Posteado por: diariodelgallo | noviembre 8, 2018

EL COLOR DE LA SANGRE por Alfredo Saavedra

El propósito de este libro es agregar elementos para aproximar con precisión la valoración de uno de los períodos de mayor crisis en Guatemala, aunque tal vez sea más apropiado decir de mayor sufrimiento, por cuanto nunca en la memoria de la vida política de la nación se había dado una etapa en la que el ejercicio del poder se convirtiera en una sucesiva actividad criminal  catastrófica para una gran proporción de los habitantes del país? en horrendo suceso sin antecedente y que en saludable augurio se espera que no tenga subsiguiente.

Guatemala ha sido marcada por un desventurado destino con sus dictaduras endémicas. Su población nativa principió a sufrir las consecuencias del abuso del Poder desde la llegada de los Conquistadores. El pueblo aborigen fue subyugado con la más indescriptible vesanía por los invasores. El sojuzgamiento atroz que prosiguió durante el período colonial, sometiendo al indígena a condiciones infrahumanas, se ha mantenido bajo un estado de opresión y discriminación perpetuas.

El guatemalteco en su totalidad, ha sido víctima de un despotismo de consecutiva predominancia. Recién inaugurada la República, principia la disputa del poder entre las dos tendencias políticas protagonistas de la época: la Liberal y la Conservadora. Las dos formas, con más coincidencias que contradicciones, convergen, además, a su turno de gobierno, en sus prácticas, por demás crueles, para el tratamiento de la oposición, manifestada por sectores del pueblo rebeldes a ese monopolio del poder.

La característica común de las dos posiciones es su conducta de gobierno, con el mantenimiento de un estatus cuya orientación de la economía es basada en un sistema de relaciones de producción semifeudales. Vale decir, el interés del Estado en servicio de la clase dominante, cuando no por el personal interés de quienes gobiernan para su propio enriquecimiento.

Típico de ese comportamiento fue el ejercicio de los presidentes Rafael Carrera, Justo Rufino Barrios, Manuel Estrada Cabrera, Jorge Ubico y los sucesores que en forma continuada han detentado el poder desde 1954. Sin embargo son los Liberales los que acaparan ese poder durante más de un siglo. De ahí que esa dominación haya dado origen a la respuesta de los oprimidos, cuya explotación en su fase más aguda se manifestó con los gobiernos mencionados, que los redujeron a poco menos que un estado de servidumbre. Principia esa respuesta con las rebeliones indígenas durante la Colonia, para pasar por sus expresiones de revuelta en épocas posteriores, hasta llegar a la etapa de insurgencia iniciada en la década de 1960.

Descargar el libro aquí

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