Posteado por: diariodelgallo | marzo 28, 2008

LA CRÍTICA LITERARIA EN GUATEMALA

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Mario Cordero

La crítica literaria surge, necesariamente, en la relación con la literatura; es decir, sin literatura no existiría la crítica literaria. Por esta razón, cabe suponer que en Guatemala, no hubo crítica literaria hasta que no se conformara una literatura nacional. Esto supondría tres luces para buscar las huellas de la crítica nacional:
la crítica literaria debió de ejercerse en Guatemala hasta mediados o finales del siglo XIX, cuando se inició a forjar una literatura nacional, desvinculada de tendencias españolas;
ya conformada una literatura nacional, con autores como José Milla o Batres Montúfar, los primeros autores debieron superar factores extraliterarios, como la poca presencia de imprentas y editoriales en el país; por lo cual, esto induce a otro criterio, la poca producción literaria, y por ende, un poco ejercicio de la crítica, y
la crítica literaria es, y debe ser, una ciencia, que es ejercida por “profesionales”; así como una operación quirúrgica debe ser realizada por médico, la crítica necesita de personal calificado para realizarla.


Estos tres factores marcan el camino para descubrir las huellas de la crítica literaria en Guatemala, que debió aparecer junto con una sólida producción literaria, tanto en el plano de autores como de editoriales, y cuando empezó a haber personas calificadas para la crítica. En primer lugar, este papel de críticos correspondió a profesionales en periodismo, que además de adquirir criterios en las salas de redacción, contaban con un aparato publicitario, escaso en ese tiempo, como eran los periódicos. También, en los primeros años de la crítica literaria en Guatemala, fue ejercida por algunos del mismo gremio de literatos del país. A mediados del siglo XX, la creación de la carrera de Letras en la Facultad de Humanidades de la Universidad de San Carlos de Guatemala, permitió la formación de profesionales legítimos para ejercer la crítica. Todo este marco sirve para imaginar una historia de la crítica literaria en Guatemala a comienzos del siglo XX, ejercida por periodistas y literatos, y luego, a mediados del siglo, por profesionales de la letras y otras personas cercanas a la literatura. A continuación se desglosa un panorama más puntual de la historia de la crítica.
Por lo expuesto anteriormente, no es de extrañar que uno de los primeros críticos literarios del siglo XX haya sido un periodista y literato, César Brañas, quien contó con un aparato de comunicación en su labor en el diario El Imparcial. César Brañas nació en 1899 y murió en 1976. Gracias a sus columnas periodísticas y a su promoción de las letras guatemaltecas, se encuentra documentada la producción literaria de los primeros 30 años del siglo XX en Guatemala. César Brañas fue el primero en clasificar en “generaciones” a los poetas, novelistas, cuentistas y dramaturgos guatemaltecos, obviamente con la influencia española de la Generación del 98 y del 27. Sin el aporte de Brañas, muchos literatos guatemaltecos estarían en el olvido. Él mismo se habrá incluido en la Generación del 20, que se caracterizó por unirse para el derrocamiento del entonces presidente Manuel Estrada Cabrera. Entre sus publicaciones se encuentran textos sobre crítica literaria, publicados en el mencionado diario El Imparcial, y hoy compilados para su lectura. La crítica literaria aportada por César Brañas debió de haber seguido una tendencia de crítica histórica, debido a sus estudios de literatos anteriores y por la clasificación de escritores en generaciones. A continuación aparece la obra crítica hasta ahora publicada de César Brañas:
Itinerario de Ramón Aceña Durán. s.e., Guatemala, 1936.
Rafael Arévalo Martínez en su tiempo y en su poesía. Unión Tipográfica, Guatemala, 1946.
Tras las huellas de Juan Diéguez. Unión Tipográfica, Guatemala, 1947.
José Rodríguez de la Cerna o El esplendor de la crónica literaria. Unión Tipográfica, Guatemala, 1956.
Otras huellas de Juan Diéguez. Asociación de Escritores de Guatemala, Guatemala, 1979.
Otro exponente de la crítica literaria del temprano siglo XX es Luis Cardoza y Aragón, nacido en 1901. Murió en 1992. Destacó como poeta y ensayista, e internacionalmente gozó de crédito como crítico literario y de arte en general. La mayor parte de su obra fue escrita en el exilio, por lo que no es de extrañar que sus textos estén impregnados de un tono nostálgico hacia su tierra. Su crítica literaria pertenece a un estilo impresionista, que se denotará en sus obras Guatemala, las líneas de su mano, donde hará crítica impresionista en textos de escritores guatemaltecos históricos como Bernal Díaz del Castillo y Rafael Landívar; El río, novela de caballerías, donde valorar textos de escritores contemporáneos como Augusto Monterroso, y Miguel Ángel Asturias, casi novela, en donde mezcla la crítica impresionista con la crítica sociológica sobre la obra de Miguel Ángel Asturias y su contexto con la realidad guatemalteca. A continuación aparece un fragmento de esta última obra:
Hombres de maíz, ¿es resistencia a tal negatividad? Sí, sí, es resistencia. Muy sucintamente consideraría en esta obra que lo medular es su nagualismo y otras magias y su palabra sorprendida y fresca en episodios del cultivo del maíz hogareño del indio con los productores ladinos, todo entre intrigas terrenales y cósmicas que crean la unidad de su clima fabuloso. El imaginario indígena abstraído se abrirá nuevos rumbos. ¿No es la historia de la evolución del imaginario indígena lo que en la parte más ardiente de estas páginas me ha ocupado? Me figuro justa una sociedad plural que tienda a una sociedad singular: la sociedad hecha por todos y capaz de renovarse.
En el texto anterior se observa cómo el autor ha mezclado los elementos de la obra Hombre de maíz, con problemas sociales guatemaltecos. Al igual que Cardoza, otro importante escritor guatemalteco, Mario Monteforte Toledo, también complementó su obra literaria con algunos aportes a la crítica literaria. Por ejemplo, en su obra Literatura, ideología y lenguaje, donde realiza estudios críticos, complementando sus conocimientos en Literatura con la Sociología, ya que habrá que recordar que era sociólogo de profesión; por lo tanto, se puede inferir un acercamiento a la crítica sociológica. Cardoza y Monteforte fueron dos de las figuras, junto con Asturias, más activas en Guatemala durante el periodo prerrevolucionario.
De la misma forma, otros escritores pertenecientes a esta época, especialmente miembros del grupo Saker-ti, formado el año de la Revolución, también se inclinaron hacia la crítica literaria, como es el caso de Raúl Leiva y Huberto Alvarado Arellano. Leiva, nacido en 1916, publicó obras de crítica como Batres Montúfar y la poesía (Acento, Guatemala, 1944), Los sentidos y el mundo, textos de critica literaria (Ministerio de Educación Pública, Guatemala, 1952), La prosa de López Velarde (UNAM, México, 1971), Iluminaciones, crítica literaria (Letras, México, 1973) y Introducción a sor Juana: sueño y realidad (UNAM, México, 1975). Por su parte, Huberto Alvarado Arellano, nacido en 1927, publicó textos de crítica literaria como El artista y los problemas de su tiempo (1950), Enrique Muñoz Meany (1953), entre otros. La obra crítica de estas dos personalidades guatemaltecas es escasamente conocida debido a la época de represión en que publicaron, tomando en cuenta que Leiva se exilió en México durante la Contrarrevolución guatemalteca, y Alvarado Arellano fue secuestrado y asesinado en Guatemala en 1974.
En otro caso de un escritor / crítico de Guatemala, se encuentra el de Augusto Monterroso, quien no se puede catalogar como un verdadero crítico, ya que sus escritos donde comenta obras literarias adquieren un tono muy personal, y su fin último no era precisamente la crítica literaria, sino realizar una especie de textos paralelos, en donde se utilizaba de motivo un texto de Jorge Luis Borges para desarrollar un tema. Sin embargo, no se habrá de olvidar que Monterroso, que al igual que Cardoza y Leiva vivió en el exilio, fue un importante investigador literario de la Universidad Autónoma de México y editor de distintas revistas literarias en el mismo país. Además, publicaciones como Viaje al centro de la fábula (UNAM, México, 1981) y Pájaros de Hispanoamérica (Alfaguara, México, 2002), presentan textos donde se observa notables métodos de crítica, aunque tal vez en su redacción final se desaparezca el fin último de valorar científicamente la obra.
Como se expuso en la introducción, la crítica literaria obtuvo legitimidad en Guatemala con la creación de la carrera de Letras y de la Facultad de Humanidades de la Universidad de San Carlos de Guatemala durante el gobierno del Doctor Juan José Arévalo. Los anteriores críticos literarios se habrán formado literariamente cuando la carrera de letras no existía en Guatemala. Sin embargo, de esta parte del texto en adelante, se estudiarán los aportes de licenciados, maestros y doctores en Letras de la USAC, y de otras universidades que crearon la carrera, como la Rafael Landívar y la del Valle.
Para el estudio de los aportes a la crítica literaria por parte de profesionales en la letras, se dividirá al grupo en tres: los nacidos entre 1910 y 1940; el segundo, entre 1940 y 1960, y el último, los nacidos después de 1960.
En el primer grupo aparecen nombres importantes como Luz Méndez de la Vega, Hugo Cerezo Dardón, Carlos Solórzano, Margarita Carrera, Francisco Albizúrez Palma, Juan Fernando Cifuentes y José Mejía.
Luz Méndez de la Vega, nacida en 1919, licenciada en Letras y con estudios en doctorado, poeta, ensayista, compiladora y crítica literaria, ha dejado valiosos estudios y críticas literarias en su paso como catedrática de la carrera de Letras en la Universidad de San Carlos. Entre sus estudios críticos, que pueden ser leídos en la biblioteca de la Facultad de Humanidad, se encuentran Estética y poesía de Petrarca en el que utiliza un método estilístico, El señor Presidente y Tirano Banderas un estudio comparativo en donde desmiente que la obra de Asturias sea una simple copia de la novela de Valle-Inclán; Características del estilo de Galdós y su influjo en la novela guatemalteca en donde también se rige por una crítica comparativa; por último, en una tendencia de crítica feminista se encuentran Lenguaje, religión y literatura como deformadores de la mujer y la cultura y La mujer en las obras de José Milla.
Hugo Cerezo Dardón, nacido en 1920, fue licenciado en Letras por la UNAM. Sus estudios críticos se dedicaron sobre todo a la vida y obra de distintos escritores guatemaltecos, de donde se infiere que utilizó sobre todo un método histórico-biográfico. Por ejemplo, sus publicaciones Porfirio Barba Jacob en Guatemala y en el recuerdo (Cultura, Guatemala, 1995) y Literatura y literatos guatemaltecos (Artemis Edinter, Guatemala, 1995).
Carlos Solórzano, nacido en 1922, doctor en Letras por la UNAM, es el crítico de teatro más reconocido de Hispanoamérica. Sus estudios sobre el teatro de América Latina han sido considerados como el parámetro a seguir por los críticos de teatro de todo el mundo. Entre sus obras críticas más importantes están Teatro latinoamericano del siglo XX (1961), El teatro de la posguerra en México (1964) y Teatro guatemalteco contemporáneo (1964). A continuación un fragmento del prólogo en una compilación sobre teatro hispanoamericano realizada por Carlos Solórzano:
La verdadera función activa del teatro se ha desenvuelto también en Hispanoamérica después de la segunda Guerra. Durante estos últimos veinte años hemos visto surgir compañías teatrales, crear academias de enseñanza, multiplicarse los locales para las representaciones. Paralelamente han aparecido una serie de autores que aspiran a crear un teatro trascendente, filosófico algunas veces, épico otras, pero siempre ambicioso, nunca banal. Un teatro que aspira a expresar la realidad de los hombres de hoy con instrumentos propios, sin enajenar la fisonomía de sus conflictos, de sus personajes ni de su idioma.
Margarita Carrera, licenciada en Letra por la Universidad de San Carlos de Guatemala, nació en 1929. Su obra crítica se distingue por seguir un método psicoanalista, tal vez la única que lo haya hecho en Guatemala. Entre su obra crítica se encuentra Corpus poeticum de la obra de Juan Diéguez (USAC, Guatemala, 1959); Literatura y psicoanálisis (USAC, Guatemala, 1979), y El desafío del psicoanálisis freudiano (Universitaria, Guatemala, 1988). A continuación, una muestra de la crítica psicoanalista de Carrera en su obra Ensayos contra reloj:
El hombre, aunque temeroso, está siempre ávido de conocer sus verdades, pero no abiertamente, sino en forma solapada, en forma de arte, en forma de novela. Aquello que no acepta sin rodeos frente a los demás, por pudor o falta de sinceridad, lo acepta en soledad, frente a un libro en el que se le revelan —y pareciera que únicamente a él— sus atrocidades yy ansias ocultas.
Nuestra lectura es siempre íntima, como el amor, como nuestras confesiones. Y nos volvemos cómplices de los protagonistas de la novela que leemos, que es lo mismo que identificarse con su autor. Ser recreador implica ser cómplice o codelincuente del creador y de los personajes que éste pone en escena.
Francisco Albizúrez Palma, licenciado en Letras por la USAC, y doctor en Filología románica por la Universidad Central de Madrid, nació en 1935. Además de poeta y narrador, es crítico literario. Fundó, en su paso como catedrático en la carrera de Letras en la USAC, el Instituto de Estudios de la Literatura Nacional, INESLIN. Desde este instituto realizó, junto con Catalina Barrios y Barrios, la Historia de la literatura guatemalteca, obra única en nuestro país. Por la naturaleza del texto, se deduce que el método crítico fue el histórico y lingüístico ya que se necesitaría de ellos en una obra como ésta. Pocos años después, el licenciado en Letras y Filosofía por la Universidad Rafael Landívar, Juan Fernando Cifuentes, surge como un “continuador” de la obra de Albizúrez, ya que los estudios críticos de Cifuentes se basan en la clasificación por “generaciones” realizada por el doctor Albizúrez. Su primera publicación fue Los Tepeus: generación literaria del 30 en Guatemala, y las posteriores han seguido el mismo esquema de dar un tratamiento crítico histórico a otras generaciones literarias guatemaltecas.
Y, por último, el doctor en Lingüística José Mejía, nacido en 1939, quien junto a Carlos Solórzano es uno de los críticos de este grupo que ha alcanzado mayor reconocimiento a nivel internacional. La mayoría de sus publicaciones ha sido en francés, y traducidas al español, como la de donde se extrae el siguiente fragmento Poésie guatémaltè du XX sieclè:
País de cataclismos. Sobre la tierra estremecida por los terremotos, incesantes en el centro del continente, los cataclismos de la historia no han cesado de castigar la región. Hace más de mil años, las ciudades mayas fueron abandonadas por sus moradores. Los motivos siguen siendo un enigma para la ciencia. La invención de América por los europeos, a principios del siglo XVI, fue otra catástrofe de nivel planetario para las poblaciones aborígenes. En Guatemala, como en otras regiones del continente, desde que las Ciudades de oro de Cíbola y los Eldorados de la leyenda se disiparon como un espejismo, el colonizador no dispuso, para echar a andar los engranajes de la Utopía del Nuevo Mundo, de ningún otro recurso más que el trabajo esclavizado de los vencidos. Nada cambió la Independencia de España (1821), en este sentido. Nada, tampoco, la Reforma Liberal, medio siglo más tarde (1871). Importante en otros órdenes de la vida nacional, este periodo fue solamente el cambio del cultivo de los tintes (añil, cochinilla), destinados a la exportación, por el del café, sin ninguna incidencia sobre la condición paupérrima de los proveedores de la mano de obra.
El dominado sería también un excluido de las letras de la élite cultural. Amputada brutalmente por la conquista, la cultura prehispánica no sería reivindicada por la literatura guatemalteca sino siglos más tarde. Le corresponde al XX, antologado en este volumen, el momento clave de esta trayectoria, aquél en que el «mestizo de dos almas» descubre (o decide, tanto da) que este pasado no está atrás, sino adentro.
Un segundo grupo de críticos literarios profesionales de la letras está formado por los nacidos entre 1940 y 1960, del cual se destacan nombres como Gustavo Adolfo Wyld Ferraté, Lucrecia Méndez de Penedo, Mario Roberto Morales, Dante Liano, Arturo Arias, Aída Toledo, Francisco Solares-Larrave, Ana María Sandoval y Anabella Acevedo Leal. Este grupo se caracteriza por introducir nuevas técnicas de la crítica literaria en Guatemala y por una mayor producción editorial.
Gustavo Adolfo Wyld Ferraté y Anabella Acevedo son los críticos con menor producción de este grupo. El licenciado en Letras Gustavo Adolfo Wyld Ferraté, nacido en 1942, ha publicado La poesía de Hugo Cerezo Dardón y Los cuentos de Ricardo Estrada. Mientras que la doctora Anabella Acevedo Leal, nacida en 1959, ha publicado Para conjurar el sueño: poetas guatemaltecas del siglo XX (Universidad Rafael Landívar, Guatemala, 1998) y Tanta imagen tras la puerta: poetas guatemaltecos del siglo XXI (Universidad Rafael Landívar, Guatemala, 1999).
Dos críticas guatemaltecas de este grupo han destacado por sus análisis empleando la crítica feminista. Ellas son Lucrecia Méndez de Penedo, nacida en 1943, y Aída Toledo, nacida en 1952. Ambas han obtenido el grado de doctorado. A continuación se encuentra un fragmento de crítica literaria extraído de Estrategias de la subversión: poesía feminista guatemalteca contemporánea:
Los estudios feministas que a partir del género, no reniegan de la especificidad biológica, sino que por el contrario, sostienen la inexistencia de ese determinismo sobre una identidad preconstruida, cuestionan el carácter convencional de lo “natural”. Las identidades y roles femeninos propuestos por la tradición son histórica y socialmente condicionados y por lo tanto responden a los intereses del grupo dominante, independientemente -sobre todo en la práctica y en medida variable- del tipo de ideología en el poder. De tal forma, que ese estadio femenino abstracto -la “feminidad”- resulta un fenómeno modificable; idealmente un acto de libre elección. Este ha sido el fruto más valioso de la toma de conciencia: la constatación una identidad en virtual estado de transformación.
De allí que estas mujeres rechacen la historia y las instituciones construidas y escritas al masculino. Ellas no se reconocen en la literatura escrita por hombres. Sostienen que hace falta una versión que se genere desde la específica biología femenina, así como por las vivencias y experiencias propias que deberían ser expresadas por nuevas estrategias que representen y comuniquen de manera especial su particular perspectiva sobre la realidad contemporánea. El abundante corpus actual de la literatura latinoamericana escrita por mujeres corrobora la creación de un nuevo canon que surge de un grupo tradicionalmente subalterno y frecuentemente subalterno dentro de la subalternidad social y económica.
Y a continuación, un fragmento del texto Josefa García Granados y el arte de sobrevivir a pesar de todo:
Josefa García Granados es de esos raros especímenes de la literatura nacional del siglo XIX que aún despierta sospechas cuando se le menciona. De origen español, vino a radicarse con sus padres a Guatemala durante la primera mitad del siglo XIX. Se dedicó a la escritura periodística, la poesía y la traducción. Se le recuerda como la primera mujer que funda un diario -“Cien veces una”- durante ese belicoso periodo de la historia del país, en donde polemizó con personajes de la política de aquel entonces de una forma despiadada e inteligente, en compañía de su amigo José Batres Montúfar.
