Posteado por: diariodelgallo | junio 8, 2011

LOS DESENCONTRADOS de Mario Monteforte Toledo

Después de tantos años de vivir en el país vecino, nuestro novelista decidió escribir una novela mexicana, en la cual aplicó su temática tradicional (dialéctica, decía él) para presentar al desnudo las relaciones sentimentales imposibles de preservar entre personas de diferente origen. Ya no tenía, como en sus novelas anteriores, el auxilio de la experiencia fecunda de la infancia y juventud, ni la referencia del amor idealizado con una mujer indígena, que fue su banquete de civilización y barbarie. En Donde acaban los caminos acuñó la frase: “Aparte son los blancos, aparte son los naturales…” en Los desencontrados la relación imposible se sucede entre un mestizo mexicano educado para dominar a la esposa, con licencia para acudir a los prostíbulos en plan de negocios, y una mujer blanca de los Estados Unidos, independiente y puritana. Es su misma novela de siempre pero con los papeles cambiados y el escenario distinto, donde fluye el espíritu pasivo de la vida desencantada en medio de la rutina familiar, en los años de los hippies, Vietnam y las drogas. En lugar de soñar, el discurso de la novela sabe a depresión, y la estructura de la obra es la más enredada, quizá por cansancio o porque se tomó la libertad de la experimentación tan en boga en dichos años… Méndez Vides

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Responses

  1. La primera edición de “Los desencontrados” es de 1976; la segunda, Editorial Piedra Santa, de 1988; la imagen de portada que aquí se muestra corresponde a la tercera.

    Comentando la novela en lenguaje sencillo, es de señalar que está “entre bonita y fea”. Se parece a “La volanda” de Arqueles Vela, por lo desordenado de su estructura, sobre todo a partir del Capítulo IX en su segunda parte (página 126 en la segunda edición).
    El autor llevaba bien hilvanada la trama cuando de repente, a partir de dicha página, empieza a insertar diálogos alejados del tema central, la relación entre Peggy y Roberto.
    No se sabe cuando se separaron como pareja. Después del pleito por el vestido típico, se intuye que él se cansa de la relación, la gringa no es lo que esperaba, un peldaño en su ascenso social que le resulta contraproducente porque él quiere asimilarse a lo gringo y ella a lo exótico del país, que es de lo que Roberto reniega.
    El desorden de incluir temas, diálogos y discusiones ajenas a la gringa y Roberto, hace pensar en la literatura decadentista (como la de Arqueles Vela) y en que ella no es el eje de la novela, como lo señalan los editores de la segunda edición.
    Haber leído esta novela de un tirón, es indicativo de una prosa sencilla, sin rebuscamientos, pero con ese estilo decadentista que cae mal.


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