Posteado por: diariodelgallo2 | diciembre 14, 2011

EN REGLONES COMO CIELOS de Aida Toledo

     Entramos en ocasiones a regiones desconocidas de las cuales damos noticia sólo en los sueños. Nadie  sabe  a  cabalidad  en  qué  espacios  se  suceden  ni  dónde  están  los  límites entre  los sueños y  la  realidad, o entre  la  realidad y  la  fantasía. En ese espacio anónimo dilucidamos parte de nuestra existencia, la más secreta, aún para nosotros mismos.

     En  algunas  ocasiones  los  mensajes  de  nuestros  sueños  o  de  nuestras  pesadillas aparecen  nebulosos,  obscuros,  inescrutables.  En  otras,  las  señales  son  claras,  ese  pez nadando en una agua verde azulosa, o yo misma subiendo y resbalando por una caída de lodo como en una  serie  repetida de  imágenes comerciales, poseen un enigma que cada quien debe descifrar, según su habilidad de conocimiento de sí mismo.

     Las  regiones  seguras  son  espacios  amorosos,  climáticos,  con  aspecto  de  nubes danzando  como  nubes  en  un  cielo  como  el  nuestro.  Por  el  contrario  las  regiones peligrosas  se  parecen  a  estos  cielos  en  donde  somos  extraños  a  pesar  de  los  años  de contemplarlos.

     Un instante sereno en la madrugada posee todo un misterio semejante a esos espacios de  la  fantasía,  en  donde  construimos  nuestros  poemas,  en  donde  visualizamos  el  color que andábamos buscando o la imagen que se ha escapado mil veces de nuestra mente, en la búsqueda constante, al momento del acto creador.

     Oímos  voces,  voces  que  alcanzan  tonalidades  nunca  escuchadas,  esas  voces  con palabras inaudibles, sonidos que no reconocemos porque provienen de espacios en donde sólo se llega con la fé, con la certeza que existen y que podemos alcanzarlos.

     Somos  incapaces de ver  lo que es claro y preciso para otros que  son  tocados por  lo infinito. Lo misterioso nos da terror. No queremos descifrar esos símbolos que nos dirían quiénes  somos  en  el  fondo,  y  que  además  niegan  lo  que  aparentamos  social  o culturalmente.

     La verdad es múltiple, la verdad es un momento de lucidez, es el instante luminoso de la  percepción de  lo perfecto.  Instantes  íntimos en que vemos  las cosas  tal y como  son.

Instantes  solitarios en que nuestra mente está  lista para saber, para conocer algo que es tan obvio, pero secreto y que además se encuentra sumido en una región gelatinosa.

     Yo ahora estoy parada en la orilla de mi vida, no puedo ver hacia adelante porque todo está obscuro; sin embargo desde algún  lugar una voz me dice que siga que allá está mi destino, que no me detenga. Esas voces parecen al mismo tiempo, venir desde dentro de mí, suaves, rítmicas, acariciantes. Estoy lista para saltar, estoy en el momento de tocar la verdad.  ¿Estoy  soñando?  ¿Invento  esto  que  digo?  ¿Me  describe  alguien  con  su  lápiz  filudo? ¿Soy un  invento o  soy el cuerpo de manos que  se pintan  intermitentemente  las uñas con un rojo de sangre? ¿Estoy acaso en los límites de ese espacio anónimo en donde se existe, pero donde las certezas son como nubes, cambiando de formas, apresurando el paso,  a  la  vista  de  una  niña  tirada  en  el  techo  de  una  azotea,  en  un  barrio  que  ya  sólo existe en la memoria de quien escribe?

     Un  instante  epifánico me  revela  que  la  hoja  en  blanco  es  la  única  posibilidad  que tengo. Si no escribo, no existo. Y salto.

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