Posteado por: diariodelgallo2 | marzo 11, 2012

MARIANA EN LA TIGRERA de Ana María Rodas (texto de Ángel Briones)

Ana María Rodas es una destacada poeta guatemalteca conocida internacionalmente sobre todo por la publicación en 1973 de Poemas de la izquierda erótica, un poemario que supuso un cambio importante en la literatura del país centroamericano. En 1996, la escritora publicó diez cuentos reunidos bajo el título de uno de ellos, Mariana en la tigrera, que había resultado premiado el año anterior. Para Francisco Morales Santos, los cuentos siguen unas directrices similares a su poesía, escritos casi en su totalidad “con ironía, coraje y desenfado, […] (proclamando de una forma u otra) la liberación de la mujer […], (y donde) el amor es esencia y materias naturales, grano de trigo desgranado que en el correr del tiempo ha sido prosificado, cosificado, falseado”.

 Los textos transmiten mucho sin decir casi nada, lo que da pie a múltiples interpretaciones, todas válidas y arrebatadoras, como las sensaciones que transmiten. Diciendo muchas veces sólo la palabra justa y dejando que el lector elabore el resto, toda la estructura de sus cuentos se basa en lo que no se muestra. Así lo dijo la misma autora en una entrevista, preguntada sobre la menor agresividad que presuntamente presentan sus narraciones y artículos, en comparación con su famosa producción poética: “El cuento en mi caso requiere más tiempo y un proceso diferente, pues en mi caso implica crear personajes creíbles y dejar la trama un poco a oscuras”.

Esto es muy evidente en todos los textos breves de Mariana en la tigrera. Por ejemplo, en “Esperando a Juan Luis Guerra”, el cuento con el que comienza la colección, la situación y los personajes están perfectamente dibujados, y aunque pareciera que la trama está clara (un grupo de diversos periodistas guatemaltecos espera en Costa Rica a que el famoso cantante les conceda una entrevista y la aparición de una joven de los suburbios, Olga, les va a distraer de sus ocupaciones), a medida que se penetra en la lectura, el argumento se difumina con la abrupta realidad de las relaciones personales entre los periodistas, Olga y el periodista narrador, Enrique.  Otro cuento donde la trama no está clara es el que da nombre a la compilación, “Mariana en la tigrera”. La fragmentada y confusa narración del viaje de la narradora en primera persona a Port-au-Prince, en Haití, se antepone a la verdadera diatriba de la protagonista: el amor que dejó atrás y que un año después del último encuentro todavía rememora, “porque hasta ahora comienzo a ser yo de nuevo”.

 “Monja de clausura”, otro cuento de la colección, relata la visita de un grupo de turistas a un antiguo convento de clausura en ruinas. Pero es cuando la narradora apoya su cara en uno de los fríos muros del lugar cuando la verdadera narración comienza, transfiriendo unos fuertes deseos sexuales a la protagonista. La narrativa de Ana María Rodas cumple perfectamente la máxima de H. Herlinghauss según la cual lo central de la narración producida desde los márgenes de la modernidad hegemónica “no es la originalidad, sino su secreta capacidad comunicativa”.

 Con esa redacción precisa que da ínfimos detalles de la realidad y de la trama, en todos los cuentos subyace una fuerte insatisfacción. En casi todas las ocasiones la frustración de los personajes proviene de no haber obrado tal y como deseaban, ya sea por cuestiones sociales o morales, o por haberse precipitado en tomar la solución más sencilla por las circunstancias que les rodean, sin luchar por la opción que realmente desean. Por eso, la mayoría de los personajes no consiguen resolver ni satisfactoria ni completamente la diatriba de sus vidas.

Todos los textos representan la existencia social humana ordinaria, la manera en que vivimos lo rutinario, y el drama moral que esa mera existencia implica.

 Ejemplos de esta idea se encuentran en “Esperando a Juan Luis Guerra”, “Monja de clausura”, y “Amor” entre otras. Rodas representa esa existencia  sin descripciones ni explicaciones metafísicas, metáforas o simbolismo alegórico, excepto quizás en algunos títulos que encierran toda la poesía del cuento como “Lilith”, “Arcángela” o “Mariana en la tigrera”.

 Con todos estos cuentos, Rodas sigue perfectamente la estela de grandes escritores como Balzac, Henry James, Dickens, Mogol, Dostoevsky, etc, que explotaron el modo melodramático el siglo pasado. Mariana en la tigrera ofrece la innovación de diez textos provocadores y directos a la boca del estómago de las sensaciones.

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