Posteado por: diariodelgallo | septiembre 7, 2018

EL INDIGENA GUATEMALTECO Y SU LUCHA DE RESISTENCIA EN LA COLONIA por Julio César Pinto Soria

 

En una oportunidad, Hernán Cortés se refirió a que los españoles padecían de una terrible enfermedad que sólo curaba el oro. Es evidente que hacía alusión a la avaricia, al afán insaciable de acumular riquezas que caracterizó a todo el movimiento de expansión y conquista europea de los siglos XV y XVI. La propagación del catolicismo como fin primario de la ocupación española de América, se mostró así de inmediato como lo que era: simple subterfugio para la expansión de intereses colonialistas.

La enfermedad de Cortés, desde luego, no la padecieron sólo los conquistadores de su calaña, como Pedro de Alvarado o Pedrarias Dávila. Afloró también, con toda su fuerza, en el español que echó después raíces en el territorio, para quien la propagación de una nueva fe pasó igualmente a segundo lugar ante el interés en el pillaje y el más banal enriquecimiento. Cuando el Presidente de la Audiencia Alonso López de Cerrato liberó a los esclavos indígenas en 1551, y se refirió, a que si los españoles querían enriquecerse debían trabajar ellos mismos, el propio obispo Marroquín —a la par del Padre Las Casas, para la historiografía oficial guatemalteca, el otro protector de los indios— defendió esta política de enriquecimiento fácil con la respuesta que dio a la propuesta de Cerrato: “ …dice el presidente y los religiosos que aren y caben los españoles, no pasaron a estas partes para esto..”.1

En relación al papel de la Iglesia en la colonización del indígena, es evidente que este fue decisivo, ya que la evangelización debía tocar aspectos cardinales de la esencia de su mundo más íntimo como hombre libre. Por ello, idioma, familia, religión, concepciones y modos de vida, todo lo que hacia su identidad, fue considerado de inmediato por el invasor como “primitivo, bárbaro”, en plena justificación ideológica del proceso de dominación que se ponía en marcha. La Iglesia debía coadyuvar a internalizar en el indígena esta imagen, aceptar la visión del colonialista de que se era un hombre inferior, renegar de si mismo, que la vida “civilizada” empezaba de ahí en adelante, en el papel y nuevos valores que se le asignaban.

Así, dirigida contra los principios éticos y religiosos del indígena, la violencia colonialista estuvo sobre todo presente en la política de evangelización, pues debía borrarse cualquier indicio del mundo precolombino que pudiera despertar más adelante el derecho a la autodeterminación. El dogma católico, soporte ideológico del nuevo sistema de explotación, debía ser aceptado como propio. Aquí se dio sin duda, entre colonizado y colonizador, la confrontación más decisiva, en el primero, por la defensa de sus valores psíquico-religiosos que constituían su identidad, en el segundo, por erradicarlos.

De parte del colonialista, la confrontación se llevo a cabo aplicando la violencia cruda, practicando la guerra y el etnocidio, la esclavización. Estos fueron sobre todo los rasgos característicos de la evangelización de los primeros años, en una política de conquista y ocupación simbolizada a cabalidad por la espada y la cruz. Sin embargo, ella se aplicó también después, cuando el invasor lo considero necesario para consolidar o ampliar su poder. En la Semana Santa de 1631, el fraile dominico Francisco Morán relata una de estas entradas de conquista y evangelización a la región del Chol, en la Verapaz: “…la mañana de Pascua dimos en sus milpas, que las tenían muy buenas, y para nosotros fue de gran provecho el hallarlas pues con eso remediamos nuestra necesidad, dejándoles a los que huyeron bien necesitados. Cogimos catorce entre chicos y grandes, que los demás… se fueron huyendo al monte… Quemámosles las casas… Quedan bien castigados y necesitados de darse por vía de paz, sino es que antes se quieren morir, porque no les dejamos qué comer ni hierro con que cultivar la tierra, además que los maridos de algunas mujeres que trajimos no han de dejar de venir, y otros hijos, nietos y yernos de un principal que trajimos con una hija casada y una nuera. Y por unos sabremos de otros, y todos atemorizados del castigo que a los del Yol se hizo, se han de dar de paz…., gloria al Señor que ya vencimos esta dificultad”.2

Entradas de evangelización como la anterior, con el secuestro, la extracción en forma violenta de población de sus comunidades para someterla al dominio español, se dieron a lo largo de la colonia.3 Sin embargo, lo que predominó fue la evangelización “pacífica”, la dominación por medio de la alienación étnico-cultural del vencido, que debía dar lugar a la formación de vasallos pacíficos, productores sumisos de excedentes para el nuevo imperio colonial. Esto era lo que en realidad interesaba, y las reducciones o pueblos creados inmediatamente después de la conquista tenían precisamente esa función: servir de marco y vehículo para la implantación de “la conquista espiritual” del indígena.

DESCARGUE EL LIBRO COMPLETO AQUÍ

EL INDÍGENA GUATEMALTECO Y SU LUCHA DE RESISTENCIA DURANTE LA COLONIA

 

 

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s

Categorías

A %d blogueros les gusta esto: