Posteado por: diariodelgallo | julio 22, 2019

GOBERNANTES DE GUATEMALA SIGLO XVII por Horacio Cabezas Carcache

 

Las novelas El Visitador y Los Nazarenos, de José Milla y Vidaurre, así como El Deán Turbulento, de Jorge García Granados, recrean en forma amena excelentes algunos sonados acontecimientos de la Guatemala del Siglo XVII y su lectura pueden propiciar y motivar para profundizar un poco más en la compleja interrelación que hubo durante dicho siglo entre un sistema económico —basado en la explotación del jiquilite, el repartimiento de indígenas y el latifundio formado en el arrebato de las tierras de las comunidades indígenas—; una aristocracia celosa de sus privilegios y siempre opuesta al incremento de los impuestos; gobernantes interesados en el enriquecimiento rápido sin importar los medios; un clero —seculares y regulares— más dedicado a la promoción de sus intereses económicos que a la difusión del Evangelio, pero siempre pronto a hacer uso de las herramientas del Derecho Canónico —excomunión y entredicho— y las frecuentes constantes calamidades públicas —terremotos, plagas de chapulines, epidemias, inundaciones y, en especial, la perenne presencia pirata con sus repetidos saqueos no sólo de puertos como Trujillo, Santo Tomás de Castilla y Bodegas del Golfo, sino también de ciudades como Granada, León y Cartago.

Los obrajes añileros, iniciados durante las últimas décadas del siglo XVI, se multiplicaron en toda la región costera del Pacífico, desde Suchitepéquez hasta Rivas (Nicaragua), siendo los más importantes los de la Alcaldía Mayor de San Salvador, al grado que diezmaron significativamente a la población indígena. Laicos y sacerdotes controlaron la explotación del añil o jiquilite, pero los más favorecidos fueron los grandes comerciantes que, en forma anticipada, garantizaban la compra del tinte, al adelantar a los dueños de obrajes granos básicos, cortes hechos mediante el repartimiento de algodón a las indígenas y mercancías europeas, fenómeno que fue conocido como habilitación. Los obrajes añileros convirtieron a los indígenas en el sector más explotado y vilipendiado, pues por un lado los blancos emplearon a negros y castas como capataces en tales empresas; y por otro las denuncias de los atropellos resultaban en su mayoría desechadas, pues los jueces visitadores eran sobornados por sus dueños.

Las enormes riquezas generadas en la actividad añilera contribuyeron al surgimiento del barroco guatemalteco —orfebrería, retablos, pinturas, música, templos, casas señoriales—, siendo sus principales mecenas los grandes comerciantes y los dueños de obrajes que así pretendían ganarse un supuesto premio en la otra vida. La mayoría de dotes de las que ingresaban a los monasterios femeninos y el diezmo que favorecía en especial a la jerarquía eclesiástica provenía igualmente de la explotación añilera. Lógico fue que obispos, canónigos, órdenes religiosas, abadesas y principales familias defendieran tan inicuo sistema de explotación.

 

Descargar el libro completo aquí

Gobernantes-de-Guatemala-Siglo-Xvii-Cabezas


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