Posteado por: diariodelgallo | septiembre 17, 2015

LA ÓPERA EN GUATEMALA 1873 (El periódico EL MUSEO DE LAS FAMILIAS, enero 1873)

 

Disturbed patients in a London lunatic asylum or psychiatric hospital, 1838. From 'Sketches in London' by James Grant. (Photo by Hulton Archive/Getty Images)

LA OPERA EN GUATEMALA 1873

 

La ópera es un espectáculo brillante y magnifico, que reúne al interés de la acción dramática, los atractivos de la música y del canto.  La variada melodía de las árias, la armonía de los coros y de las otras piezas de conjunto, la grata combinación de las voces humanas y los sonidos diversos de los instrumentos, la riqueza de los trajes, la hermosa perspectiva de las decoraciones donde ostenta sus bellezas la pintura, todo conspira a deleitar los sentidos, e l inflamuro boga de ciertos artistas, la ópera ha llevado una existencia artificial, arrastrándose penosamente en los últimos años en medio de la general indiferencia.

Y no prueba esto, como alguno quizá lo pensaría que la población de esta ciudad sea insensible a los encantos de la música; los individuos de nuestra raza están dotados en lo general de organización fina, de viva fantasía y de alto grado de sensibilidad, que los hace capaces de ejercitar superiormente todas las artes, y muy en particular de comprender y reproducir con perfección las sublimes concepciones de los grandes maestros.  Si el público deja con frecuencia vacíos los escaños del teatro, es porque toda la afición que pueda tenerse a estas funciones, no basta para oír con gusto por muchas noches la repetición de una ópera, por bella y bien desempeñada que sea.  Con poco numerosa concurrencia, los ingresos habrán de ser escasos, a pesar de todas las subvenciones; lo serán así mismo los sueldos de los cantores, y por una retribución insuficiente, no podemos tener grandes artistas, cuya falta mantiene a su vez la indiferencia y retraimiento del público; así se goza en un círculo vicioso del cual no puede salirse.  Esto demuestra que las condiciones actuales de nuestra sociedad, no son favorables a este espectáculo, y que todo cuanto se haga por aclimatarlo será trabajo vano.

En las ciudades donde prospera, que son por lo común centros de la actividad de un gran país, hay un núcleo de población rica y amiga del placer, y además una población extranjera, flotante, digámoslo así, numerosa, constantemente renovada, que alimenta y sostiene los grandes teatros líricos. 

Solo esto puede explicar que una misma ópera se represente cien y más veces consecutivas y siempre se encuentre lleno el coliseo.  Aun así los teatros liricos tienen que ser subvencionados, aun así, son, como hemos observado, relativamente poco numerosos.  No falta riqueza en nuestra capital, pero sus moradores no están animados de ese espíritu expansivo que busca las reuniones públicas, ni estimulados por el afán de divertirse y de gozar que en otras partes hace de los espectáculos necesidades imprescindibles.  Prefiérase entre nosotros la clausura al movimiento y al solaz, los goces de la familia a las distracciones y placeres de fuerza.  En tales condiciones no es de extrañar que la ópera se haya sostenido tan penosamente y encontrado tantas dificultades en su marcha.

Es, lo repetimos, la flor de los espectáculos, es un lujo, es producto de una civilización avanzada, y no viene naturalmente, sino cuando están satisfechas ciertas necesidades relativas a este orden de cosas.

Nuestra sociedad pide por ahora, algo más positivamente útil; necesita de una escuela de costumbres que le ofrezca provechosas enseñanzas para la vida práctica, y donde aprenda por lo menos a hablar con propiedad la lengua patria; ventajas que no hallará en la ópera y que le brindan la comedia y el drama.  Estos dos espectáculos reúnen evidentes utilidades para un país como el nuestro: pueden ser variados, sin dejar de ser baratos, están al alcance de todos, porque hablan al entendimiento y al corazón.  No es posible que dejen de producir los frutos de cultura que en todas partes los recomiendan.

 

La experiencia demuestra que no es difícil mantenerlos.  El drama ha tenido en nuestra ciudad, días brillantes: por los años de 1832 a 1834, excelentes actores y un aparto escénico que, si bien provisional, era muy superior al del teatro de hoy, cautivaban en el de Frediani, el interés del público que acudía desalado a recrearse con las grandes producciones de este género de literatura.  El precio de entrada fue en un tiempo la mitad de lo que es ahora, y si aumentó después, debiese a los gastos extraordinarios que al nuevo empresario, el Sr. Pineda, ocasionó la construcción de un coliseo, pues tuvo necesidad de acometerla y llevarla a cabo.  Este empresario, que era la mismo tiempo, un hombre sobremanera culto y actor de primer orden, fue, aunque con escasos elementos, digno continuador de la obra iniciada, sucediole el Sr. Gallardo, que encantó al público de Guatemala con la numerosa y selecta compañía que trajo consigo.  Los nombres de Pineda y de Gallardo, son inolvidables para nosotros, porque despiertan la memoria de los profundos y delicados goces que proporcionaron al corazón y al espíritu.

Digna de observarse, es la diferencia entre la empresa de Pineda, gravada ya con expensas tan considerables, sustentada tan solo por sus mismos productos, y sin embargo floreciente, y la empresa de ópera que, favorecida con la concesión gratuita del edificio y todos sus enseres, y auxiliada con crecidas subvenciones, apenas pudo sostenerse hasta terminar la temporada.

Las liberalidades oficiales, los esfuerzo todos hechos hasta hoy para mantener la ópera, no podrían convertirse con mejor empleo y más probabilidades de buen resultado al sostenimiento de un teatro puramente dramático?  No parece dudosa la respuesta.  Nótese, con todo, en algunas personas cierto empeño en no dejar que la ópera muera, porque piensan que en su existencia está interesado el buen nombre de la República.  Sí, este ha ganado desde que oímos cantar artistas italianos en la escena, lo que a la verdad dudamos mucho, tales creces del patrio honor, no son debidos sino a la ignorancia de la verdadera situación de las cosas.  Los que en el extranjero oigan decir que en Guatemala hay ópera italiana, supondrán con razón que este es un país rico, próspero y muy poblado, que no carecerá, pues tiene ópera, de dos o tres teatros de drama por lo menos.   Qué pensarían si supiesen la verdad?  Aparentar riqueza exhibiendo un lujo ficticio, puede ilusionar a los incautos, pero no produce más que un falso crédito, pronto convertido en descrédito real.

A nuestro modo de ver, es necesario hacer a un lado esa pretendida honra nacional, atender a los verdaderos intereses del país, y esforzarse por sustituir a la ópera agonizante y abandonada, otro género de espectáculo más acomodado a nuestra situación, más accesible a todas las fortunas, más variado, instructivo y moralizador.

R. Casanova.

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Responses

  1. Buenos días, es un gusto saluderles. Es la primera vez que comento, ya lo había pensado antes, pero hasta ahora me animé. Antes énr, quiero felicitarlos por esta maravillosa página web, que leo siempre que tengo ocasión.

    Ahora, entrando en materia, no puedo dejar de pensar que la ópera, en sí, com género musical, es la expresión de la élite del siglo XIX, que buscaba el goce estético haciendo énfasis en la melodía del cantante. Es decir, un placer refinado y, en sí mismo, difícil para la generalidad, que necesitaría mucha instrucción para degustarlo.

    Con ello queiro ilustrar lo elitista de la ópera y lo bueno que sería, no suprimirla, sino hacerla un placer popular. Pero para lograr a ese punto deben cambiarse la dura, e injusta, situación económica del país.

    Saludos cordiales.

  2. Mil gracias por hacernos llegar este valioso escrito. Para mí el artículo define en el fondo un cierto conflicto político-social que se daba en la época. En 1871 se botó a Cerna y el anuncio se hizo simbólicamente con el canto de cierta aria de una presentación, el día que vencieron al dictador, en el tristemente extinto Teatro Carreras.
    Como dice Gabriel Guzmán en el comentario anterior, la ópera no debía suprimirse sino hacerla más popular y ese es mi esfuerzo. He comprobado que a los jóvenes les apasiona.
    He producido en Guatemala ya dos presentaciones de La Traviata (2014 y 2015). En el 2014 se fue la producción completa a San Salvador. Después de las producciones ostentosas de fines del 1998 al 2009, producidas por Mosaico Cultural y el Banco Industrial sucesivamente, el género quedó estancado. Se siguió haciendo recitales en distintos escenarios y galas operísticas esporádicas con orquesta.
    La ópera es justamente lo que el finado señor R. Casanova describe en su primer párrafo y luego se dedica a dar motivos por los cuales debía alocarse más recursos para el drama y el teatro. Hoy en día el drama y el teatro proliferan por toda la ciudad de Guatemala y se ha visto un auge. Todo este auge, debo decir, está financiado por sus productores, empresas privadas y el público que asiste.
    La ópera es un espectáculo más caro debido a la orquesta en vivo y la cantidad de artistas que conforman el coro, los solistas, director de orquesta, director de escena, luminotécnicos, tramoyistas, taquilleros y como si fuera poco, impuestos de sindicatos y organizaciones avaladas por ley.
    Aún así estas dos producciones de La Traviata han sido un esfuerzo para devolver a los guatemaltecos el placer del género en producciones de época con un formato minimalista y en un teatro más pequeño que logre captar al nicho del mercado que está interesado en asistir.
    El resultado ha sido alentador ya que en el público hemos visto jóvenes y personas que nunca habían asistido a una ópera.
    Al contrario de lo que pasaba en 1873 en nuestros días no contamos con el apoyo del gobierno y nuestras dos pasadas óperas han sido financiadas por la venta de la taquilla.
    La oferta crea su propia demanda y nuestro fin es llegar a un público nuevo que va descubriendo el maravilloso placer de presenciar una obra teatral con una orquesta en vivo donde los cantantes no utilizan micrófono y además de cantar actúan y llevan al público a experimentar con más fuerza los sentimientos que el drama provoca.
    El esfuerzo es enorme, es todo un equipo de más de cincuenta personas organizadas para darle vida a historias que hoy en día siguen teniendo vigencia.
    Contra viento y marea seguimos adelante porque creo que el guatemalteco tiene una vena sensibilidad milenaria, lo cual nos hace un país fértil para todo tipo de expresión artística.
    Un cordial abrazo,
    Karin Rademann
    Directora de Ars Tempo Producciones
    Soprano


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