Posteado por: diariodelgallo | enero 9, 2011

CARMEN LUCÍA ALVARADO BENÍTEZ

El lenguaje es lo único que casi tenemos”, acota Julio Serrano Echeverría al reseñar el poemario Imagen y semejanza.

Imagen y semejanza. Editorial Cultura, 2010. Carmen Lucía Alvarado Benítez es poeta y editora. Codirige la editorial Catafixia, la revista Luna Park y el Festival Internacional de Poesía de Quetzaltenango.

Los hermanos Wachowski pasaron a la historia por su maravillosa adaptación del mito de la caverna. En ese sentido el filme Matrix es a la vez un tratado de metafísica y de teoría del conocimiento. Cómo percibimos el mundo y cómo lo representamos ha sido uno de los grandes temas de la cultura occidental en su inevitable física-metafísica. De ahí que encontremos algo de aquellas sombras de la caverna en casi todo lo que hacemos. También sospecho que estaremos de acuerdo en que aunque los muñequitos proyectados en la pared de aquella cueva platónica nos definan en parte, estamos totalmente conscientes de que desde esta región del planeta, en este momento histórico (y digamos que en muchos más) no podemos definirnos a plenitud en ese canal occidental. Imagen y semejanza es un poético recorrido por la caverna, arte rupestre y viajera del tiempo, al mejor estilo de una poeta astronauta. Carmen Lucía Alvarado ahonda acá en la materia prima de esa gran crisis epistemológica del mundo: el lenguaje.

El libro parte de una suerte de diálogo entre una deidad y una especie de criatura, en el cual –a través de un recorrido por la realidad inmediata y cognoscible– sale a flote la gran angustia que podemos entender desde la referencia a Matrix: en qué medida esta realidad que habitamos es la realidad, y si así fuera, qué es lo que hacemos cuando enunciamos, cuando nombramos o cuando no lo hacemos; qué hay en las palabras y más angustiante aún, qué hay detrás de ellas.

El nombre del libro trae su propia trampa. Occidentales y judeocristianos (con lo que eso represente) no podemos pensar la idea de imagen y semejanza sin elaborar una referencia bíblica en la cabeza, la relación con el dios del pentateuco y la idea de que “fuimos creados a imagen y semejanza de”. En este sentido, el poemario se inicia con su propia caverna lingüística. En realidad, esta referencia apunta más bien a uno de los principios fundamentales de la filosofía del lenguaje. Imagen y semejanza, poética alegoría del signo, funciona en este texto como aquel arbolito saussuriano y su significante y significado, tal como lo vemos en la portada, un cristo contemporáneo con los ojos tapados (signo del anonimato mediático) contrapuesto a una raíz que desciende verticalmente como la del árbol. Y es que para fines prácticos ante esto que percibimos como la realidad y que irremediablemente es el punto de partida de todo lo que hacemos, sólo podemos representarlo como imagen y semejanza; nombrar es delinear, nombrar es la escalera aquella del otro famoso filósofo que sugería, que una vez llegado al lugar deseado había que tirarla. El lenguaje siempre quema tras de sí sus balsas.

El poeta personaje del libro se enfrenta ante la angustia de dios. Nada sorprende que todo el libro se encuentre en minúsculas,  por la misma razón de que ninguno de los personajes de la caverna tenga nombre propio. La angustia abstracta es sintetizada por la poeta cuando dice “no hay mayor conclusión que la ausencia”.

Esta ausencia es el motor mismo de la publicación porque, para fines prácticos, la ausencia es el motor de todo, la ausencia es deseo, y ahí todos nos movemos en busca de las sombras. El lenguaje entonces trata de ser la soga con la cual nos sostenemos en esta realidad. De no poder nombrar caeríamos al vacío. Nombrar es organizar lo que está ante nuestros sentidos, contar es nombrar, escribir poesía es nombrar, soñar es nombrar porque el lenguaje también es el fuego en la caverna que permite la proyección en la pared como en un cine (sí, como suena, también tenían cine en esa cueva).

Imagen y semejanza nos lleva en esta dialéctica criatura-dios al extremo mismo del propio vacío que pronostica, las voces se funden en una esquizofrenia que de tan angustiante llega a la calma misma, 2 pi radianes, la circunferencia que cierra.  No sabemos nada de la realidad, ni de la cueva, ni de sus sombras, ni de la llama tibia que nos calienta la espalda. Lo único que tenemos es la posibilidad de nombrarlas cueva, sombra o fuego, porque al final  –y acá una de las claves del libro– el lenguaje es lo único que casi tenemos. En palabras de Heidegger “sólo hay mundo donde hay habla”.  Y en las de la autora Alvarado: “No temas pequeño/ Nada tiene sentido/ Sólo abre los ojos/ Pronto estarás de nuevo en la nada”.

Anuncios

Responses

  1. me gustaria poder accesar a los poemas y relatos más facilmente.


Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s

Categorías

A %d blogueros les gusta esto: