Posteado por: diariodelgallo | diciembre 14, 2010

VARGAS LLOSA EN GUATEMALA

Allá por el año de 1993, vino Vargas Llosa a Guatemala.

POR MARGARITA CARRERA/Prensa Libre

Aún no era tan famoso como hoy en día. Confieso que por esa época no había leído novela alguna suya. Sin embargo, el doctor Rigoberto Juárez Paz, que tenía un alto puesto como docente en la Universidad Marroquín, me invitó a un almuerzo que se le daba al escritor peruano. Pocos éramos los invitados: unos 13 más o menos. Ante semejante invitación fui a comprar de inmediato una de sus novelas. Nada menos que La Guerra del Fin del Mundo. Me la llevé al almuerzo y le pedí me la autografiara. Gentilmente él me escribió: “Para Margarita Carrera, con los mejores deseos de su colega, MV/L, 10 de mayo, 1993”. Se trataba de una persona amable, sencilla. Hablaba de sus impresiones sobre Guatemala y de otros puntos relativos a la literatura. Lo más valioso: sabía escuchar a los demás. Algo que difícilmente acostumbramos hacer, más si tenemos un alto puesto en nuestra carrera literaria. Él, no, sencillo y tranquilo. Por esa época estaba más joven y era (es) muy guapo. Alto, distinguido, el pelo blanco, con dos entradas en la frente.

La edición de La Guerra del Fin del Mundo que había comprado era voluminosa: más de 570 páginas, en letra pequeñísima. Su primera edición databa de 1981. Editorial Seix Barral de 1987 fue la que adquirí. Y empecé a leerla. Desde su comienzo noté que se trataba de una obra maestra. Comparada con Cien Años de Soledad, preferí de inmediato la obra de Vargas Llosa. Su novela parte de un hecho histórico: la insurrección popular, de signo religioso, paradójicamente a la vez revolucionaria y reaccionaria, que se produjo a fines del siglo XIX en las tierras del Nordeste, en el Brasil. Se trata del conflicto de un personaje fanatizado, un enigma eremítico: el Consejero, mostrado siempre en forma alusiva y oblicua, como una especie de cristalización esquinada y adusta del desamparo y el orgullo de unas gentes desheredadas. A la acción del Consejero, que crea, desde mínimos grupúsculos iniciales, una vasta sublevación, se contraponen otros personajes, ya individualizados, ya vistos como vehículos de intereses o ideales contrapuestos: la vieja aristocracia feudal y legitimista, los políticos. Todos ellos entretejen una malla de dobles tramas, la milicia profesional y, en calidad de testigos, dos seres solitarios, un frenólogo idealista adscrito a las ideas libertarias y un periodista que, como intelectual, sólo podrá rescatar su experiencia narrándola algún día por escrito.

Construida con tanta precisión y belleza como una pieza musical, segura en el complejísimo trazado de las acciones bélicas, La Guerra del Fin del Mundo es a un tiempo apasionante fresco de aventuras, una soberbia reconstrucción histórica y una pieza literaria sabiamente trabajada. Constituye una genial obra en la excepcional trayectoria de Mario Vargas Llosa.

Para mí, una de las mejores novelas escritas en Latinoamérica. Su sola lectura es todo un reto. No sólo el argumento te atrapa, sino aquel lenguaje límpido y poético con que está escrita. Por esta insólita obra, Vargas Llosa podría haber recibido mucho antes el Premio Nobel. Se le negó por largos años, hasta que su talento, lenguaje y cultura se impuso en el mundo.

Vargas Llosa nació en Arequipa, Perú, en 1936. Ha residido durante años en París y Madrid. Excepcional escritor que toca todos los géneros literarios con genial maestría. Merecedor desde hace tiempo del Premio Nobel.

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