Posteado por: diariodelgallo | diciembre 27, 2010

DOMINGO JUARROS Y LACUNZA

Nació Domingo Juarros y Lacunza en la ciudad de Santiago de los Caballeros de Guatemala, en el año 1752, en el seno de familia muy bien reputada y de limpia sangre, como que ningún obstáculo se opondría a su deseo de ingresar en el clero secular.  Un hermano suyo, el Alférez Real don Antonio Juarros y Lacunza, tuvo la vara en el año 1808 y era Síndico Municipal en 1810.

Los Juarros tuvieron significante  actuación en elevados cargos: el Doctor y Maestro Juan de Dios Juarros –canónigo en 1769, maestrescuela en 1784, chante en 1793 y arcediano en 1798-, fue varias veces Rector de la Universidad de San Carlos de Borromeo, en 1770-74-79-83 y 94.  Don Gaspar Juarros y Velasco, Alcalde  Segundo en 1776 y Primero en 1779 y 1787.

Recibió nuestro historiador esmerada educción, y alcanzó fama de “sacerdote sabio y esclarecido”.  Cultivó amistad bastante estrecha con el ilustre Doctor fray José Antonio de Liendo y Goicoechea, quien hizo “sumo aprecio de su persona” y lo elogia a base de un “largo conocimiento de su juicio, luces y talentos”; al punto d que, al ser requerido para aprobar los escritos de Juarros, declara que desde antes “tenia individual razón de todo su contenido” y le consta que sus noticias las ha adquirido a fuerza de investigaciones prolijas practicadas por muchos años.

Tocó a Juarros presenciar la ruina de la metrópoli en el valle de Panchoy, en 1773, y su traslación al valle de la Virgen, así como ser testigo de varios de los acontecimientos que anota.  La casa en que vivió en la Nueva Guatemala de la Asunción (hoy esquina de la Décima Avenida y Callejón del Conejo), se conserva casi sin modificaciones, y aun pueden verse algunos de los primitivos frescos que decoraban su oratorio; en 1818 era examinador sinodal de la iglesia metropolitana de Guatemala, y aquí murió en el mismo año en que se proclamaría la independencia nacional; fue enterrado en las bóvedas de la Catedral, donde se lee, grabado en tosca losa: “Aquí yace el presbítero Bachiller Dn. Domingo Juarros- Murió el día diez de mayo de 1821”.

Aficionado al estudio y con vocación de historiador, advierte “los innumerables provechos y grandes utilidades que produce el estudio de la Historia”, porque no sólo recrea el camino con la narración de sucesos peregrinos, con relación de las hazañas de nuestros mayores; sino que también nos instruye del modo con que nos debemos portar en las ocurrencias, que se ofrecen, mostrándonos, lo que en semejantes ocasiones hicieron hombres sabios, y sensatos; nos anima a ejecutar acciones grandes, con el ejemplo de nuestros antecesores, y eterniza la memoria de los héroes que ilustraron el orbe con sus hechos; se lamenta, por tanto, de que la ciudad de Guatemala se vea privada de tales ventajas no habiendo visto aún la luz pública sus anales, y no existiendo su historia, sino es en el deseo de los años.

Tal la incitación para escribir él la historia de sus ciudad, y para componer sus Tratado Preliminares consulta detenidamente las Crónicas de la Provincia de Predicadores y Menores; los manuscritos auténticos o fidedignos ,  recoge informes verbales de las personas a quienes juzga verídicas.  A principios del siglo XVIII tiene realizada gran parte de su obra, como se infiere de un anuncio publicado por la Gazeta, en edición de 2 de octubre de 1802, diciendo esa sacada la licencia para imprimir la descripción geográfica del reino de Guatemala, que debía formar un tomo en octavo de tamaño regular.  Se refiere al primer tratado, el cual editan varios amigos del autor, y ofrecerlo al público a razón de dos pesos el ejemplar, contando de antemano con varios subscriptores; pero el autor tiene trabajada una obra más grande con el título de “Tratados Preliminares a la Historia de la Ciudad de Guatemala”, en que se ha ocupado algunos años”.

El primer volumen se imprimió en 1808, informando la Gazeta, en 27 de abril de 1809, que el ánimo del autor era dar a luz de una vez todo el tomo de los Preliminares, que consta de tres tratados.  Considerando la demora precisa, y por satisfacer el deseo patriótico de ver comenzada esta obra, se ha determinado a publicar el primero, que ya está concluido, y contiene la descripción geográfica del reino de Guatemala. Inmediatamente seguirán imprimiéndose los otros dos tratados.

En efecto, el doctor don Bernardo Dighero dio su aprobación el 7 de septiembre de 1802, y en 14 del propio mes y año el juez general de imprentas, don Jacobo de Villa-Urrutia, concedió la licencia para la impresión.  En lo eclesiástico, el Provisor y Vicario General, doctor fray José Antonio de Liendo y Goicoechea, dio su aprobación a 23 de noviembre de 1807, y el Gobernador del Arzobispado, Doctor Bernardo Pavón, concedió la licencia en consecuente proveído.

No pretendía Juarros hacer un tratado magistral, modestamente deseaba allanar el paso para que las personas en quienes concurran los talentos necesarios, y copia bastante de noticias, emprendan la deseada obra de la historia de Guatemala, y entendiendo que la geografía y la cronología son con razón llamadas los ojos de la historia, en el primero volumen del tomo I provee a la historia de Guatemala de uno de sus ojos, con la Descripción geográfica del Reyno de Guatemala adornada con algunos rasgos de historia natural y política de los lugares de dicho reyno, 1808.