Además de los “retratos” -textos críticos y descriptivos dedicados a personajes del mundo de la política-, una de las piezas literarias que pasa a ser una lectura no recomendable en las escuelas privadas y públicas de Guatemala -de ayer y hoy- la constituye el recordado “Sermón”, escrito en verso y dedicado al canónigo Castilla, y que constituye una pieza cruda y mordaz, y no pornográfica, como se encuentra clasificada.
La pieza aparece en el contexto de la política post-independencia de Guatemala; es un texto que ataca duramente los excesos del clero y la iglesia católica y que obviamente proviene de las ideas antirreligiosas de la primera mitad del siglo XIX en Centroamérica. Recordemos además que, en el “Sermón”, Josefa García Granados transgrede también la normativa de la época, dado que ese tipo de discursos estaba en el campo de lo masculino. El sermón como forma literaria era abordado únicamente por hombres; de esa cuenta el texto, además de atacar fieramente las costumbres y los vicios de la iglesia de aquel momento, puede leerse también como el inicio de una línea imaginaria de tradición subversiva, en donde las apropiaciones del lenguaje masculino están en consonancia con aspectos de tipo formal e ideológico.
El texto en sí mantiene un tono contestatario, a la manera de las invectivas romanas, y se advierte un tono epigramático y sentencioso con el cual se emplaza a ese “otro”, masculino y conservador, a quien se dirige. La pieza remeda los sermones ofrecidos por los religiosos en los oficios de la misa, en donde Josefa García también participa de la parodia festiva que va a producir durante el siglo XX -durante el periodo de las vanguardias latinoamericanas de principio de siglo- una literatura mucho más popular en los temas, pero en donde también se advierten las tonalidades cultas de su educación.
El “Sermón” es, entonces, esa pieza carnavalizada (en el concepto de Bajtin) que nos recuerda inevitablemente las piezas paródicas de la Huelga de Dolores de los estudiantes de la Universidad de San Carlos, sobre todo las que proceden de la etapa vanguardista guatemalteca.
La escritura, el periodismo y la poesía le sirven a esta escritora para sobrevivir semilúcida en una sociedad que se encontraba en su caso “fuera de lugar”, pero en donde ella, con su inteligencia y pasión, encuentra formas alternativas para sobrellevar ese tiempo equivocado en que le tocó nacer.
Además, en este grupo de crítico, se encuentran dos críticos con grado de maestría nacidos en 1959: Ana María Sandoval y Francisco Solares-Larrave. No solo es coincidencia el año de nacimiento de los dos, sino también que ambos han aplicado un enfoque historicista en sus críticas literarias. Por ejemplo, el siguiente fragmento del texto de Sandoval, intitulado Del mestizo al chapín: rasgos distintivos en El canasto del sastre de José Milla:
El retrato de la Guatemala chapina permanece a través del tiempo como la fotografía amarillenta de una bisabuela de la que se ha olvidado el nombre, pero que, entre las manchas y la pátina de los años puede adivinarse la vestimenta criolla y los rasgos mestizos; la tez morena bajo la mantilla de encaje y la peineta españolas. Es la voz de los cuadros de costumbres de los que dijo Cardoza: si por algo se distingue es por una entonación guatemalteca, tan verídica, que nos acerca a todas las capas de nuestro pueblo y, algunas veces, hasta el punto que olvidamos las limitaciones. Su obra es para nosotros no un intento fallido o un balbuceo urbano sino un acontecimiento nacional [ Luis Cardoza y Aragón. Guatemala las líneas de su mano. México: FCE. 1965. P. 230].
En conclusión, el mestizo surge como una fuerza social, ideológica y política en la época independiente, aunque sus orígenes se encuentran en la Colonia, al integrar grupos sociales cohesionados, que comparten códigos culturales, éticos y morales sobre los que se asentó su desarrollo, surge de la necesidad de autoidentificación y empieza a reconocerse el “chapín”, para designar al sujeto social que se inserta en las diferentes clases sociales, cuyas características han sido determinadas por el mestizaje biológico y cultural.
O el siguiente fragmento del texto de Solares-Larrave, Historia, novela y Nación en Los Nazarenos de José Milla y Vidaurre (1867):
