Posteado por: diariodelgallo | septiembre 15, 2010

SOBRE MI POESÍA de Margarita Carrera

Por Margarita Carrera/Prensa Libre

Cuando en 1981 me trasladé a mi nueva casa (la que había reconstruido después de mucho esfuerzo), una vez instaladas todas las cosas, recordé que había dejado en la otra casa unos objetos.

Regresé de inmediato y, al buscarlos, me encontré con un poemario que había titulado Mujer y soledades, totalmente olvidado. Lo revisé y quedé asombrada. Ante mí tenía poemas que había escrito años atrás, sin recordar ninguno. La primera parte, Mujer, eran poemas de amor. La segunda, Soledades, era más reciente, como de los primeros meses de la década de 1980. Me animé a enviar el libro al concurso de los Juegos Florales de Quetzaltenango. Gané el primer lugar. Me atrevo a copiar algunos de esos poemas. Me gusta, en especial, el titulado El inmenso río: “El inmenso río/ la entraña secreta/ el nido la planta que se propaga a tientas/ el sol que hila su luz/ su calor / su incendio/ su tiempo sin sentido/ el debate/ la paz/ la ondulación de la llama/ el insomnio de cuchillo/ de pinceladas coléricas/ el espacio que se ve pleno/ por tu sola presencia./ Reconciliación y alba/ nuestro amor…

Ese era mi estilo de entonces, por la década de 1970. Nadie escribe ya así, yo tampoco. Ahora me gusta el verso largo, como el fluir de una catarata. Por lo menos en lo que se refiere a Iracundia dea (Diosa de la iracundia): del cual transcribo: “Desde mi soberbia y recia voz de fuego/ desde mi sangre y mi cuerpo y mi alma y mi tiempo/ desde este aquí de la patria maldita/…Desde mi barca a la deriva desde mi tormenta/ desde mi mar desde mi tierra desde mi montaña/ desde mis huesos alzo la voz y el sueño y la pesadilla/…”. Me gusta este otro: “Oh rabia demoledora/ oh ira que te rescata íntegra/ oh silencio que te aprieta el pecho/ oh amargura de donde a borbotones/ mana la sangre/ oh isla perdida en la nostalgia presente/ oh sangre roja que se torna negra/ que no se borra sino con otra sangre y fuego/ oh Clitemnestra hecha de odio/ oh Medea fecundando el insomnio/ oh luz que solloza los perdidos ayeres/ oh zumbido del agua que cae al precipicio/ oh fiera de puntiaguda cola/ oh pétreas riberas del Flegetón/ oh Malebolge en medio del maligno campo/ oh estrecho sendero hacia el último foso/ oh diosas y dioses del singular castigo/…”. Mi inspiración: Dante Alighieri.

¿Escribí yo tales versos? No lo recuerdo ni los reconozco. Cada vez me son más extraños, como cuanto he escrito en el pasado. Poesía o prosa. Ya nada es mío. Me queda el reto de trabajar más, de ver estilo, forma, contenido. Aunque no se puedan separar. De todas maneras es un reto. Dejar correr el lápiz sobre el papel, lo más seguro. Luego guardarlo por meses y leerlo cuando ya lo haz olvidado por completo. La vida se va acabando, lentamente, el transcurrir de segundos, minutos, horas, días, meses, años. Casi al final. Se está siempre cerca del final. Deseado o no. Pero ahí te espera. Querer continuar siendo Safo, la deseada, la mujer que se alza frente a la muerte. En la poesía vale soñar, como en todo género literario. Pronto saldrá mi nuevo libro autobiográfico con estilo novelado: Estampas de mi vida.

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