ya debería darnos alguna pista de su contenido, con toda la referencia religiosa que contiene. Héctor Hernández Montecinos, en la contraportada, nos lo explica así: “…es un diálogo no con Dios, sino con lo divino que hay en el acto de crear. Las palabras y los versos de este libro se regocijan en el hecho mismo de existir, se hablan, se escuchan, aparecen y desaparecen como en un jardín de las delicias, como una novela escondida y edípica; la ciudad, el deseo, un hombre, un nosotros.”

El libro abre con una frase de Albert Einstein un tanto explicativa: “Dios es simple. Todo lo demás es complejo”.

Nos encontramos, entonces, con que tendremos una especie de diálogo entre la poeta y Dios (no sabemos con cuál, quizás ni siquiera esté definido), quizás una queja, una acusación. Así empieza, justamente, el poemario:

este es tu reino
pavimento
pasos apresurados
espaldas
hombros
seres habitantes de banquetas
reflejos en las vitrinas
pasos pasos pasos
los rostros
las voces
los autos
las ventanas
la comida el dinero el cambio
el café el vapor el humo
corre el aire
las campanas
los radios mal sintonizados
los aviones despegando
el llanto
las alarmas de los autos
las cajitas de música
los ladridos
los taconeos
las puertas que abren
las que cierran
las risas

Sirven, estas primeras palabras, para situarnos rápidamente en este mundo, en esta ciudad lúgubre. Hay detrás de las palabras un leve tono acusatorio de la poeta, aunque es de agradecer que no haya mencionado los balazos, la sangre y las muertes. Aún así vemos que el mundo que se nos plantea (el nuestro) no es perfecto.

Puede entenderse el proceso de descripción que realiza Carmen sobre Dios y sobre su creación como la fabricación de una imagen del mismo, aunque sirva nada más para distanciar la semejanza entre ella y ese ser creado. Así se crea entonces la autora, como un ser con miedo, sin saber precisamente en dónde está:

nunca recordarás el preciso momento en que tu piel se fue uniendo
cómo las partículas del conocimiento se alinearon
hasta convertirse en tu médula
cómo nadaron millones de ojos cerrados
preguntas microscópicas encontrándose
en el miedo líquido
miedo extraño
miedo primigenio
las partes se unieron
y quedó tu diminuto cuerpo
suspendido en un vasto universo
flotando sin noción de luz
aguardando el momento en el que se vaciara la oscuridad
y te dejara en las manos del aire y de la tierra
supiste que era el momento de abrir los ojos
tu corazón latió como la primera pregunta lanzada al viento
luego lloraste

También hay, claro que sí, momentos de rechazo, de acusación por habernos hecho exisitir. Un dedo que apunta a los cielos, enojado, quejándose por estar aquí y no saber qué hacer. Una pequeña diatriba contra la fuerza que nos ha hecho nacer, estar, vivir, respirar. Es, también, una forma de lograr apreciar lo que podemos hacer como seres tristes e incompletos. No debe pensarse que Imagen y semejanza es un libro con un tono necesariamente oscuro. La poeta simplemente nos lleva a dialogar con la creación, a encontrar faltas y aciertos. En este siguiente poema vemos la queja que pone la autora sobre la injusticia de nacer aquí con miles de preguntas e irnos después sin haber obtenido respuestas. Carmen acusa así al Dios, Creador, Ente, lo que sea:

hemos aprendido a tocarnos
a rozar los cuerpos en los días
hemos aprendido a amar la piel que nos impusiste
hemos aceptado las mordazas del camino
los vendavales de ignorancia
hemos aprendido a sentirnos
a entrelazar los dedos
a dibujar vacíos
a imaginar lejanías
hemos aprendido a andar en dos pies
con las manos llenas de sueños
hemos aprendido a desearnos
a tomarnos de esos sueños
y formar grandes redes de almas que cubren la tierra
te hemos buscado
hemos construido bóvedas inmensas en las que cantamos
para que nos escuches
hemos fabricado catapultas de oraciones
hemos enviado palabras de humo
y tan solo sentimos los días
en posición diagonal
resbalando en este espacio
que nos evacua inevitablemente
llenos de preguntas
con los ojos llorosos
y vacíos entre los labios

Imagen y semejanza termina siendo un libro sobre lo irónico que llegan a ser esas palabras, sobre lo poco que nos asemejamos a la imagen común de un creador inteligente. Carmen explota este tema ampliamente en sus páginas a fin de convencernos de que ni nos parecemos ni debemos quererlo.

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Responses

  1. Dios!!! un tema que nadie quiere tocar sin ponerse a la defensiva como si se tratara de una braza caliente que nadie puede sostener por mucho tiempo sin dejarla caer. Que obra maravillosa y que orgullo siento de saber que dichos eslabones de arte son fruto del talento de una compañera egresada de la universidad de San Carlos, que seguramente ocupó los mismo lugares que yo ocupo hoy día. Imagen y semejanza no solamente un dilema que nos planteamos día a día en las vanalidades que a veces nos agobian; resulta que tembién es el título de un legado poético que me dará mucho gusto leer y me llenará de paz. Como estudiante en formación, la obra de Carmen Lucía me llena de ilusión pues es el ejemplo para muchos que a veces caemos en el engaño de un mundo tercermundista que nos dice qué pensar y cómo actuar para encajar.

    Excelente Artículo!

    • Dios! una sencilla pero a la vez compleja respuesta. En lo personal, no tengo palabras para describir lo grande del poder de Dios. Soy estudiante de licenciatura en letras y hace dos años tuve un problema grave de salud. Mis familiares y amigos de diferentes religiones hicieron una cadena de oración y gracias a ellos y principalmente a Dios, estoy vivo encontrando mi propósito en la vida.


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