Posteado por: diariodelgallo2 | diciembre 7, 2011

LA NOVELA GUATEMALTECA

Claudia Navas/Revista Amiga/Prensa Libre

La novela guatemalteca cuenta entre sus glorias un Premio Nobel y muchos premios internacionales merecidos. Los y las escritoras han sabido plasmar en este género su ingenio, sus tristezas y las desventuras que ha vivido nuestro país. A través de este reportaje pretendemos recoger un poco de la historia y los protagonistas de este género literario en Guatemala.

A José Milla, tal y como lo cita Seymour Menton en su obra Historia Crítica de la Novela Guatemalteca, se le da el título de padre de la novela guatemalteca. Además de un buen novelista, Milla fue el literato guatemalteco más importante de todo el siglo XIX y hasta la fecha se le aprecia como el más conocido y el más leído de todos los autores guatemaltecos.{{Este escritor, que firmaba con el pseudónimo de Salomé Jil, fue uno de los primeros de toda Hispanoamérica que cultivó sistemáticamente la novela histórica. La aparición de este género en la región refleja la moda mundial, establecida por Scott Manzoni, Alejandro Dumas y James Fenimore Cooper, entre otros. Además, señala Menton, no se le puede negar el parentesco con el drama romántico español del siglo XIX. Milla fue uno de los primeros autores que desarrolló suficientemente la técnica de la novela histórica, como para escribir más de una sola obra.{{Los últimos 25 años del siglo XIX, afirma Menton, presenciaron una actividad novelística que no había conocido antes Guatemala. Con la Reforma de 1871 se inició una época de progreso material e ideología liberal que era propicia para el desarrollo de este género. {{Uno de los fenómenos de la literatura hispanoamericana es la permanencia del romanticismo, hasta fines del siglo XIX y en algunos casos hasta la mitad del siglo XX. En Guatemala el romanticismo de Milla inspiró a Agustín Mencos Franco; y cabe citar también a José A. Beteta y a Miguel A. Urrutia, y no puede dejar de mencionarse la novela ³María, historia de una mártir², de Felipe de Jesús. Como ellos, muchos otros autores destacan en ese momento hasta llegar a Enrique Martínez Sobral, con quien se cierra la novela del siglo XIX.

 

La etapa que siguió fue la del modernismo, cuyo rasgo principal es la primacía que se daba a la sensibilidad artística. El mayor exponente de este movimiento en las letras guatemaltecas fue Enrique Gómez Carrillo, quien desarrolló su trabajo principalmente en París. Pese a que su obra carece de referentes guatemaltecos, Gómez Carrillo fue el primer escritor del país en elevar el género de novela al nivel de obra de arte. De acuerdo con la página de Literatura Guatemalteca, (www.uweb.ucsb.edu/) de entre las novelas de Gómez Carrillo vale destacar: Del amor del dolor y del vicio, publicada en 1898, Bohemia sentimental, publicada en 1899, y Maravillas, del mismo año.{{Otros autores importantes de esta etapa son Máximo Soto-Hall, Rafael Arévalo Martínez y César Brañas. Entre los modernistas guatemaltecos, Brañas es el único que aplica este movimiento a una obra escrita conscientemente como novela, con escenario guatemalteco y en una época contemporánea, dice Menton. Con él, se cierra el ciclo del modernismo que data desde 1918 hasta 1939. {{Hasta este punto la mayoría de autores habían trabajado sus obras en el destierro. A partir de 1944, año de la Revolución, hubo un gran fermento cultural, la novela criollista comenzó a delinearse hacia la tercera década de este siglo y llegó a predominar más o menos entre 1930 y 1945. Aquí surgen los nombres de Carlos Wyld Ospina, Clemente Marroquín Rojas y Flavio Herrera, con quien se registra el triunfo de la novela criollista en el país, y sus libros reflejan la evolución temática de la novela hispanoamericana entre 1920 y 1950.{{Pero quizá uno de los nombres más importantes, tanto de la literatura guatemalteca, como mundial, es el de Miguel Ángel Asturias, quien logra combinar, según Menton, la experimentación vanguardista aprendida en Europa con una gran penetración en la esencia cósmica del pueblo guatemalteco y una clara visión de sus problemas contemporáneos, cuya fusión fue llamada por el mismo Asturias como realismo mágico.{{ De sus diez novelas, cita Menton, sin duda alguna ³El Señor Presidente² es la mejor, es la presentación realista y maravillosa de una dictadura latinoamericana. Con esta novela, Asturias se sitúa dentro del movimiento vanguardista. Pero es meritorio también agregar, entre la obra de este escritor, su novela ³Hombres de Maíz². {{Primer capítulo de ³Hombres de maíz²{{Aquí la mujer,{yo el dormido

-El Gaspar Ilóm deja que a la tierra de Ilóm le roben el sueño de los ojos.{-El Gaspar Ilóm deja que a la tierra de Ilóm le boten los párpados con hacha…{-El Gaspar Ilóm deja que a la tierra de Ilóm le chamusquen la ramazón de las pestañas con las quemas que ponen la luna color de hormiga vieja…{El Gaspar Ilóm movía la cabeza de un lado a otro. Negar, moler la acusación del suelo en que estaba dormido con su petate, su sombra y su mujer y enterrado con sus muertos y su ombligo, sin poder deshacerse de una culebra de seiscientas mil vueltas de lodo, luna, bosques, aguaceros, montañas, pájaros y retumbos que sentía alrededor del cuerpo.{-La tierra cae soñando de las estrellas, pero despierta en las que fueron montañas, hoy cerros pelados de Ilóm, donde el guarda canta con lloro de barranco, vuela de cabeza el gavilán, anda el zompopo, gime la espumuy y duerme con su petate, su sombra y su mujer el que debía trozar los párpados a los que chamuscan el monte y enfriar el cuerpo a los que atajan el agua de los ríos que corriendo duerme y no ve nada pero atajada en las pozas abre los ojos y lo ve todo con mirada honda…{{El escritor Francisco Alvizúrez Palma, en una entrevista realizada por Saúl Heras y publicada por la Unidad Académica Profesional de la Universidad Autónoma del Estado de México, señala a Asturias como la figura más universal de la literatura guatemalteca. Algunos autores se dedicaron a escribir como Asturias, dice. Luego, en otra parte de la entrevista, afirma: ³casi me atrevería a decir que la historia literaria de Guatemala se podría dividir en antes y después de Miguel Angel Asturias². {{Alvizúrez, además, considera que el eje de la novela de Asturias es la tendencia barroca en el uso del idioma: la destreza para jugar con el lenguaje, para crear figuras retóricas, para manejar la ironía, el esperpento, todo eso perdura y se nota en toda su obra. Además, Asturias concede a los elementos populares personajes, ambientes, formas de vida, de lo que llamamos folclore o más acertadamente cultura popular tradicional. {{Luego del Premio Nobel, vale la pena resaltar el trabajo novelístico de Mario Monteforte Toledo, que marca cuatro fases básicas en el desarrollo de la novela hispanoamericana, según Menton: el criollismo (fase o movimiento dentro de la cual Monteforte niega pertenecer), el nacionalismo, el estudio psicológico revestido de experimentación estilística y el estudio filosófico de tendencias universales. {{De acuerdo con una entrevista realizada por Edward Waters Hood al escritor y publicada en 2002 en la revista de estudios literarios de la Universidad Complutense de Madrid, Monteforte explica que el surrealismo en las artes existe en Latinoamérica desde las culturas precolombinas y, especialmente, entre los mayas y que el realismo mágico que aplica Alejo Carpentier, para clasificar la reciente narrativa latinoamericana, no es sino otro nombre del surrealismo.{{Hasta aquí estos y otros autores guatemaltecos, como Virgilio Rodríguez Macal (autor de varias novelas que describen majestuosamente la selva petenera, como Guayacán, Jinayá, La mansión del Pájaro Serpiente y Carazamba entre otras), han realizado un trabajo importante dentro de la literatura hispanoamericana. Eso sí, ninguno ha logrado superar el nombre de Miguel Angel Asturias, tras de él y de los ya citados, muchos otros autores siguieron un camino que responde al momento literario de cada obra y a los preceptos que estos autores han marcado.{{

Al respecto, la escritora Luz Méndez de la Vega explica en el libro Desandando Huellas, de Max Araujo, que ³los seguidores del realismo mágico de Miguel Angel Asturias (del que difícilmente escapan o han escapado hasta los narradores más iconoclastas entre los nuevos), algunos se aproximan a la novela de denuncia cuyo modelo es el Señor Presidente, o a la trilogía bananera; otros al estilo de su barroquismo creador de imágenes y metáforas sorprendentes.{{{{{

La revolución literaria en el país

Menton afirma que, en términos literarios, la nueva novela guatemalteca se inicia en 1976 con la publicación, por Joaquín Mortiz en México, de ³Los compañeros² de Marco Antonio Flores. Desde 1976 no hay sino otras tres novelas que merecen agruparse, guardadas las proporciones, con ³Rayuela², ³Cien años de Soledad², ³La casa verde² y ³Tres tristes tigres². Y cita a ³Los demonios salvajes² de Mario Roberto Morales, ³El pueblo y los atentados² de Edwin Cifuentes, publicadas en Guatemala en 1978 y 1979, respectivamente, y ³Después de las bombas² de Arturo Arias (1979), publicada también por Mortiz en México.{{³Los compañeros², escrita entre 1968 y 1971 en México, Madrid y Guatemala, presenta una visión negativa del movimiento guerrillero de los años sesenta, sin dejar de denunciar la violencia derechista de los gobiernos. El modo de narrar de Flores, dice Menton, varía de primera a segunda a tercera persona, y el uso abundante del monólogo interior y de la asociación libre sirve para evocar recuerdos del pasado. Además de los aspectos políticos y sicológicos, esta novela destaca por su creación lingüística. Con él coincide el escritor José Mejía, destacando, en el prólogo de Los Compañeros, ese juego de tiempos y personas realizado por Flores.{{Por otro lado, el escritor José Luis Perdomo Orellana cita en una entrevista que le realizó a Flores en 1993, para el periódico El Financiero de México, que esta novela fue una publicación traumática por haberse editado en 1976, en pleno auge de la lucha armada en Centroamérica. {{Extracto del capitulo seis de ³Los compañeros²{{EL PATOJO {{1966{{³Guaro amargo: melcocha: rapadura: colado de vinagre: agua: aguardiente: agua ardiente: guardiente: guaro. Danza a través de los palacios barrocos llenos de nubes que no pesan más que la mirada. Claridad meridiana: mañana azul rellena de miel. Sobre las nubes conchas de mar, de suaves colores, rosas, celestes, verdes, de todos tamaños. Las más pequeñas: bonitas: metidas en cajas de marfil y en el fondo de la cajita la música rodeándola. Siempre ella: caja vieja de marfil, llena de semen, de concha hedionda a meados de borracho. Bañado de meados, prensado, enchironado, jodido, preso por pendejo, vergaceado: chille de oreja, vergazo de oreja, culatazo de cuque: chivatos, esbirros, hijos de perra.{{Miraba la luz, lineada con asiduidad, verticalmente. La luz que se colaba por los barrotes le hacía huevo los ojos. Luz de callejón largo, brumoso, húmedo, silencioso, zumbón, oloroso a comida vieja rancia, a mierda seca, a sangre coagulada. Inició los pasos sobre la música del bar y recibió el primer culatazo en la frente, frenético, insultante, indignante, doloroso. Un bofetón le sangró las encías. El sabor de la sangre parece aguardiente, raspa la garganta, la laringe, plomo derretido en el esófago cayendo al cuajar, al librillo, como torrente de lava: gastritis: acidez: dieta: úlcera: chingadera. Del primer trago empezó a ver babosadas. Nunca había tomado guaro, era la primera vez².{{A partir de esta época, surgieron varios nombres en la literatura guatemalteca, como los ya citados anteriormente. Por supuesto, la temática no fue la misma: la pluma femenina también tomó un lugar dentro de las letras de Guatemala y las nuevas corrientes literarias se fueron mezclando con su inspiración. {{Hasta aquí el estudio de Menton en Historia Crítica de la Novela Guatemalteca. No obstante, la escritura de textos no paró. Si bien es cierto que gran parte del trabajo literario de esa época se realizó en el exilio o se guardó y publicó hasta muchos años después, el trabajo de los escritores guatemaltecos continuó.

Una nueva era

Inicio de la novela La ceremonia del Mapache, de Otoniel Martínez:{{³Un escalofrío metálico recorrió la espalda de Mam cuando abrió los ojos. El viento soplaba con fuerza por el norte, mientras la llovizna pertinaz apenas permitía ver los cafetales que en los alrededores dormían bajo la escarcha. Era la madrugada del 1 de junio de 1981. Con el mismo desasosiego que lo acompañaba en los últimos meses, se levantó del suelo húmedo, dobló el sarape y el lienzo plástico con que se había protegido y los metió con rabia en su mochila. Los más de cien soldados que junto a él integraban la Compañía, también despertaron malhumorados y hambrientos ya que en vano habían rastreado la zona todo el día anterior buscando campamentos de la resistencia, un movimiento indígena armado que crecía en los pliegues y crestas de la abigarrada geografía del Bando de Xibalbá².{{De la década de los setenta a los noventa podemos mencionar a muchos escritores, que por ahora no han sido objeto de estudios críticos como el de Menton, pero que quizá con el tiempo ocupen un espacio importante en otros tratados. Empecemos con Carlos René García Escobar con La casa de piedra y La llama del retorno. Luego tenemos a Gerardo Guinea Diez, autor de ¿Por qué maté a Bob Hope? y Exul Umbra, Otoniel Martínez y La ceremonia del mapache, Víctor Muñoz, José Luis Perdomo Orellana, Isabel Garma autora de El hoyito del perraje, Rodrigo Rey Rosa, quien además ha traducido la mayoría de sus obras al inglés y alemán, entre ellas Lo que soñó Sebastián, hoy en producción para el cine, y Margarita Carrera que presentó su primera novela titulada En la mirilla del jaguar, biografía novelada de Monseñor Gerardi, el año pasado. {{Extracto del libro Por qué maté a Bob Hope, de Gerardo Guinea Diez{{³Durante estos largos años he danzado cual venado, me he habituado a comer los ojos de los muertos para que los recuerdos, las querencias y los amores impugnen el contrato del tiempo; para ver con luz prestada el amarillo de las rosas, el azul profundo del cielo, para resolver el enigma de nuestros días. Con ellos he desenmascarado al criminal oculto y me ha sido posible la dicha de capturar la fugaz alegría del ahora, apenas como un instante de vida y muerte. También he besado con labios prestados, por piedad es cierto, pero al fin prestados, y el agua ha sido dura como una vieja roca².{{Pero quizá uno de los nombres más importantes en la literatura guatemalteca de ese entonces es el del desaparecido Luis de Lión. El primer escritor indígena de expresión española que apareció en el país, tal y como se cita en la página de Literatura Guatemalteca. El tiempo principia en Xibalbá, novela traducida al italiano y publicada de forma póstuma en 1985, aunque en realidad data de 1972, año en el cual ganó con ella el premio Centroamericano de Novela en los Juegos Florales de Quetzaltenango. {{Estos entre otros, ya que el listado de escritores guatemaltecos que han trabajado el género de novela es amplio y aquí citamos sólo algunos de los mencionados en la Página de Literatura Guatemalteca y de los conocidos en el ámbito literario del país.

Los novísimos

Con la firma de la paz, la literatura recobró nuevos bríos, muchos nombres de jóvenes escritores aparecieron en el espectro guatemalteco. Y cuando decimos jóvenes escritores, hacemos una diferencia entre los consagrados que aún publican, como Mario Monteforte y Marco Antonio Flores y que para muchos son todavía la nueva generación de novelistas. {{No obstante, todo ha evolucionado: la temática, el estilo, la fluidez, los nombres. Cabe citar entre los recientes novelistas a Maurice Echeverría, Estuardo Prado y Ronald Flores. Hay muchos otros escritores y escritoras que actualmente trabajan este género. Ya es común encontrar en la cartelera cultural la presentación de un nuevo libro cada semana y ver en los anaqueles de las librerías cada vez más grande el espacio de las obras guatemaltecas.

Claudia Navas Dangel{{Fotos: Historia Crítica de la Novela Guatemalteca

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