El segundo tratado apareció en 1809, con la siguiente portada “COMPENDIO DE LA HISTORIA DE LA CIUDAD DE GUAETMALA, ESCRITO POR EL BR. D. DOMINGO JUARROS PRESBITERO SECULAR DE ESTE ARZOBISPADO, TOMO I, QUE COMPRENDE LOS PRELIMINARES DE DICHA HISTORIA. CON LICENCIA, EN GUATEMALA. POR D. IGNACIO BETETA, AÑO DE 1809”. Trata de los orígenes y fundación de la ciudad, y desarrolla una crónica o índice cronológico de los principios, progresos y acontecimientos más notables de los principales cuerpos políticos que componen esta metrópoli, que es el otro ojo de la historia.  Al referir los terremotos de Santa Marta, en capítulo dedicado a las calamidades más notables que han afligido a la ciudad de Guatemala,  cuya duración, y variedad de movimientos no es fácil referir, aún a los que fuimos testigos de esta tragedia; pues la turbación y angustia no daba lugar a reflexiones.

El tratado tercero del tomo I vio la luz en el año 1810, y contiene un índice cronológico de los varones ilustres que ha tenido la ciudad de Guatemala; los Gobernadores y Capitanes Generales hasta González Mollinedo y Saravia, en 1801; los Obispos y Arzobispos que han gobernado la diócesis; algunos hombre ilustres en santidad; algunos moradores de la ciudad que ha prolongado su memoria con sus escritos; los vecinos quela ilustraron con  sus hazañas en el ejercicio de las armas; y una serie de tablas cronológicas, en fin, como sigue: I los visitadores; II los Regentes de la Real Audiencia; III los Prebendados de la iglesia de Guatemala; IV los Alcaldes ordinarios, desde su fundación; y V los Rectores de la Universidad de San Carlos de Borromeo.

El tomo II comprende también tres tratados, cuya impresión se terminó en el año 1818.  El primero de ellos, o sea, el Tratado IV de la obra completa, explica en la portada la materia de que rata: Contiene un cronicón del Reyno de Guatemala.  Hay un preámbulo del autor, explicando la necesidad de referirse más extensa y concretamente a las Provincias del Reyno, pues no se puede conocer perfectamente la cabeza sin tener algún conocimiento del cuerpo.  Agrega que sigue a los cronistas e historiadores que el precedieron, particularmente a Fuentes y Guzmán, quien tuvo en sus manos muchos documentos importantes, inclusive la relación de don Jorge de Alvarado y varios manuscritos indígenas.

El tratado V se ocupa de las provincias situadas hacia la mar del Norte, a saber: la Verapaz, con el partido de El Petén; Chiquimula, Comayagua, Nicaragua y Costa Rica.  El Tratado VI, de las Provincias de este Reyno que se hallan situadas en el medio, a saber: Totonicapán, Quezaltenango, Sololá, Chimaltenango y Sacatepéquez.

La muerte sorprendió a Juarros trabajando el tercer tomo de su obra, habiéndose después publicado en la Gaceta Oficial (números del 22 al 37, tomo 6, año 1852), los seis primeros capítulos del Tratado VII, primera parte, la cual se ocupaba de la Historia de la Santa Iglesia Metropolitana de Guatemala, ene el orden siguiente: Capítulo I, primer templo en Tzcualpa; Capítulo II, segundo templo mayor erigido en Santiago; Capítulo III, demolición y reedificación de la catedral; Capítulo IV, dedicación y estreno del templo mayor; Capítulo V, historia de la Catedral hasta la ruina de 1773; Capítulo VI, de la traslación.

El ingeniero John Baily, escudero de Su Real Majestad Británica, quien residió muchos años en nuestro país y publicó una reseña geográfico-histórica de la América Central y un mapa (Trelawney Saunders, Londres, 1850), se apresuró a traducir al inglés la historia de Juarros y la publicó en Londres en 1823, en uno tomo de 516 páginas, indicando que a Juarros, sus deberes profesionales lo hicieron visitar diversas partes del país.

En el año 1857, el periódico El Museo Guatemalteco, tiró en sus prensas la segunda edición española de Juarros, que desde su aparecimiento a principios del siglo había tenido muy buena aceptación; salieron dos tomos en octavo, conteniendo cada uno tres tratados y llevando el segundo como Apéndice los capítulos del tomo tercero que había publicado la Gaceta Oficial en 1852.  He aquí su portada:

Compendio de la Historia de la Ciudad de Guatemala/ escrito por el Br. Dn. Domingo Juarros, Presbítero secular de este arzobispado.  Tomo Primero que comprende los preliminares de dicha historia/ Edición del Museo Guatemalteco/ Guatemala/ Imprenta la Luna, Calle de la Providencia N. 2/ 1857.

Finalmente, en 1936 inició la Tipografía Nacional, en colaboración con la dirección de Diario de Centro-América, la Biblioteca Payo de Rivera, con la obra de Juarros.  Esta tercera edición apareció como folletín de Diario de Centro-América y en forma de libro de la Tipografía Nacional, en dos tomos, profusamente ilustrados y con notas del periodista e historiógrafo Víctor Miguel Díaz, quien hizo aclaraciones y adiciones a las noticias de Juarros.

El estilo de Juarros es llano y conciso, y Liendo y Goicoechea lo elogió con justicia: “No necesita más calificación de la grande utilidad que debe resultar al público de su lectura, que la claridad, sencillez, verdad y laconismo, con que expone muchas noticias, que inútilmente se buscarán en otra parte”; hasta la fecha es obra de consulta muy bien reputada.

 

 

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Responses

  1. Interesante la literatura de nuestro pais….


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