Con respecto al valor de la articulación de textos, subtextos y escritura, un balance de la situación muestra que, hasta cierto punto, esta articulación contrarresta el proceso de formación de una identidad política nacional, al crear una relación de dependencia cultural con respecto a los textos coloniales, y enfatizar los lazos de dominación colonial ya que recurre a ellos como elementos formativos de su identidad. Sin embargo, este mismo apoyo o articulación intertextual da verosimilitud a la obra, y contribuye en la creación de una tradición literaria y una identidad propia basadas en la historia del país. La revisión constante a la que se somete el subtexto de la novela implica un cuestionamiento de lo que se conoce como historia; este cuestionamiento lleva, a su vez, a la posibilidad de manipular o “reeditar” el subtexto a fin de lograr lo que Homi Bhabha llama una “escritura” nacional. Esta escritura de la nación conduce a una reformulación de las relaciones entre los sujetos coloniales y el centro hegemónico. De ahí que esta novela de Milla, al cuestionar el subtexto en que se basa, trascienda el molde del “romance” y se convierta en una “novela fundacional,” al contribuir en la construcción de una conciencia nacional. No se trata de forjar una conciencia nacional basada en consignas, sino más bien del resultado de una exploración, o, como preconizaba Bello, de “pedirle sus garantías” a la misma historia hispanoamericana.
Y para terminar con este grupo de críticos nacidos entre 1940 y 1960, se encuentran también los críticos más prestigiosos de Guatemala, que comparten el grado académico de doctorado. Ellos son Mario Roberto Morales, nacido en 1947, Dante Liano, nacido en 1948, y Arturo Arias, nacido en 1950. Además de compartir el grado académico y de ser coetáneos, estos tres críticos se distinguen por introducir a las letras guatemaltecas análisis de textos provenientes de las corrientes de la posmodernidad, especialmente por utilizar las técnicas de la deconstrucción del filósofo y lingüista francés Jacques Derrida.
Mario Roberto Morales es doctor en Literatura y Cultura latinoamericana por la Universidad de Pittsburg. Se especialidad temática dentro de la crítica literaria es la obra de Miguel Ángel Asturias, publicando temas como Aldea oral / ciudad letrada: la apropiación vanguardista de lo popular. El caso de las Leyendas de Guatemala, del cual se encuentra a continuación un fragmento:
Hay otros escritores indígenas de hoy día que reclaman autenticidad frente a Asturias y que no quieren ser llamados indios sino “mayas,” apelando al construccionismo identitario y a la political correctness, y acusan a Asturias de ser el ideólogo del racismo ladino, no sólo por su tesis de abogado, sino por sus versiones “falseadas” de lo indígena y lo maya. Sea a donde fuere que vaya a llevar este problema y esta polémica, Asturias sigue siendo un punto de referencia ineludible y su defensa literaria constituye no una defensa de la ladinidad, su etnocentrismo y su presunto racismo, sino de la posibilidad necesaria de construir una nacionalidad, una nación y una identidad mestiza, intercultural, en la que el derecho al ejercicio de las diferencias culturales no constituya una práctica de separatidad, como en el multiculturalismo norteamericano, sino una manera de integrar los componentes de la transculturación, que son y han sido siempre a su vez transculturados. En la realización de esta utopía latinoamericana, vigente para países como México, Guatemala, Bolivia, Ecuador, Perú y Brasil, el aporte de Asturias es imprescindible.
Asturias nunca quiso “dar voz” a los que no tienen voz ni ser él la voz por la que hablen los sin voz, como fue el caso de Neruda. Asturias incorporó lo maya e indígena a su identidad y lo puso en el centro de la identidad guatemalteca, poniendo con ello a todas las culturas de origen precolombino que sobreviven en América Latina en el centro de los proyectos de nación de entonces en adelante. Es una hazaña de ladino transculturado y mestizo, como su testimonio es una hazaña de indígena “maya,” transculturada y mestiza, para Menchú.
La revaloración de Asturias no implica una sobrevaloración de la centralidad ni del canon, ni tampoco una subvaloración de la oralidad subalterna en la constitución de un sujeto nacional intercultural y mestizo, pero sí es -y quiere ser- un arma ideológica en contra de los fundamentalismos subalternos, de suyo demagógicos y que en nada ayudan a la reformulación de la utopía popular. Por eso su comeback resulta tan emocionante como peligroso. En todo caso, como hijo pródigo, Asturias se acerca de nuevo a su pueblo y se reafirma como lo que para Coronel Urtecho era Darío: un “paisano inevitable”.
Dante Liano es doctor en Literatura por la Universidad de Florencia. Como crítico literario ha publicado Dos registros narrativos en Hombres de Maíz (1980), La crítica literaria (1980), Literatura hispanoamericana (1980), La palabra y el sueño. Literatura y sociedad en Guatemala (1984) y Visión crítica de la literatura guatemalteca (1998). En este último, se lee en el prólogo algunas reglas de la crítica literaria y las tendencias y corrientes que utiliza Liano en su obra crítica:
Aunque se trata, prevalentemente, de establecer las relaciones entre literatura y sociedad, he utilizado, cuando me pareció necesario, metodologías de análisis, de la estilística a la semiótica, propias de la crítica literaria moderna. Quizás la lectura se haga menos amena, pero gana, me parece, en profundidad. Espero que la variedad de métodos no le quite coherencia al estudio. El presente trabajo presupone un cierto conocimiento de dicha literatura, el que puede tener una persona que haya cursado estudios secundarios en el país.
Por último, de este grupo de crítico, se encuentra Arturo Arias. Como crítico literario ha publicado: Ideologías, literatura y sociedad durante la revolución guatemalteca 1944-1954 (1979), La identidad de la palabra: narrativa guatemalteca a la luz del nuevo siglo (1997) y Gestos ceremoniales: narrativa centroamericana 1960-1990 (1997). En 2001 publicó la edición crítica de Mulata de tal de Miguel Angel Asturias, y The Rigoberta Menchú Controversy (Minnesota Press, 2000). A continuación se encuentra un texto intitulado Enterrando el mito del primitivismo, redescubriendo a un autor eminentemente contemporáneo, donde realiza un estudio que da nuevas luces a la obra de Miguel Ángel Asturias:
En El señor presidente, Asturias explota la pequeñez de la patente cursilería de los sentimientos privados y los amplía, elevándolos a un abigarrado plano metafísico más denso, dentro de un gran trabajo estílistico cuya misma estrategia lingüística desprende extraordinaria profundidad. Le sopla así Asturias vida al difícil tema de la dictadura, expandiendo su significación por medio de efectos puramente verbales. Tenemos allí, reducido en esencia, el gran logro de Asturias. Este descubrimiento encontrará su punto más alto en Hombres de maíz (1949) y en Mulata de tal (1963). A partir de la construcción de estas catedrales de palabras elabora ese gran edificio estético que abre la imaginación de la sociedad a la idea de su abyección. Si en El señor presidente Asturias se queda corto, al terminar dándonos una visión fundamentalmente conservadora y, hasta cierto punto, tradicionalmente católica del deseo, la sexualidad, las relaciones de género, y la capacidad de gestión del sujeto, en los textos posteriores – Hombres de maíz y Mulata de tal – superará claramente tales limitaciones, y se adelantará tanto al resto de la producción literaria latinoamericana, que tan singular avance permanecerá desafortunadamente ignorado, e incomprendido. De allí que una crítica mediocre, caduca, y sorprendentemente parroquial en sus pequeños nacionalismos a pesar de su alegada vocacion cosmopolita, continúa hasta la fecha explicando a Asturias – sin leerlo – como un autor eminentemente premoderno, cuando se trata precisamente de lo contrario.
Y para terminar con la lista de críticos literarios guatemaltecos, está un último grupo que son los nacidos a partir de 1960, que aún intentan darse a conocer en el medio nacional. Entre los más representativos están Dante Barrientos Tecún e Isabel Aguilar Umaña. Dante Barrientos Tecún nació en 1963. Es doctor en Letras por la Universidad de Perpignán, Francia. Ha publicado Un espacio cultural excluido: la situación del escritor en Guatemala (Perpigán, Francia, 1991) y Amérique Centrale: étude de la poésie contemporaine: l’horreur et l’espoir (L’Harmattan, París, 1991). Por su parte, Isabel Aguilar Umaña nació en 1971 y es licenciada en letras por la Universidad de San Carlos de Guatemala. Ha publicado Un tributo póstumo a la muerte: biografía de Magdalena Spínola.
A manera de conclusiones, se obtienen las siguientes:
para el surgimiento de la crítica literaria en Guatemala, se necesitó de tres condiciones básicas: una fuerte literatura nacional, una industria editorial y la legitimación de profesionales en la crítica literaria. Por tales razones, se supone que la crítica literaria, como un ejercicio conciente y profesional, no habrá empezado sino hasta principios del siglo XX;
se pueden distinguir dos grupos de críticos literarios: a) quienes por su experiencia como literatos han logrado acumular principios para ejercer la crítica, y b) quienes han estudiado la carrera de letras y han obtenido algún grado académico en las distintas universidades del país y del mundo;
entre los críticos del primer grupo se encuentran: César Brañas, Luis Cardoza y Aragón, Mario Monteforte Toledo, Raúl Leiva, Huberto Alvarado Arellano y Arturo Monterroso.
entre los críticos del segundo grupo, pueden clasificarse en tres grupos:
los nacidos entre 1910 y 1940: Luz Méndez de la Vega, Hugo Cerezo Dardón, Carlos Solórzano, Margarita Carrera, Francisco Albizúrez Palma, Juan Fernando Cifuentes y José Mejía;
los nacidos entre 1940 y 1960: Gustavo Adolfo Wyld Ferraté, Anabella Acevedo Leal, Lucrecia Méndez de Penedo, Aída Toledo, Francisco Solares-Larrave, Ana María Sandoval, Mario Roberto Morales, Dante Liano y Arturo Arias, y
los nacidos después de 1960: Dante Barrientos Tecún e Isabel Aguilar Umaña;
los métodos de crítica literaria más utilizados por los críticos guatemaltecos son: historicista, impresionista, sociológico, estilístico, comparativo, feminista, biográfico, psicoanalista, lingüístico, deconstrucción y semiótica.

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  1. Pavana : A la campana mayor de la Catedral

    “Saludando al Alba”

    La campana desde su campanario
    levanta la mañana, adormilado,
    saludando al alba con un rosario
    y coloca una nube a cada lado.
    Órgano sonoro,
    a Dios da su lloro
    de badajo, a golpe suave, canoro.

    “Figura de bronce”

    Su tañido de rumor sobredorado;
    un ángel hechizó, soberbia estructura
    como jamás hábil orfebre ha creado
    dando además, al bronce una figura.
    La pluma relata
    que piedad dilata,
    su tañido es bronce, el aire es plata.

    “La Chepona”

    Le Chepona su sonido acrisola
    y canta con sentido sentimiento,
    su gon cubre al cielo, la cala, la ola,
    !repicando! pausado movimiento.
    TOM, tilín, tolón….
    A Dios da su son,
    de su falda se entona una canción.

    Rafael Mérida Cruz-Lascano
    guatemalteco

  2. Para visitar el Blog de Rómulo Mar y conocer su nuevo libro: http://letrea.blogspot.com/
    Exelente!!!

  3. beeeeeeeeeeeeeeeeeeeeerrrrrrrrrrrrrrrr

  4. beeeeeeeer sos voz

  5. lo q es no tener na q hacer,,,,,,,,,sin vida social pero ps graciiasssssssss a nosotros los q si nos sirve de muxoooooooooo………….esta muii bn la info

  6. Luis Cardoza y Aragón murió en 1992, no en 1922 como dice el artículo… hay que tener cuidado con este tipo de detalles, sobre todo hoy día que los alumnos toman cualquier documento de internet para sus informes y si el informe está mal… seguimos con la cadena de desinformación.


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